ESENCIA Y PENSAMIENTO. UNA FILOSOFÍA MASÓNICA1


Por Ricardo Serna


El pensamiento masónico. Una sabiduría para Occidente
Jean Mourgues
Kompás Ediciones
Madrid, 1997
359 páginas

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   La lectura de esta obra nos dará que pensar. Y es que a veces, cuando uno reflexiona acerca de lo que es, de lo que siente en el fondo de sus entrañas en relación con las cosas superiores de la vida, o acerca de cómo quisiera desarrollar uno su existencia en adelante, la filosofía se vuelve cercana y se nos antoja cosa de andar por casa. Este libro es un ejemplo de cómo la enunciación y desarrollo teórico de unos determinados principios filosóficos, puede resultar grato al lector medianamente formado. En este caso, El pensamiento masónico nos habla de las esencias filosóficas de la Francmasonería. Y nos habla de ello con llaneza formal, sin demasiadas florituras ni cabriolas eruditas. Aunque, eso sí, quizá con una extensión innecesaria que diluye en ciertos capítulos la idea principal. El pensador intenta clarificar las líneas esenciales de la filosofía masónica exponiendo para ello los principios y actitudes que iluminan teóricamente la praxis del buen francmasón. Quizá el autor, en su justo afán por aclarar conceptos, se pierda un poco en el laberinto de su propio discurso, dejando el mensaje sustancial levemente difuso.
   Jean Mourges repasa en este volumen, publicado en primera edición el año 1988 por Presses Universitaires de France, la identidad masónica, y define a su manera el sentido de la logia, de la iniciación, el significado filosófico de los símbolos, las claves del llamado secreto masónico y los principios que rigen el ser y las formas de todo aquel individuo que es recibido francmasón. Lo más interesante, teniendo en cuenta el título de la entrega, lo constituyen desde mi punto de vista los últimos capítulos, donde se glosan los grandes conceptos filosóficos y las cuestiones de mayor peso, como la moral masónica, la caridad, la trascendencia, la idea de Dios en el hombre, la libertad humana, la grandeza y miseria de la religión o el orden del mundo. Casi nada lo del ojo. Y todo esto, en dieciséis capítulos repletos de reflexiones, donde el autor se interroga una y otra vez sobre tan sesudas cuestiones. No recomendaría el libro al lector impaciente, es decir, al mal lector. Ni tampoco a los que, de un plumazo, acostumbran a leer hojeando por encima volúmenes de mil y una materias distintas sin recibir mensajes positivos a cambio de sus prisas. Al bueno sí, porque el buen lector es -o se supone que ha de serlo- una persona tranquila que sabe sopesar la importancia de las palabras.
   La obra, que salió al mercado en una digna edición de pequeño formato, enseña sobre todo la importancia que tiene para el hombre, francmasón o no, pensar sobre sí mismo y sobre los principios esenciales que mueven nuestro ser a lo largo de la vida. Un libro -ya se sabe- siempre aprovecha.

 

1 Publicado en la revista La Acacia, Nueva época, Nº 9, Zaragoza, octubre 2000, p. 8.