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  Breve historia de la Francmasonería en Aragón1


Por Ricardo Serna

   Pocas instituciones tendrán una historia tan extensa y apasionante como la Masonería. El término Francmasonería -que, por cierto, debe escribirse con mayúscula porque hace referencia al nombre propio distintivo de una asociación de carácter universal y única, aun habiendo dentro de ella muchas ramas, variantes y obediencias distintas- procede del francés Franc-maçonnerie. El apelativo compuesto franc-maçon debe traducirse en español como libre albañil o libre constructor, significando que la persona a la que así se califica está iniciada en la Orden, goza de libre albedrío y se le considera arquitecto simbólico de sí mismo y de la sociedad que le rodea. Pero la denominación de francmasón aparece por vez primera en la Inglaterra del siglo XIV. El nombre de free-stone-mason hacía referencia a los albañiles que trabajaban magistralmente la piedra de adorno. Esta denominación la podemos ver plasmada en un Acta del Parlamento que se fecha en el año veinticinco del reinado de Eduardo III. La expresión debió abreviarse luego, dando lugar a la más simple y conocida de freemason.
   Dejando de lado los orígenes gremiales medievales de los antiguos masones operativos, hay que señalar que en Aragón no se introduce la moderna Masonería especulativa hasta la llegada de las tropas napoleónicas, aunque es verdad que en el siglo XVIII debió existir en Zaragoza una logia con el nombre distintivo de San Pedro, igual que en Madrid existió otra con el nombre de San Juan. De hecho, se tiene constancia de que dos miembros de dicho taller del Oriente de Zaragoza -Federico Guillermo de Villanova y un tal "Gracián" o caballero de Ferrier-, se afiliaron en el Grand Chapitre Général de la ciudad de París en la Francia prerrevolucionaria de 1787. Pero no se conocen más datos significativos que puedan dar pistas veraces de la existencia de una Masonería organizada y estable en la España del XVIII.
   Es de justicia señalar que el primer historiador competente que investiga y publica acerca de la Masonería en tierras de Aragón es el oscense José Antonio Ferrer Benimeli, al que debemos un sinnúmero de libros y estudios relativos a la Orden del compás y la escuadra. Recomendamos la lectura de su obra La masonería en Aragón, publicada en Zaragoza a finales de los años setenta y que hoy es todo un clásico del tema.
   A partir de la invasión francesa en la guerra de la Independencia, se crea en el territorio español una Masonería bifurcada de doble iniciativa y dirección: la de los afrancesados constituida por españoles, reunidos en torno a la Gran Logia Nacional de España, y por otro lado las logias de bonapartistas, cuyos miembros eran franceses en su mayor parte. La logia L'Union Sincère, conocida también como San Juan de la Unión Sincera, se funda en Zaragoza en 1813, constituyéndose oficialmente como tal en su tenida del 7 de enero de dicho año. La componían militares integrados en el 70 Regimiento de Infantería de Napoleón. Este taller, compuesto inicialmente por diez francmasones, solicitó su constitución oficial al Grande Oriente de Francia. Entre sus objetivos inmediatos figuraba el de extender la luz de la razón entre los nativos de la ciudad y aun de la comarca. En la Biblioteca Nacional de París hay referencias documentales del establecimiento de este taller en Zaragoza.
   Conocemos perfectamente el cuadro lógico fundacional de esta logia zaragozana. El primer Venerable fue el hermano Eustache Viaud, de sesenta y seis años de edad, Ayudante Mayor de la plaza de Zaragoza; y Jean Couly, antiguo músico del 81 Regimiento del cuerpo de Infantería, obtuvo simultánea y excepcionalmente los empleos de Primer Vigilante y Tesorero. Las edades de los hermanos de La Unión Sincera estaban comprendidas entre los veintiuno -la del más joven- y la edad del Venerable, el mayor de todos.
   La evolución bélica de la contienda hizo que los miembros de la logia tuviesen que pasar a Olorón, en Francia, vía Jaca. Fue en Jaca, precisamente, desde donde solicitaron por segunda vez por carta, al Grande Oriente de Francia, la expedición de los documentos oficiales de su constitución, ya que por entonces aún no habían recibido la confirmación de auspicio.
   Pero la guerra y sus avatares hacen que los hermanos de La Unión Sincera se diseminen, quedando el taller muy mermado de miembros fundadores a los dos años escasos de su creación y primera tenida.
   En el último cuadro lógico de los que disponemos, se observa que el 17 de diciembre de 1814 era Venerable el maestro francmasón Joseph Rocquemont, capitán del ejército, y es curioso observar que también es el mayor en edad: cuarenta años. Ignoramos si este taller siguió funcionando mucho tiempo como logia militar en Francia, pero lo cierto es que una vez que se desplaza de su Oriente saliendo de territorio español, deja de tener un interés particular para nosotros, pues pierde por completo su esencia aragonesa, si es que alguna vez la tuvo de verdad.

 

Joya masónica de Pasado Venerable Maestro

   Desde 1813 hasta 1869, existe un paréntesis histórico en el que observamos un claro vacío documental, vacío que resulta natural si tenemos en cuenta que en 1814 regresa Fernando VII, se restablece la Inquisición y se dictan criterios desde el gobierno para arrasar la Masonería. Como indica Ferrer, el 2 de enero de 1815, el Inquisidor General Francisco Xavier Mier publicó un edicto de prohibición de la Orden.
   A partir de 1816, el Santo Oficio admite delaciones y denuncias por pertenencia a la Masonería y abre algunas diligencias e investigaciones en Zaragoza, como sucedió en el caso del asturiano Juan Alva o del andaluz Josef Castañieda, y más tarde con Josef Venda, Pasqual Benito o Vicente Pomar entre otros, éste último Marqués de Ariño y miembro constatado de la logia Beneficencia de Josefina, en el Oriente de Madrid.
   Como es natural, el acontecer político del país tiene su reflejo en los espejos de Aragón. Con el regreso de Fernando VII da comienzo la década absolutista, y en este periodo se va a identificar liberalismo con masonismo, de tal forma que el 5 de agosto de 1824 se publicó una Real Cédula prohibiendo en España -y a la vez en sus dominios de ultramar-, todas las asociaciones de francmasones, comuneros, carbonarios y demás congregaciones secretas, considerando a los caballeros francmasones como enemigos del trono y del altar. En 1833, una vez muerto el rey, cedió la persecución y se amnistió a los francmasones, aunque no se eliminó sin embargo la prohibición oficial de la Orden. El Infante don Francisco de Paula Borbón es designado Gran Comendador y Gran Maestre. Su labor efectiva consistió en intentar fundir el Grande Oriente Nacional y el Supremo Consejo. Así, entre 1840 y 1845, se formó el Gran Oriente Español, iniciándose una confusa etapa de reorganización y moderado progreso.
   Durante el último tercio del siglo XIX, el afán de la Masonería por hilar y engrandecer su propia historia, llevó a ciertos masones a buscar -no exentos de romanticismo- ídolos populares o grandes personajes de la nación que se hubiesen aproximado a los altares masónicos, y así nacieron mitos como los del Conde de Aranda, el Conde de Montijo o incluso el de Amadeo de Saboya, entre otros. De todos se aseveró que habían sido grandes iniciados sin ser cierto, o sin tener el menor indicio documental que lo pruebe. Ferrer Benimeli, en el capítulo cuarto de su Masonería en Aragón, ya dejaba sentado que el Conde de Aranda no fue masón. Y el que suscribe, en el capítulo veintiocho de Masonería y literatura. La Masonería en la novela emblemática de Luis Coloma, se ocupa del caso de Amadeo de Saboya, monarca del que se ha dicho, también de forma reiterada y gratuita, que perteneció a la Francmasonería.
   Una vez producida la revolución de septiembre de 1868 y la sucesiva y paulatina transformación de la sociedad, la Masonería española no se unifica como hubiera cabido esperar, sino que las logias se agrupan en diversas Obediencias que enseguida pugnan entre sí por descollar y dominar el horizonte. Vemos por un lado el Gran Oriente Nacional de España, liderado por Ramón María Calatrava como Gran Maestre, el Gran Oriente Lusitano, el Gran Oriente de España -con Carlos Celestino Magnan como Gran Maestre-, la Gran Logia Independiente Española y hasta un Gran Capítulo Catalán. Lo que se dice un guirigay considerable. Este ha sido el histórico problema, irresoluto aún, de los francmasones españoles: su dispersión y conflictos intestinos.
   Decíamos que la Francmasonería española, una vez reorganizada en diversas obediencias tras la Gloriosa, en 1868, toma un rumbo confuso. En este mar proceloso, observamos que surge en Zaragoza la logia Caballeros de la Noche Nº 68, adscrita al Gran Oriente Lusitano Unido. Desde 1875, tenemos documentos que nos hablan de ella, de su existencia y actividades. Gracias a documentación de archivos masónicos hallados en Canarias, se pudo estudiar en su día la historia de esta logia zaragozana.
   Este taller, cuya fecha de fundación se desconoce, debió levantar columnas en torno al año 1869 o 1870. Por las cartas y testimonios históricos que los fondos archivísticos nos han legado, sacamos pronto la conclusión de que la logia Caballeros de la Noche tuvo un espíritu combativo antijesuítico muy notorio. No hay que olvidar que la tensión que se respiraba en el Vaticano siendo Papa Pío IX, entre 1846 y 1879, era muy grande, y la Iglesia condenó muchas veces a las sociedades secretas en general, y a la Francmasonería en particular, desde sus documentos oficiales. El jesuitismo es visto por los francmasones españoles de entonces como una herramienta al servicio del conservadurismo montaraz. En esta época, y al socaire de las condenas pontificias, se multiplicaron las publicaciones y libros tendenciosos contra la Masonería, como por ejemplo la revista La Virgen del Pilar y los Francmasones, que se editó curiosamente en Barcelona en el año 1866.
   Fue Venerable Maestro de Caballeros de la Noche Nº 68 Mariano Amoribieta Gascue, de nombre simbólico Bolívar, empleado de profesión en su vida profana. El comerciante Ramón Pueyo Aznar fue Primer Vigilante, usando el simbólico Lanuza. Gregorio Orensanz Monge, Segundo Vigilante, con simbólico Séneca, también figura inscrito como comerciante. Teodoro Merz Silb, Secretario accidental en 1875 y Tesorero en 1876, de simbólico Schiller, era relojero de profesión. Del resto conocemos los nombres, los simbólicos y también sus grados respectivos. Amoribieta, Gregorio Jordán, Ramón Pueyo, Antonio Silva, Teodoro Merz, José Maynón, Ricardo Sierra y el catedrático Santiago Riesco eran Caballeros Rosacruces; el resto de los hermanos no tenían grados filosóficos. A título de curiosidad, es bueno destacar el hecho de que este taller inicia, como masonas de adopción, a Filomena Llanes -de nombre simbólico Egeria-, artista lírica en el mundo profano, y a Ernestina Palermi Cerroni, con simbólico Amenidad y Candor, también artista. Predominaban los comerciantes, empleados, militares y propietarios, seguidos de cerca por abogados, artistas y viajantes de comercio. También hubo un periodista, un catedrático, un médico y un profesor.
   En marzo de 1886, la logia Caballeros de la Noche ya no figura adscrita al Gran Oriente Lusitano Unido, sino trabajando bajo los auspicios de la Gran Logia Simbólica Independiente Española, con el número 33 de orden. Mariano Amoribieta vuelve a figurar como Venerable del taller en esa fecha, siendo ésta la cuarta vez que obtiene dicho cargo según relatan los documentos.
   Otra logia que trabajó en Zaragoza fue Almogávares Nº 10, integrada en el Grande Oriente Nacional de España. Fue fundada el 23 de julio de 1888 por Aniceto Giral, Caballero Rosacruz, quien reabrió este taller en compañía de seis hermanos más. Esta logia levantó columnas inicialmente en febrero de 1870, pero al poco tiempo las abatió, hasta que fue refundada o rehabilitada en 1888 por Giral. Igual que sucede con los componentes de Caballeros de la Noche, también conocemos los nombres, grados, cargos, y datos personales de los miembros de Almogávares.
   En la capital aragonesa se hallaba igualmente activa la logia Luz y Trabajo Nº 390, dependiente en un principio del Gran Oriente de España. Parece que se pudo fundar en 1887 o 1888. Se conocen pocos datos de su evolución, aunque curiosamente fue el taller que publicó la revista La Acacia, de la que fue director Fabián Palasí. Pedro Manero, Federico Tejero y Agustín Blanchar fueron también miembros de esta logia, al menos durante algún tiempo.
   De Zaragoza es también otro taller de nombre distintivo Puerto Rico, que se intentó levantar y sostener bajo los auspicios del Gran Oriente Nacional de España. No debió prosperar, porque no existen documentos ni referencia alguna de sus actividades.
Entre 1872 y 1882 cuando menos, funcionó en Jaca, provincia de Huesca, la logia Pirenaica Central Nº 74. Y en los años ochenta, en Huesca capital, la logia Lanuza Nº 61. La Pirenaica Central levantó columnas el 4 de abril de 1872, bajo el auspicio del Serenísimo Gran Oriente Nacional de España. Sabemos que en 1882 era Venerable del taller Fermín Díaz Gómez, de nombre simbólico Torcuato, quien estuvo además entre los miembros fundadores del susodicho taller jaqués. En el diploma de grado 30 que guardan hoy sus descendientes, es imposible distinguir bien el simbólico. Lo mismo puede haberse escrito Torenato -así lo publica Ferrer Benimeli- que Torcuato. Además de este diploma, se conserva un anillo masónico de Fermín Díaz, un libro de rituales de primer grado de la época, las Constituciones del Gran Oriente Nacional, varios ejemplares del Boletín de la obediencia y la biblia que la logia Pirenaica Central Nº 74 utilizó en sus tenidas. Dicha biblia -el ejemplar, por cierto, presenta manchas de cera- fue impresa en Madrid, en la imprenta de J. Preciado, y data de 1876.
   Según testimonio de los familiares de Fermín Díaz con los que hemos hablado, Enrique Bayo, nieto de Fermín, recibió el encargo de arrojar al río Aragón la placa metálica identificativa de la logia, que debió estar colocada en la puerta o en el zaguán del inmueble donde se ubicaba dicho taller jaqués, cuya dirección oficial estaba en la plaza de la Constitución -hoy calle de la Catedral- nº 2, segunda planta. Todo el inmueble era propiedad de Fermín Díaz, y aunque la entrada a la logia se hacía por la actual calle del Obispo nº 14, el balcón y ventanas del templo masónico se abrían a la plaza de la Constitución, sobre los actuales antiguos soportales.



Ventanas de la logia Pirenaica Central Nº 74, de Jaca (Huesca)

   Fermín Díaz Gómez tuvo un hermano, Manuel, que también fue miembro de la misma logia en 1873. Era médico de profesión y vivía en Tiermas, un pueblo muy próximo al pantano de Yesa.
   Fermín Díaz era natural de Seo de Urgel, en la provincia de Lérida, aunque desde chiquillo vivió y se educó en la ciudad pirenaica. En su quehacer profano se dedicó al comercio de vinos y a otros negocios varios. Al parecer, obtuvo el grado 31 el día 26 de marzo de 1873. La logia Pirenaica Central debió languidecer a partir de los últimos estertores del siglo. En el cuadro lógico del año 1882, aparece Francisco Rodríguez Trelles como Primer Vigilante.
   Tendríamos que enumerar también la logia Luz de Fraga Nº 55, el Triángulo Fraternidad de Zaidín, la logia Sobrarbe, el Triángulo Conde de Aranda Nº 84 de Huesca, así como la logia Hijos de Almogávares Nº 42 de Calatayud, y los Triángulos habidos en Ateca y Alhama. Y citar, por supuesto, las logias Solidaridad y La Antorcha Nº 263. De igual forma, merecerían capítulo especial el devenir de los talleres documentados en Zaragoza durante la primera mitad del siglo XX, es decir, la logia Constancia -con dos épocas bien distintas de funcionamiento-, y la logia Moncayo Nº 50. Aparte, los Triángulos Fermín Galán, de Barbastro, Floreal de Calatayud, y el Joaquín Costa de Huesca.
   Nos falta tiempo y espacio para hablar en profundidad de estos núcleos, pero al menos ya conocemos a grandes rasgos los antecedentes principales del quehacer masónico aragonés.
   De entonces acá, con la guerra civil por medio y la subsiguiente represión, muchas han sido las vicisitudes por las que ha pasado esta peculiar corporación. Sin pretender adentrarnos en la época trágica de la contienda de 1936, ni tampoco en la consecutiva y cruenta represalia de posguerra contra los masones y sus adláteres, sólo aportaremos unos datos más que significativos al respecto. En el B.O.E. núm. 62, de 2 de marzo de 1940, se publicó la famosa Ley de represión de la Masonería y el Comunismo, que tantos damnificados produjo desde ese mismo año y en los sucesivos. La represión de posguerra fue muy dura en todo el territorio nacional contra los iniciados en la Francmasonería. Tan cruel como injusta. Se llegó al punto de condenar por delito masónico a muchas más personas -miles más- de las que eran masones en realidad, de forma que cualquier elemento que supusiese la menor sombra de amenaza contra el nuevo régimen, era acusado de francmasón y apresado de inmediato. Muchos de ellos fueron fusilados en las tapias de los cementerios, o perdieron la vida en las prisiones del Estado. Fueron años de represión tenaz y de propaganda antimasónica feroz que todavía hoy, debido a la desinformación de la gran mayoría, repercute en la forma de pensar de la sociedad española, que no es capaz de ver esta institución como lo que realmente es: una escuela de buenos y solidarios ciudadanos.
   La Masonería ha vivido estos últimos años -desde 1975, sobre todo- una notable convulsión en España. Y Aragón refleja con fidelidad, como no podía ser menos, semejante agitación. Ésta se nota más si cabe a partir del año 1997. Según cálculos personales que pensamos bastante fiables, ese año había en territorio aragonés cinco logias, con un total de setenta y uno o setenta y dos francmasones activos. Trabajaban todas ellas en la ciudad de Zaragoza, sin que hubiese fuera de la capital zaragozana ningún taller ni triángulo. Las logias Santiago Ramón y Cajal y Guillén de Montrodón estaban adscritas entonces a la Gran Logia de España; la Miguel Servet y Caballeros de la Noche se integraban en la Gran Logia Federal de España, y la Constancia trabajaba bajo los auspicios de El Derecho Humano, obediencia francesa.
   Esta situación fue cambiando, y en la actualidad el panorama se configura de manera bien distinta: la logia Santiago Ramón y Cajal sigue adscrita a la Gran Logia de España, pero no así Guillén de Montrodón, que tras pasar por el Priorato de Hispania durante un breve tiempo, permanece independiente en estos momentos. A la Gran Logia Simbólica Española-Gran Oriente Español Unido se hallan adscritos hoy por hoy dos talleres: Miguel Servet Nº 46 y Conde de Aranda Nº 54, éste nacido precisamente del seno de Miguel Servet en octubre de 2002 y alimentado en sus comienzos por hermanos de dicho taller, a los que posteriormente se fueron uniendo nuevos miembros desde el mundo profano. A día de hoy -diciembre de 2008-, la logia Conde de Aranda se halla en sueños, tras haberse desarrollado un conflicto interno muy reciente entre algunos miembros activos de dicho taller y la Gran Logia Simbólica Española, de resultas del cual fueron irradiados todos los integrantes de la logia que no hubiesen solicitado su baja o su plancha de quite con anterioridad a finales de noviembre del susodicho año 2008. Se trata de un trance que, por su actualidad, aún mantiene calientes sus brasas.
   De la misma obediencia, levantó igualmente columnas la logia Conocimiento el 28 de febrero de 2004, aunque no prosperó como era de esperar debido a un cúmulo de circunstancias adversas que afectaron a la vida privada de algunos hermanos integrantes del proyecto.
   Papel destacado ha tenido estos años en Aragón la logia Miguel Servet Nº 46, tanto por su evolución interna como por las actividades sociales y culturales que ha desplegado en la capital aragonesa. Este taller se constituye en 1995 bajo los auspicios de la Gran Logia de España. En principio se compone de hermanos masones procedentes de logias de Zaragoza, principalmente de la Santiago Ramón y Cajal y de Caballeros de la Noche. La mayor parte de los francmasones que inicialmente conformaron el taller procedían de la Gran Logia de España.
   En 1997, la logia Miguel Servet solicitó su incorporación a la Gran Logia Federal de España, teniendo carta patente desde el 22 de mayo de 1997 con el número 18. Pero esta obediencia mantenía su carácter de regularidad tradicional, no aceptando la iniciación de mujeres en su seno. Y la logia Miguel Servet decidió de manera soberana, en octubre de 1998, la incorporación de féminas en el taller, por lo que éste solicitó afiliación a la Gran Logia Simbólica Española, obediencia liberal que sí permitía dichas iniciaciones. La Gran Logia Simbólica otorga a Miguel Servet la carta patente provisional el 27 de febrero de 1999, y la definitiva el 13 de marzo del mismo año. Desde entonces, Miguel Servet trabaja bajo los auspicios de la Gran Logia Simbólica Española con el número 46.




Mandil de ritual funerario del siglo XIX

   Años antes, en octubre de 1997, hermanos de esta logia refundan la revista La Acacia, editada originariamente entre 1888 y 1892 por la histórica logia Luz y Trabajo. La presentación de La Acacia tuvo lugar el 21 de noviembre de 1997, en el salón de actos de la Biblioteca de Aragón, acto al que asistieron medio centenar de personas y al que tuve el placer de acudir. Allí se presentó el primer número -número cero- de la nueva época. La logia Miguel Servet gestionó la edición de dicha revista masónica hasta que la logia Conde de Aranda le tomó el relevo en dicha labor a partir de febrero de 2003. Ha sido una publicación con eco aceptable y suficiente en el ámbito masónico, y se distribuyó además en el mundo profano a través de algunas librerías de Zaragoza; actualmente no se edita ya. Y hablando de publicaciones, señalaré también que, en enero de 2000, la logia Santiago Ramón y Cajal publicó el primer número de Revista de Masonería, de hechura y filosofía similares a las de La Acacia aunque de difusión restringida.
   En 1998, la logia Miguel Servet solicitó la adscripción en el registro de asociaciones de la Diputación General de Aragón, hallándose inscrita oficialmente en el susodicho registro con el número 01-Z-0517-99 desde enero de 1999.
   En 2000, Ascensión Tejerina fue nombrada Gran Maestra de la Gran Logia Simbólica Española, siendo la primera dama en lograr un cargo semejante dentro de una estructura masónica en nuestro país. Su instalación tuvo lugar el sábado 17 de junio del año 2000 en la sala del trono del palacio de los Condes de Sástago, edificio histórico de Zaragoza que fue mandado levantar por don Artal de Alagón, tercer Conde de Sástago, entre 1571 y 1573. En concreto, la sala donde tuvo lugar el rito de la instalación había sido decorada por Ricardo Magdalena en 1889, enriqueciéndose entonces el techo abovedado con pinturas de varios artistas señalados, entre los que cabe citar a Unceta, Lasuén, Pallarés y el propio Magdalena. Con tan especial ocasión, representantes de la Orden fueron recibidos por el Presidente de Aragón, Marcelino Iglesias y demás autoridades autonómicas y locales.
   Este taller zaragozano de Miguel Servet ha iniciado a un buen puñado de féminas desde que decidiera hacerlo por vez primera en 1998.
   De entre las numerosas iniciativas llevadas a cabo por la logia Miguel Servet para aproximar la tarea masónica al conocimiento general de la sociedad, destacaremos el ciclo de conferencias que, patrocinadas por la Excma. Diputación Provincial de Zaragoza, tuvieron lugar en la logia del Palacio de Sástago entre los días 14 y 28 de mayo de 2004. La capital zaragozana, que siempre ha gozado de una significada tradición masónica, ya había sido sede, en el año 1990, de una magna y memorable exposición itinerante, titulada "La Masonería Española, 1728-1939", impulsada y auspiciada por el Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española, institución independiente que tan meritorio trabajo de investigación viene desarrollando desde las atalayas de la Universidad de Zaragoza, y a la que me honro en pertenecer. El profesor aragonés Ferrer Benimeli fue su fundador y es su director en la actualidad.
   Entre los años 2000 y 2001, levantaron columnas en los valles de Zaragoza las logias Fraternidad Europea, para el grado 4, y Gran Pirineo para el grado 14, dependientes del Supremo Consejo Masónico de España de Masonería liberal.
   Estimamos que en mayo de 2001 había en Aragón un centenar de francmasones activos, de los que una treintena larga se integraban en la logia Miguel Servet, de gran empuje y vitalidad. Según las propias estadísticas de la Gran Logia Simbólica Española, durante el curso 2003-2004, el número de hermanos activos en Aragón ascendía a cincuenta y cinco, contando exclusivamente los integrados en los talleres de dicha obediencia.
   Nos consta que los francmasones aragoneses confían en crecer más en adelante, pues muchos de ellos señalan y comentan que las condiciones sociales han mejorado mucho de un tiempo a esta parte, la comprensión de la sociedad es cada vez mayor hacia la Francmasonería y la curiosidad y atención de los medios de comunicación fomentan considerablemente el interés de muchos profanos que sin duda serán, a pocos años vista, futuros iniciados.
   Todos los que sentimos dentro la llama de la libertad y el progreso moral, deseamos sin duda que las cosas sean así mañana. Lástima que se note en algunos talleres de Aragón, y de toda España en general, un cierto sentido acomodaticio, porque esa actitud centrípeta y nada proclive a la integración natural de la Masonería en la sociedad de la que proviene -una posición cómoda para muchos iniciados que se conforman con buscar su construcción interior-, retrasa considerablemente el proceso de mezcolanza de la institución dentro del tejido social, un más que complejo lienzo multicultural que hasta el momento presente no se ha interesado lo más mínimo por informarse con imparcialidad de qué es y qué hace la Francmasonería en el interior sombrío de sus templos.
   A la juventud, por otra parte, le llama poco la atención el quehacer masónico, seguramente porque ve la Masonería como una institución de tradición histórica muy anclada en los axiomas, algo miope frente al futuro y sin ánimo real de airear sus salones con la brisa fresca de la transparencia; la contemplan alejada de su realidad, de su mundo. Y ocurre además que esta sociedad, en su conjunto, lo ignora prácticamente todo acerca de la Orden, de sus ritos y quehaceres. Aunque algo peor que la simple ignorancia del asunto, es por supuesto el desinterés mismo por saber y conocer; al común de la gente apenas le interesa una aproximación al tema, ni siquiera por ese morbo especial que ofrece el tan traído y llevado secreto de los masones. La Masonería, por su parte, tampoco ha sabido ir más allá ni hacer bien las cosas, debiendo haber salido cauta y progresivamente del límite de sus talleres para hacer olvidar a todos ese frío oscurantismo del que tanto habla su muy dilatada leyenda negra.
   Mucho nos tememos que, de seguir las actuales sendas de inoperancia y desunión, de introversión y dejadez -que es lo que le faltaba a la Orden para no resultar atractiva ni siquiera a esa minoría proclive por carácter o principios-, la Francmasonería quede relegada en nuestro entorno geográfico, de aquí a tres o cuatro décadas, a un residuo testimonial de aquellas pasadas glorias y ensueños que se disiparon como neblina de amanecer. Hacemos votos porque esto no quede así, para que la Francmasonería no termine siendo en nuestra tierra un débil rescoldo de lo que pudo haber llegado a ser, en otras circunstancias, un luminoso resplandor.

 

1 Publicado en la Revista Tiempo de Historia, lunes 22-XII-2008.