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LA LUZ MASÓNICA EN TIERRAS
DE ANDALUCÍA1
Por Ricardo Serna
La Francmasonería andaluza tiene
a sus espaldas una fascinante y fecunda historia. Una
historia larga entretejida hoy con la fidelidad que ofrece
siempre la luz de la investigación seria y constante
de esta institución, tan seductora y peculiar como
mal conocida en general.
La Masonería ha dejado su seña
de identidad en la tierra noble del olivo y el esfuerzo,
del llanto y la poesía. Y como viene sucediendo
desde hace décadas en otros lugares de España,
también los andaluces han comprendido que la Masonería
tiene por derecho un lugar propio en el devenir histórico
de la Comunidad autónoma, y que su herencia filosófica
y operativa pasada se mantiene hoy en la entraña
de ciertos hombres que pueblan su geografía toda
y la hacen prosperar a diario.
Desde algunos centros de acción
cultural, y muy especialmente desde las universidades,
se ha venido estudiando la Masonería y su expansión
por las diversas regiones y comarcas andaluzas desde que
se celebrara en Zaragoza, allá por el año
de 1983, el primer Symposium de Metodología Aplicada
a la Historia de la Masonería Española.
Así han ido surgiendo desde entonces, a lo largo
de los veinte últimos años, obras de tanto
interés, envergadura y trascendencia como las tituladas
La Masonería en Córdoba, de Francisco
Moreno y Juan Ortiz; La Masonería gaditana,
de José María García León;
La Masonería en Huelva y provincia en el último
tercio del siglo XIX, magnífico estudio del
profesor y amigo Eduardo Enríquez del Árbol;
Aproximación a un mito: Masonería y política
en la Sevilla del siglo XX, debida a la pluma de Leandro
Álvarez Rey; y la más reciente, del profesor
Francisco López Casimiro, Masones en Granada,
entre otras2.
Este progreso en el conocimiento de
lo que de verdad ha sido la historia de la Masonería
andaluza desplaza mitos anteriores, anula leyendas viejas
sin sentido que han dañado tradicional y notablemente
la institución y, por ende, alumbran capítulos
enteros de historia española cubiertos desde antiguo
por el velo engañoso de la mera intuición.
Todas estas obras, fruto de muchas horas
de completa dedicación a la tarea investigadora,
abordan el asunto masónico de manera local o regional,
pero en todos los casos con un criterio de imparcialidad
verdaderamente saludable que invita con firmeza a una
serena y confiada aproximación.
Andalucía ha estado, y sigue
estando, muy vinculada a esa historia masónica.
Baste recordar aquí las logias decimonónicas
gaditanas La Doble Alianza, de 1807, o Los Verdaderos
Amigos Reunidos, de 1812.
El primero de los historiadores contemporáneos
que escribió con auténtica seriedad sobre
el tema andaluz, que yo recuerde ahora, fue el profesor
aragonés Ferrer Benimeli, fundador y actual director
del Centro de Estudios Históricos de la Masonería
Española, historiador al que nunca se agradecerá
bastante su denodado esfuerzo por desenmarañar
la historia real de la Orden del Gran Arquitecto del Universo.
En su obra La Masonería española en el
siglo XVIII abordaba ya, en 1974 nada menos, el tema
de la Masonería andaluza al hablar acerca de la
Inquisición y su relación con la Orden a
propósito de los Edictos de Fe del año 1755
y de las delaciones espontáneas de 1756 ante la
Inquisición de Sevilla3.
En la misma obra, todo un clásico, vuelve al tema
andaluz al hablar de la época del reinado de Carlos
III y estudiar en ese contexto cronológico las
relaciones habidas entre los tribunales de la Inquisición
sevillana y la Masonería. Con posterioridad, y
tras el fallecimiento del general Franco, fueron apareciendo
con timidez en los anaqueles de las librerías algunos
trabajos directamente relacionados con la Francmasonería
andaluza, confeccionados por otros autores y publicados
ya en democracia, con mayores garantías de difusión
tranquila.
Andalucía ha representado para
la Masonería un territorio fértil y despierto,
en cuya tierra dura y grácil a un tiempo fueron
capaces de arraigar los principios esenciales de su filosofía.
Desde la fundación de aquellas primeras logias
del siglo XIX hasta nuestros días, muchas han sido
las vicisitudes por las que han tenido que pasar los masones
andaluces, especialmente a partir de la guerra civil de
1936, fecha en la que, como es bien sabido, se desencadenó
una absurda, ciega e injusta persecución de la
Orden. Muchos masones fueron encarcelados, condenados
y muertos por el mero hecho de haber dado sus nombres
a la Masonería. Hubo zonas en las que se fusiló
sumariamente a un número de presuntos masones mucho
más elevado que el de miembros inscritos en los
cuadros de las logias.
El estudio de la Masonería en
las tierras de Andalucía lo inició antaño
el profesor Gay Armenteros con sus trabajos acerca de
la zona de Jaén4. A éstos
sucedieron luego los antes citados, cubriéndose
de este modo, con paciencia y muchas horas de trabajo,
todos los territorios sureños y aquellos espacios
en blanco donde la duda histórica daba pábulo
a las mil y una imprecisiones e inexactitudes. Ahora,
por fortuna, lo sabemos casi todo de la historia de la
Masonería andaluza, de la evolución de sus
logias, de la composición de las mismas, del número
y ocupación profana de sus miembros, del papel
jugado por cada una en la sociedad de su tiempo y de la
trascendente importancia que la Masonería andaluza
ha tenido, sin duda, en el proceso evolutivo de nuestro
común destino histórico contemporáneo.
Andalucía y la Francmasonería
tienen a menudo puntos de relación tan ineludibles
como atractivos. En el IX Symposium Internacional de Historia
de la Masonería Española, celebrado en octubre
de 2000 en la ciudad de Segovia y organizado por el Centro
de Estudios Históricos de la Masonería Española,
también estuvo presente, como no podía ser
menos, la Masonería andaluza. Fueron presentadas
algunas ponencias relacionadas directa o indirectamente
con la tierra de Andalucía, así como con
célebres francmasones nacidos en el ancho sur y
cuya labor social es bien conocida. Se habló, por
citar unos ejemplos, de la figura del rondeño Fernando
de los Ríos. Leandro Álvarez fue quien abordó
al personaje, señalando que le resulta sorprendente
las escasas referencias que se hacen a la tarea desempeñada
en las logias por el ilustre intelectual y político
socialista. La investigación que dicho autor viene
realizando desde hace algunos años sobre la Masonería
sureña y su imbricación en las pugnas sociales
desde el siglo XIX hasta la guerra civil, le ha permitido
recoger un buen número de datos curiosos y dispersos
acerca de esa relación entre Fernando de los Ríos
y la Orden, relaciones que fueron especialmente intensas
durante los años veinte, desde que en junio de
1925 fuera uno de los fundadores del Triángulo
Alhambra, en unión de otras destacadas figuras
de la Granada de aquellos años, como José
Palanco, Gabriel Bonilla o Virgilio Castilla5.
Diego Martínez Barrio, acerca
del que tuve el gusto de escribir en esta misma publicación6,
fue también aludido en el susodicho simposio. En
el panteón de masones ilustres de nuestro país
hallamos cinco jefes de gobierno: Juan Prim, Manuel Ruiz
Zorrilla, Práxedes Mateo Sagasta, Manuel Azaña
y Diego Martínez Barrio. Los dos últimos,
como sabemos, figuras descollantes de la República.
Por cierto que el sevillano Martínez Barrio alcanzó
el grado de Gran Maestre del Gran Oriente Español.
Acerca de los orígenes de la
Masonería gaditana ha publicado igualmente ponencia,
en este último e importante encuentro de especialistas
al que hacemos referencia, el profesor Enríquez
del Árbol7.
Es preciso recalcar que los conocimientos
que hoy se tienen acerca de la Francmasonería andaluza,
igual que los obtenidos de otras zonas de nuestro país,
han salido a la luz de la historia sin prisas aunque sin
pausas, con el ritmo lento que requieren los trabajos
sobre documentación de archivos, pero sobre todo
con ese cariño inmenso hacia el tema que tan habitual
resulta ver en los masonólogos de nuestras universidades
e instituciones. Masones y profanos quieren y buscan la
imparcialidad, el dato veraz, el esclarecimiento de lo
que han sido las raíces de un presente que la Masonería
española ha de mimar con celo y sana codicia de
prosperidad.
Terminemos pensando por un momento en
los versos de otro ínclito personaje, ciudadano
de bien que a lo mejor pudo ser iniciado francmasón8.
Me refiero, desde luego, al poeta Antonio Machado, quien
en sus elogios a José Ortega y Gasset y a Francisco
Giner de los Ríos escribe de ideales y principios,
de cinceles y martillos, de masones y talleres; en definitiva,
de labores y esperanzas. Que el aceite, sangre y oro de
la tierra andaluza, suavice las dificultades de la empresa.
Y que se alcen columnas por doquier en los valles del
sur para mayor gloria de la libertad de pensamiento.
1 Publicado en la revista
La Acacia, Nueva época, Nº 13, Zaragoza,
febrero 2002, p. 8-9.
2 Véanse MORENO GÓMEZ, Francisco y ORTIZ
VILLALBA, Juan, La Masonería en Córdoba,
Córdoba, Editorial Albolafia, 1985; GARCÍA
LEÓN, José María, La Masonería
gaditana desde sus orígenes hasta 1833. Una
contribución al estudio del liberalismo gaditano,
Cádiz, Quorum Libros Editores, 1993; ENRÍQUEZ
DEL ÁRBOL, Eduardo, La Masonería en Huelva
y provincia en el último tercio del siglo XIX,
Alicante, Excma. Diputación Provincial de Huelva,
1994; ÁLVAREZ REY, Leandro, Aproximación
a un mito: Masonería y política en la Sevilla
del siglo XX, Sevilla, Servicio de Publicaciones del
Ayuntamiento, 1996; LÓPEZ CASIMIRO, Francisco,
Masones en Granada. Último tercio del siglo
XIX, Granada, Comares, 2000.
3 FERRER BENIMELI, José Antonio, La Masonería
española en el siglo XVIII, Madrid, Siglo XXI
Editores, 1974.
4 Véase, por ejemplo, GAY ARMENTEROS, Juan C.,
"Bases sociales de la Masonería española:
Jaén entre 1879-1903", Madrid, Historia 16.
Extra noviembre 1977, pp. 77-85.
5 ÁLVAREZ REY, Leandro, "Fernando de los Ríos
y la Masonería en Granada durante el siglo XX",
en La Masonería española en el 2000.
Una revisión histórica, Actas del IX
Symposium Internacional de Historia de la Masonería
Española, Zaragoza, Gobierno de Aragón,
2001, pp. 317-343.
6 Véase SERNA, Ricardo, "Martínez Barrio,
en Sevilla", Revista La Acacia, Nueva época
Año IV, número 7, Zaragoza, marzo 2000,
p. 8.
7 ENRÍQUEZ DEL ÁRBOL, Eduardo, "Un
ejemplo del cosmopolitismo pacifista masónico:
Diego Campos Gómez, de la logia Pirámides
y los orígenes de la Masonería gaditana
del Sexenio", en La Masonería española
en el 2000. Una revisión histórica,
Actas del IX Symposium Internacional de Historia de
la Masonería Española, Zaragoza, Gobierno
de Aragón, 2001, pp.409-424.
8 Véase al respecto SERNA, Ricardo, Masonería
y Literatura. La Masonería en la novela
emblemática de Luis Coloma, Madrid, Fundación
Universitaria Española, 1998, p. 33.
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