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ANTONIO MACHADO, JUAN GRIS Y LA MASONERÍA1
Por Ricardo Serna
Antonio Machado y Juan Gris. Dos artistas
masones
José Antonio García-Diego
Editorial Castalia
Madrid, 1990
125 páginas
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Ante un título tan sugerente
y curioso como el del presente volumen, la primera impresión
del lector es de sorpresa. Sorpresa por la relación
que se establece desde el principio entre el poeta sevillano
y la Masonería.
La filiación a la Orden del artista
José Victoriano González (Madrid, 1887-
Boulogne sur Seine, 1927), alias Juan Gris -discípulo
de Moreno Carbonero, por cierto- era ya cosa bastante
segura para iniciados en el tema e historiadores, pues
existen pruebas documentales escritas que lo confirman
sin lugar a dudas.
En el caso de Antonio Machado, en cambio,
no parece haberlas, y menos de tipo material.
El libro, publicado cuidadosamente por
la editorial Castalia en edición de bolsillo,
aparece prologado por Pedro Laín Entralgo y se
estructura en dos partes bien definidas: una primera dedicada
al poeta sevillano, y la segunda -algo más breve
en extensión- que gira en torno al dibujante y
pintor madrileño afincado en Francia.
Permítaseme dejar a un lado la
figura de Juan Gris para centrarme -pues me parece mucho
más interesante el asunto- en la historia de Machado
y su posible relación con la Francmasonería.
Digamos, ante todo, que la Masonería
-gran desconocida para muchos- viene definida por don
Francisco Espinar Lafuente como "una alianza universal
basada en la solidaridad humana, que ha continuado los
ritos de las corporaciones de arquitectos de la Edad Media
y que tiene por fin el perfeccionamiento moral del hombre".
(en el Prefacio de su obra Esquema filosófico
de la Masonería, de Ediciones Istmo. Madrid,
1981).
Esencialmente, la definición
es correcta, si bien se podrían añadir algunas
apostillas que terminasen de completarla. Yo añadiría,
por mi parte, que la Masonería es una corporación
fraterna en la que impera un sistema de conducta moral
tendente al dominio de los vicios, pasiones y ambiciones
que oprimen al hombre actual. En definitiva, la Masonería
es, ante todo, un estilo de vida y una norma de conducta.
Por su parte, José
Antonio Ferrer Benimeli (Huesca, 1934), masonólogo
de prestigio internacional, fundador del Centro de
Estudios Históricos de la Masonería española
y autor de buen número de libros y artículos
sobre el tema, ha sido uno de los eruditos que más
ha contribuido al esclarecimiento de la verdad en temas
relacionados con la Masonería. Es de justicia reconocerlo,
y así lo hacemos aquí. A sus obras remitimos
al lector interesado.
José A. García-Diego
basa la tesis del libro en la afirmación de
que Antonio Machado fue masón. Sin embargo, como
queda dicho, no aporta pruebas documentales contrastadas
que verifiquen su idea. Todo se cimenta sobre el testimonio
de don Emilio González López, historiador
coruñés a quien García-Diego conoció
en 1970 en sus funciones docentes como profesor en la
City University de Nueva York.
Don Joaquín Casalduero, a su
vez amigo de don Emilio González, ofreció
la pista del asunto a nuestro autor en torno a 1975. El
26 de octubre de 1957, González había publicado
ya un artículo en la revista neoyorquina El
sol de la fraternidad, en el que decía que
Machado se había iniciado, el año
1930, en la misma logia en la que él se hallaba,
la Mantua de Madrid, perteneciente a la Gran
Logia Española.
Casalduero incluyó el trabajo
de González López en uno suyo, aparecido
en 1964 en Puerto Rico, bajo el título de Machado,
poeta institucionista y masón.
De ser ciertas las declaraciones del
profesor González López -y no tenemos razones
para dudar de ellas- la iniciación masónica
de Antonio Machado habría tenido lugar durante
la estancia del poeta en Segovia, en cuyo instituto profesó
hasta 1931.
Las visitas a Madrid eran muy frecuentes,
debido quizá a la necesidad de asistir a las tenidas
de la logia, que se celebraban -siempre según García-Diego-
"en un hotelito con jardín, en la calle
de Alcalá".
En 1931, el poeta obtiene una cátedra
en el instituto Calderón de Madrid, aunque luego
pasaría a impartir clases en el Cervantes, también
de la capital.
Ciertamente, y a pesar del interés
intrínseco de la cuestión, nada queda claro
científicamente en el libro de José A. García-Diego.
Por otro lado -todo hay que decirlo-
nos parece que los textos han sido redactados con demasiada
familiaridad y poca soltura expresiva.
A pesar de todo, la obra resulta interesante
y amena en conjunto. Gracias a ella podemos conocer algo
mejor el pensamiento y la biografía de dos hombres
valiosos y de dos artistas originales mundialmente reconocidos.
1 Este artículo fue publicado en
Rayuela, suplemento cultural de El Periódico
de Aragón, Zaragoza 12-XII-1991. Se trata de
una reseña crítica acerca de un libro de
José Antonio García-Diego.
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