 |
|
|
|
 |
 |
|
| |
Breve historia de la Francmasonería
en Aragón1
Por Ricardo Serna
Pocas instituciones tendrán
una historia tan extensa y apasionante como la Masonería.
El término Francmasonería -que, por
cierto, debe escribirse con mayúscula porque hace
referencia al nombre propio distintivo de una asociación
de carácter universal y única, aun habiendo
dentro de ella muchas ramas, variantes y obediencias distintas-
procede del francés Franc-maçonnerie.
El apelativo compuesto franc-maçon debe
traducirse en español como libre albañil
o libre constructor, significando que la persona a
la que así se califica está iniciada en
la Orden, goza de libre albedrío y se le considera
arquitecto simbólico de sí mismo y de la
sociedad que le rodea. Pero la denominación de
francmasón aparece por vez primera en la
Inglaterra del siglo XIV. El nombre de free-stone-mason
hacía referencia a los albañiles que
trabajaban magistralmente la piedra de adorno. Esta denominación
la podemos ver plasmada en un Acta del Parlamento que
se fecha en el año veinticinco del reinado de Eduardo
III. La expresión debió abreviarse luego,
dando lugar a la más simple y conocida de freemason.
Dejando de lado los orígenes
gremiales medievales de los antiguos masones operativos,
hay que señalar que en Aragón no se introduce
la moderna Masonería especulativa hasta la llegada
de las tropas napoleónicas, aunque es verdad que
en el siglo XVIII debió existir en Zaragoza una
logia con el nombre distintivo de San Pedro, igual
que en Madrid existió otra con el nombre de San
Juan. De hecho, se tiene constancia de que dos miembros
de dicho taller del Oriente de Zaragoza -Federico Guillermo
de Villanova y un tal "Gracián" o caballero
de Ferrier-, se afiliaron en el Grand Chapitre Général
de la ciudad de París en la Francia prerrevolucionaria
de 1787. Pero no se conocen más datos significativos
que puedan dar pistas veraces de la existencia de una
Masonería organizada y estable en la España
del XVIII.
Es de justicia señalar que el
primer historiador competente que investiga y publica
acerca de la Masonería en tierras de Aragón
es el oscense José Antonio Ferrer Benimeli, al
que debemos un sinnúmero de libros y estudios relativos
a la Orden del compás y la escuadra. Recomendamos
la lectura de su obra La masonería en Aragón,
publicada en Zaragoza a finales de los años setenta
y que hoy es todo un clásico del tema.
A partir de la invasión francesa
en la guerra de la Independencia, se crea en el territorio
español una Masonería bifurcada de doble
iniciativa y dirección: la de los afrancesados
constituida por españoles, reunidos en torno a
la Gran Logia Nacional de España, y por otro lado
las logias de bonapartistas, cuyos miembros eran franceses
en su mayor parte. La logia L'Union Sincère,
conocida también como San Juan de la Unión
Sincera, se funda en Zaragoza en 1813, constituyéndose
oficialmente como tal en su tenida del 7 de enero de dicho
año. La componían militares integrados en
el 70 Regimiento de Infantería de Napoleón.
Este taller, compuesto inicialmente por diez francmasones,
solicitó su constitución oficial al Grande
Oriente de Francia. Entre sus objetivos inmediatos figuraba
el de extender la luz de la razón entre los nativos
de la ciudad y aun de la comarca. En la Biblioteca Nacional
de París hay referencias documentales del establecimiento
de este taller en Zaragoza.
Conocemos perfectamente el cuadro lógico
fundacional de esta logia zaragozana. El primer Venerable
fue el hermano Eustache Viaud, de sesenta y seis años
de edad, Ayudante Mayor de la plaza de Zaragoza; y Jean
Couly, antiguo músico del 81 Regimiento del cuerpo
de Infantería, obtuvo simultánea y excepcionalmente
los empleos de Primer Vigilante y Tesorero. Las edades
de los hermanos de La Unión Sincera estaban
comprendidas entre los veintiuno -la del más joven-
y la edad del Venerable, el mayor de todos.
La evolución bélica de
la contienda hizo que los miembros de la logia tuviesen
que pasar a Olorón, en Francia, vía Jaca.
Fue en Jaca, precisamente, desde donde solicitaron por
segunda vez por carta, al Grande Oriente de Francia, la
expedición de los documentos oficiales de su constitución,
ya que por entonces aún no habían recibido
la confirmación de auspicio.
Pero la guerra y sus avatares hacen
que los hermanos de La Unión Sincera se
diseminen, quedando el taller muy mermado de miembros
fundadores a los dos años escasos de su creación
y primera tenida.
En el último cuadro lógico
de los que disponemos, se observa que el 17 de diciembre
de 1814 era Venerable el maestro francmasón Joseph
Rocquemont, capitán del ejército, y es curioso
observar que también es el mayor en edad: cuarenta
años. Ignoramos si este taller siguió funcionando
mucho tiempo como logia militar en Francia, pero lo cierto
es que una vez que se desplaza de su Oriente saliendo
de territorio español, deja de tener un interés
particular para nosotros, pues pierde por completo su
esencia aragonesa, si es que alguna vez la tuvo de verdad.
|
|
Joya masónica de Pasado Venerable
Maestro
|
|
Desde 1813 hasta 1869,
existe un paréntesis histórico en el que
observamos un claro vacío documental, vacío
que resulta natural si tenemos en cuenta que en 1814 regresa
Fernando VII, se restablece la Inquisición y se
dictan criterios desde el gobierno para arrasar la Masonería.
Como indica Ferrer, el 2 de enero de 1815, el Inquisidor
General Francisco Xavier Mier publicó un edicto
de prohibición de la Orden.
A partir de 1816, el Santo Oficio admite
delaciones y denuncias por pertenencia a la Masonería
y abre algunas diligencias e investigaciones en Zaragoza,
como sucedió en el caso del asturiano Juan Alva
o del andaluz Josef Castañieda, y más tarde
con Josef Venda, Pasqual Benito o Vicente Pomar entre
otros, éste último Marqués de Ariño
y miembro constatado de la logia Beneficencia de Josefina,
en el Oriente de Madrid.
Como es natural, el acontecer político
del país tiene su reflejo en los espejos de Aragón.
Con el regreso de Fernando VII da comienzo la década
absolutista, y en este periodo se va a identificar liberalismo
con masonismo, de tal forma que el 5 de agosto de 1824
se publicó una Real Cédula prohibiendo en
España -y a la vez en sus dominios de ultramar-,
todas las asociaciones de francmasones, comuneros, carbonarios
y demás congregaciones secretas, considerando a
los caballeros francmasones como enemigos del trono y
del altar. En 1833, una vez muerto el rey, cedió
la persecución y se amnistió a los francmasones,
aunque no se eliminó sin embargo la prohibición
oficial de la Orden. El Infante don Francisco de Paula
Borbón es designado Gran Comendador y Gran Maestre.
Su labor efectiva consistió en intentar fundir
el Grande Oriente Nacional y el Supremo Consejo. Así,
entre 1840 y 1845, se formó el Gran Oriente Español,
iniciándose una confusa etapa de reorganización
y moderado progreso.
Durante el último tercio del
siglo XIX, el afán de la Masonería por hilar
y engrandecer su propia historia, llevó a ciertos
masones a buscar -no exentos de romanticismo- ídolos
populares o grandes personajes de la nación que
se hubiesen aproximado a los altares masónicos,
y así nacieron mitos como los del Conde de Aranda,
el Conde de Montijo o incluso el de Amadeo de Saboya,
entre otros. De todos se aseveró que habían
sido grandes iniciados sin ser cierto, o sin tener el
menor indicio documental que lo pruebe. Ferrer Benimeli,
en el capítulo cuarto de su Masonería
en Aragón, ya dejaba sentado que el Conde de
Aranda no fue masón. Y el que suscribe, en el capítulo
veintiocho de Masonería y literatura. La Masonería
en la novela emblemática de Luis Coloma, se
ocupa del caso de Amadeo de Saboya, monarca del que se
ha dicho, también de forma reiterada y gratuita,
que perteneció a la Francmasonería.
Una vez producida la revolución
de septiembre de 1868 y la sucesiva y paulatina transformación
de la sociedad, la Masonería española no
se unifica como hubiera cabido esperar, sino que las logias
se agrupan en diversas Obediencias que enseguida pugnan
entre sí por descollar y dominar el horizonte.
Vemos por un lado el Gran Oriente Nacional de España,
liderado por Ramón María Calatrava como
Gran Maestre, el Gran Oriente Lusitano, el Gran Oriente
de España -con Carlos Celestino Magnan como Gran
Maestre-, la Gran Logia Independiente Española
y hasta un Gran Capítulo Catalán. Lo que
se dice un guirigay considerable. Este ha sido el histórico
problema, irresoluto aún, de los francmasones españoles:
su dispersión y conflictos intestinos.
Decíamos que la Francmasonería
española, una vez reorganizada en diversas obediencias
tras la Gloriosa, en 1868, toma un rumbo confuso. En este
mar proceloso, observamos que surge en Zaragoza la logia
Caballeros de la Noche Nº 68, adscrita al
Gran Oriente Lusitano Unido. Desde 1875, tenemos documentos
que nos hablan de ella, de su existencia y actividades.
Gracias a documentación de archivos masónicos
hallados en Canarias, se pudo estudiar en su día
la historia de esta logia zaragozana.
Este taller, cuya fecha de fundación
se desconoce, debió levantar columnas en torno
al año 1869 o 1870. Por las cartas y testimonios
históricos que los fondos archivísticos
nos han legado, sacamos pronto la conclusión de
que la logia Caballeros de la Noche tuvo un espíritu
combativo antijesuítico muy notorio. No hay que
olvidar que la tensión que se respiraba en el Vaticano
siendo Papa Pío IX, entre 1846 y 1879, era muy
grande, y la Iglesia condenó muchas veces a las
sociedades secretas en general, y a la Francmasonería
en particular, desde sus documentos oficiales. El jesuitismo
es visto por los francmasones españoles de entonces
como una herramienta al servicio del conservadurismo montaraz.
En esta época, y al socaire de las condenas pontificias,
se multiplicaron las publicaciones y libros tendenciosos
contra la Masonería, como por ejemplo la revista
La Virgen del Pilar y los Francmasones, que se
editó curiosamente en Barcelona en el año
1866.
Fue Venerable Maestro de Caballeros
de la Noche Nº 68 Mariano Amoribieta Gascue,
de nombre simbólico Bolívar, empleado de
profesión en su vida profana. El comerciante Ramón
Pueyo Aznar fue Primer Vigilante, usando el simbólico
Lanuza. Gregorio Orensanz Monge, Segundo Vigilante, con
simbólico Séneca, también figura
inscrito como comerciante. Teodoro Merz Silb, Secretario
accidental en 1875 y Tesorero en 1876, de simbólico
Schiller, era relojero de profesión. Del resto
conocemos los nombres, los simbólicos y también
sus grados respectivos. Amoribieta, Gregorio Jordán,
Ramón Pueyo, Antonio Silva, Teodoro Merz, José
Maynón, Ricardo Sierra y el catedrático
Santiago Riesco eran Caballeros Rosacruces; el resto de
los hermanos no tenían grados filosóficos.
A título de curiosidad, es bueno destacar el hecho
de que este taller inicia, como masonas de adopción,
a Filomena Llanes -de nombre simbólico Egeria-,
artista lírica en el mundo profano, y a Ernestina
Palermi Cerroni, con simbólico Amenidad y Candor,
también artista. Predominaban los comerciantes,
empleados, militares y propietarios, seguidos de cerca
por abogados, artistas y viajantes de comercio. También
hubo un periodista, un catedrático, un médico
y un profesor.
En marzo de 1886, la logia Caballeros
de la Noche ya no figura adscrita al Gran Oriente
Lusitano Unido, sino trabajando bajo los auspicios de
la Gran Logia Simbólica Independiente Española,
con el número 33 de orden. Mariano Amoribieta vuelve
a figurar como Venerable del taller en esa fecha, siendo
ésta la cuarta vez que obtiene dicho cargo según
relatan los documentos.
Otra logia que trabajó en Zaragoza
fue Almogávares Nº 10, integrada en
el Grande Oriente Nacional de España. Fue fundada
el 23 de julio de 1888 por Aniceto Giral, Caballero Rosacruz,
quien reabrió este taller en compañía
de seis hermanos más. Esta logia levantó
columnas inicialmente en febrero de 1870, pero al poco
tiempo las abatió, hasta que fue refundada o rehabilitada
en 1888 por Giral. Igual que sucede con los componentes
de Caballeros de la Noche, también conocemos
los nombres, grados, cargos, y datos personales de los
miembros de Almogávares.
En la capital aragonesa se hallaba igualmente
activa la logia Luz y Trabajo Nº 390, dependiente
en un principio del Gran Oriente de España. Parece
que se pudo fundar en 1887 o 1888. Se conocen pocos datos
de su evolución, aunque curiosamente fue el taller
que publicó la revista La Acacia, de la
que fue director Fabián Palasí. Pedro Manero,
Federico Tejero y Agustín Blanchar fueron también
miembros de esta logia, al menos durante algún
tiempo.
De Zaragoza es también otro taller
de nombre distintivo Puerto Rico, que se intentó
levantar y sostener bajo los auspicios del Gran Oriente
Nacional de España. No debió prosperar,
porque no existen documentos ni referencia alguna de sus
actividades.
Entre 1872 y 1882 cuando menos, funcionó en Jaca,
provincia de Huesca, la logia Pirenaica Central Nº
74. Y en los años ochenta, en Huesca capital,
la logia Lanuza Nº 61. La Pirenaica Central
levantó columnas el 4 de abril de 1872, bajo
el auspicio del Serenísimo Gran Oriente Nacional
de España. Sabemos que en 1882 era Venerable del
taller Fermín Díaz Gómez, de nombre
simbólico Torcuato, quien estuvo además
entre los miembros fundadores del susodicho taller jaqués.
En el diploma de grado 30 que guardan hoy sus descendientes,
es imposible distinguir bien el simbólico. Lo mismo
puede haberse escrito Torenato -así lo publica
Ferrer Benimeli- que Torcuato. Además de este diploma,
se conserva un anillo masónico de Fermín
Díaz, un libro de rituales de primer grado de la
época, las Constituciones del Gran Oriente Nacional,
varios ejemplares del Boletín de la obediencia
y la biblia que la logia Pirenaica Central Nº
74 utilizó en sus tenidas. Dicha biblia -el
ejemplar, por cierto, presenta manchas de cera- fue impresa
en Madrid, en la imprenta de J. Preciado, y data de 1876.
Según testimonio de los familiares
de Fermín Díaz con los que hemos hablado,
Enrique Bayo, nieto de Fermín, recibió el
encargo de arrojar al río Aragón la placa
metálica identificativa de la logia, que debió
estar colocada en la puerta o en el zaguán del
inmueble donde se ubicaba dicho taller jaqués,
cuya dirección oficial estaba en la plaza de la
Constitución -hoy calle de la Catedral- nº
2, segunda planta. Todo el inmueble era propiedad de Fermín
Díaz, y aunque la entrada a la logia se hacía
por la actual calle del Obispo nº 14, el balcón
y ventanas del templo masónico se abrían
a la plaza de la Constitución, sobre los actuales
antiguos soportales.
|
|

Ventanas de la logia Pirenaica Central Nº 74, de
Jaca (Huesca)
|
|
Fermín
Díaz Gómez tuvo un hermano, Manuel, que
también fue miembro de la misma logia en 1873.
Era médico de profesión y vivía en
Tiermas, un pueblo muy próximo al pantano de Yesa.
Fermín Díaz era natural
de Seo de Urgel, en la provincia de Lérida, aunque
desde chiquillo vivió y se educó en la ciudad
pirenaica. En su quehacer profano se dedicó al
comercio de vinos y a otros negocios varios. Al parecer,
obtuvo el grado 31 el día 26 de marzo de 1873.
La logia Pirenaica Central debió languidecer
a partir de los últimos estertores del siglo. En
el cuadro lógico del año 1882, aparece Francisco
Rodríguez Trelles como Primer Vigilante.
Tendríamos que enumerar también
la logia Luz de Fraga Nº 55, el Triángulo
Fraternidad de Zaidín, la logia Sobrarbe,
el Triángulo Conde de Aranda Nº 84 de
Huesca, así como la logia Hijos de Almogávares
Nº 42 de Calatayud, y los Triángulos habidos
en Ateca y Alhama. Y citar, por supuesto, las logias Solidaridad
y La Antorcha Nº 263. De igual forma, merecerían
capítulo especial el devenir de los talleres documentados
en Zaragoza durante la primera mitad del siglo XX, es
decir, la logia Constancia -con dos épocas bien
distintas de funcionamiento-, y la logia Moncayo Nº
50. Aparte, los Triángulos Fermín
Galán, de Barbastro, Floreal de Calatayud,
y el Joaquín Costa de Huesca.
Nos falta tiempo y espacio para hablar
en profundidad de estos núcleos, pero al menos
ya conocemos a grandes rasgos los antecedentes principales
del quehacer masónico aragonés.
De entonces acá, con la guerra
civil por medio y la subsiguiente represión, muchas
han sido las vicisitudes por las que ha pasado esta peculiar
corporación. Sin pretender adentrarnos en la época
trágica de la contienda de 1936, ni tampoco en
la consecutiva y cruenta represalia de posguerra contra
los masones y sus adláteres, sólo aportaremos
unos datos más que significativos al respecto.
En el B.O.E. núm. 62, de 2 de marzo de 1940, se
publicó la famosa Ley de represión de la
Masonería y el Comunismo, que tantos damnificados
produjo desde ese mismo año y en los sucesivos.
La represión de posguerra fue muy dura en todo
el territorio nacional contra los iniciados en la Francmasonería.
Tan cruel como injusta. Se llegó al punto de condenar
por delito masónico a muchas más personas
-miles más- de las que eran masones en realidad,
de forma que cualquier elemento que supusiese la menor
sombra de amenaza contra el nuevo régimen, era
acusado de francmasón y apresado de inmediato.
Muchos de ellos fueron fusilados en las tapias de los
cementerios, o perdieron la vida en las prisiones del
Estado. Fueron años de represión tenaz y
de propaganda antimasónica feroz que todavía
hoy, debido a la desinformación de la gran mayoría,
repercute en la forma de pensar de la sociedad española,
que no es capaz de ver esta institución como lo
que realmente es: una escuela de buenos y solidarios ciudadanos.
La Masonería ha vivido estos
últimos años -desde 1975, sobre todo- una
notable convulsión en España. Y Aragón
refleja con fidelidad, como no podía ser menos,
semejante agitación. Ésta se nota más
si cabe a partir del año 1997. Según cálculos
personales que pensamos bastante fiables, ese año
había en territorio aragonés cinco logias,
con un total de setenta y uno o setenta y dos francmasones
activos. Trabajaban todas ellas en la ciudad de Zaragoza,
sin que hubiese fuera de la capital zaragozana ningún
taller ni triángulo. Las logias Santiago Ramón
y Cajal y Guillén de Montrodón estaban
adscritas entonces a la Gran Logia de España; la
Miguel Servet y Caballeros de la Noche se integraban
en la Gran Logia Federal de España, y la Constancia
trabajaba bajo los auspicios de El Derecho Humano, obediencia
francesa.
Esta situación fue cambiando,
y en la actualidad el panorama se configura de manera
bien distinta: la logia Santiago Ramón y Cajal
sigue adscrita a la Gran Logia de España, pero
no así Guillén de Montrodón,
que tras pasar por el Priorato de Hispania durante un
breve tiempo, permanece independiente en estos momentos.
A la Gran Logia Simbólica Española-Gran
Oriente Español Unido se hallan adscritos hoy por
hoy dos talleres: Miguel Servet Nº 46 y Conde
de Aranda Nº 54, éste nacido precisamente
del seno de Miguel Servet en octubre de 2002 y
alimentado en sus comienzos por hermanos de dicho taller,
a los que posteriormente se fueron uniendo nuevos miembros
desde el mundo profano. A día de hoy -diciembre
de 2008-, la logia Conde de Aranda se halla en
sueños, tras haberse desarrollado un conflicto
interno muy reciente entre algunos miembros activos de
dicho taller y la Gran Logia Simbólica Española,
de resultas del cual fueron irradiados todos los integrantes
de la logia que no hubiesen solicitado su baja o su plancha
de quite con anterioridad a finales de noviembre del susodicho
año 2008. Se trata de un trance que, por su actualidad,
aún mantiene calientes sus brasas.
De la misma obediencia, levantó
igualmente columnas la logia Conocimiento
el 28 de febrero de 2004, aunque no prosperó como
era de esperar debido a un cúmulo de circunstancias
adversas que afectaron a la vida privada de algunos hermanos
integrantes del proyecto.
Papel destacado ha tenido estos años
en Aragón la logia Miguel Servet Nº 46,
tanto por su evolución interna como por las actividades
sociales y culturales que ha desplegado en la capital
aragonesa. Este taller se constituye en 1995 bajo los
auspicios de la Gran Logia de España. En principio
se compone de hermanos masones procedentes de logias de
Zaragoza, principalmente de la Santiago Ramón
y Cajal y de Caballeros de la Noche. La mayor parte
de los francmasones que inicialmente conformaron el taller
procedían de la Gran Logia de España.
En 1997, la logia Miguel Servet solicitó
su incorporación a la Gran Logia Federal de España,
teniendo carta patente desde el 22 de mayo de 1997 con
el número 18. Pero esta obediencia mantenía
su carácter de regularidad tradicional, no aceptando
la iniciación de mujeres en su seno. Y la logia
Miguel Servet decidió de manera soberana,
en octubre de 1998, la incorporación de féminas
en el taller, por lo que éste solicitó afiliación
a la Gran Logia Simbólica Española, obediencia
liberal que sí permitía dichas iniciaciones.
La Gran Logia Simbólica otorga a Miguel Servet
la carta patente provisional el 27 de febrero de 1999,
y la definitiva el 13 de marzo del mismo año. Desde
entonces, Miguel Servet trabaja bajo los auspicios
de la Gran Logia Simbólica Española con
el número 46.
|

Mandil de ritual funerario del siglo XIX
|
|
Años
antes, en octubre de 1997, hermanos de esta logia refundan
la revista La Acacia, editada originariamente entre
1888 y 1892 por la histórica logia Luz y Trabajo.
La presentación de La Acacia tuvo lugar
el 21 de noviembre de 1997, en el salón de actos
de la Biblioteca de Aragón, acto al que asistieron
medio centenar de personas y al que tuve el placer de
acudir. Allí se presentó el primer número
-número cero- de la nueva época. La logia
Miguel Servet gestionó la edición
de dicha revista masónica hasta que la logia Conde
de Aranda le tomó el relevo en dicha labor
a partir de febrero de 2003. Ha sido una publicación
con eco aceptable y suficiente en el ámbito masónico,
y se distribuyó además en el mundo profano
a través de algunas librerías de Zaragoza;
actualmente no se edita ya. Y hablando de publicaciones,
señalaré también que, en enero de
2000, la logia Santiago Ramón y Cajal publicó
el primer número de Revista de Masonería,
de hechura y filosofía similares a las de La
Acacia aunque de difusión restringida.
En 1998, la logia Miguel Servet solicitó
la adscripción en el registro de asociaciones de
la Diputación General de Aragón, hallándose
inscrita oficialmente en el susodicho registro con el
número 01-Z-0517-99 desde enero de 1999.
En 2000, Ascensión Tejerina fue
nombrada Gran Maestra de la Gran Logia Simbólica
Española, siendo la primera dama en lograr un cargo
semejante dentro de una estructura masónica en
nuestro país. Su instalación tuvo lugar
el sábado 17 de junio del año 2000 en la
sala del trono del palacio de los Condes de Sástago,
edificio histórico de Zaragoza que fue mandado
levantar por don Artal de Alagón, tercer Conde
de Sástago, entre 1571 y 1573. En concreto, la
sala donde tuvo lugar el rito de la instalación
había sido decorada por Ricardo Magdalena en 1889,
enriqueciéndose entonces el techo abovedado con
pinturas de varios artistas señalados, entre los
que cabe citar a Unceta, Lasuén, Pallarés
y el propio Magdalena. Con tan especial ocasión,
representantes de la Orden fueron recibidos por el Presidente
de Aragón, Marcelino Iglesias y demás autoridades
autonómicas y locales.
Este taller zaragozano de Miguel
Servet ha iniciado a un buen puñado de féminas
desde que decidiera hacerlo por vez primera en 1998.
De entre las numerosas iniciativas llevadas
a cabo por la logia Miguel Servet para aproximar
la tarea masónica al conocimiento general de la
sociedad, destacaremos el ciclo de conferencias que, patrocinadas
por la Excma. Diputación Provincial de Zaragoza,
tuvieron lugar en la logia del Palacio de Sástago
entre los días 14 y 28 de mayo de 2004. La capital
zaragozana, que siempre ha gozado de una significada tradición
masónica, ya había sido sede, en el año
1990, de una magna y memorable exposición itinerante,
titulada "La Masonería Española, 1728-1939",
impulsada y auspiciada por el Centro de Estudios Históricos
de la Masonería Española, institución
independiente que tan meritorio trabajo de investigación
viene desarrollando desde las atalayas de la Universidad
de Zaragoza, y a la que me honro en pertenecer. El profesor
aragonés Ferrer Benimeli fue su fundador y es su
director en la actualidad.
Entre los años 2000 y 2001, levantaron
columnas en los valles de Zaragoza las logias Fraternidad
Europea, para el grado 4, y Gran Pirineo para
el grado 14, dependientes del Supremo Consejo Masónico
de España de Masonería liberal.
Estimamos que en mayo de 2001 había
en Aragón un centenar de francmasones activos,
de los que una treintena larga se integraban en la logia
Miguel Servet, de gran empuje y vitalidad. Según
las propias estadísticas de la Gran Logia Simbólica
Española, durante el curso 2003-2004, el número
de hermanos activos en Aragón ascendía a
cincuenta y cinco, contando exclusivamente los integrados
en los talleres de dicha obediencia.
Nos consta que los francmasones aragoneses
confían en crecer más en adelante, pues
muchos de ellos señalan y comentan que las condiciones
sociales han mejorado mucho de un tiempo a esta parte,
la comprensión de la sociedad es cada vez mayor
hacia la Francmasonería y la curiosidad y atención
de los medios de comunicación fomentan considerablemente
el interés de muchos profanos que sin duda serán,
a pocos años vista, futuros iniciados.
Todos los que sentimos dentro la llama
de la libertad y el progreso moral, deseamos sin duda
que las cosas sean así mañana. Lástima
que se note en algunos talleres de Aragón, y de
toda España en general, un cierto sentido acomodaticio,
porque esa actitud centrípeta y nada proclive a
la integración natural de la Masonería en
la sociedad de la que proviene -una posición cómoda
para muchos iniciados que se conforman con buscar su construcción
interior-, retrasa considerablemente el proceso de mezcolanza
de la institución dentro del tejido social, un
más que complejo lienzo multicultural que hasta
el momento presente no se ha interesado lo más
mínimo por informarse con imparcialidad de qué
es y qué hace la Francmasonería en el interior
sombrío de sus templos.
A la juventud, por otra parte, le llama
poco la atención el quehacer masónico, seguramente
porque ve la Masonería como una institución
de tradición histórica muy anclada en los
axiomas, algo miope frente al futuro y sin ánimo
real de airear sus salones con la brisa fresca de la transparencia;
la contemplan alejada de su realidad, de su mundo. Y ocurre
además que esta sociedad, en su conjunto, lo ignora
prácticamente todo acerca de la Orden, de sus ritos
y quehaceres. Aunque algo peor que la simple ignorancia
del asunto, es por supuesto el desinterés mismo
por saber y conocer; al común de la gente apenas
le interesa una aproximación al tema, ni siquiera
por ese morbo especial que ofrece el tan traído
y llevado secreto de los masones. La Masonería,
por su parte, tampoco ha sabido ir más allá
ni hacer bien las cosas, debiendo haber salido cauta y
progresivamente del límite de sus talleres para
hacer olvidar a todos ese frío oscurantismo del
que tanto habla su muy dilatada leyenda negra.
Mucho nos tememos que, de seguir las
actuales sendas de inoperancia y desunión, de introversión
y dejadez -que es lo que le faltaba a la Orden para no
resultar atractiva ni siquiera a esa minoría proclive
por carácter o principios-, la Francmasonería
quede relegada en nuestro entorno geográfico, de
aquí a tres o cuatro décadas, a un residuo
testimonial de aquellas pasadas glorias y ensueños
que se disiparon como neblina de amanecer. Hacemos votos
porque esto no quede así, para que la Francmasonería
no termine siendo en nuestra tierra un débil rescoldo
de lo que pudo haber llegado a ser, en otras circunstancias,
un luminoso resplandor.
1 Publicado en la Revista Tiempo de Historia,
lunes 22-XII-2008.
|
| |
|
|
|