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La Masonería en Pequeñeces, novela emblemática del jesuita Luis Coloma


Por Ricardo Serna


Preliminares
   Leer Pequeñeces y retroceder un siglo en el tiempo es todo uno. Pocas novelas actuales son capaces de proporcionar a los lectores tan radical sensación de viaje hacia el pasado. Pequeñeces se ha convertido, con el paso de los años, en una novela-mito más que en una simple obra literaria. Mito desde el punto de vista social, pues a través de sus argumentos esenciales se denuncia el despotismo y la insensibilidad de la aristocracia de la segunda mitad del XIX. Y mito, también, desde la óptica de la literatura, pues la obra de Coloma forma parte del entramado que enlaza en España el costumbrismo radical con el realismo puro. Se halla a medio camino entre los dos ismos y bebe a la vez de ambas fuentes, aunque el costumbrismo típico apenas se refleja en sus páginas.
   Luis Coloma empezó a editar Pequeñeces en enero de 1890, aunque la gestación de la novela fue laboriosa1. Los argumentos -y lo digo en plural porque son varios los que se desarrollan de forma paralela, y entre ellos uno tocante a la Masonería- se sitúan en la etapa histórica que damos en llamar Sexenio revolucionario, es decir, desde el destronamiento de Isabel II, pasando por los tiempos de Amadeo I y la República, hasta el reinado de Alfonso XII.
   Vida y obra del escritor se entremezclan en Pequeñeces2, su novela emblemática por excelencia3.
   Resumiendo la estructura de la pieza, vemos que se nos ofrece la etopeya y peripecias de Curra Albonoz, aristócrata y personaje esencial de la obra, quien junto a media docena más de personajes, se convierte en el quicio que hace girar, paso a paso, todo el complejo armazón de los argumentos. Currita Albornoz y Jacobo Téllez-Ponce son los indiscutibles protagonistas. Ella, condesa de Albornoz, esposa infiel de Fernando Villamelón y amante de Jacobo, es una mujer hiperactiva, dominante, sutil, astuta y provocativa. Para lograr sus fines, es capaz de cualquier intriga imaginable, por inmoral o deleznable que éste sea. Su esposo, en cambio, aparece en la novela como el típico varón pusilánime que deja hacer a su mujer al verse imposibilitado para doblegar su indómito carácter. Y Jacobo, diplomático casado años atrás con la marquesa de Sabadell, separado de ella y hombre libertino, se nos muestra como masón. Es el personaje bisagra entre el eje central de los argumentos de salón que protagoniza Curra Albornoz y los argumentos masónicos paralelos cuyo peso sustenta, sobre todo, este personaje.
   En la novela se desarrolla, esencialmente, un eje argumental básico centrado en la vida social de la aristocracia española del Madrid de la segunda mitad del siglo XIX. Sin embargo, y de forma paralela, van naciendo del tronco algunas ramas argumentales que se apoyan y alimentan en la principal y que ascienden y crecen al amparo de su sombra. Una de ellas hace referencia a la Masonería.
   El argumento masónico de la novela se inicia cuando Coloma habla de los motivos que movieron a Jacobo, el amante de Curra Albornoz, para iniciarse en la Orden. Continúa luego con la referencia que se hace de Garibaldi y de las logias italianas, así como con la descripción de los sellos masónicos de lacre estampados en los sobres que contenían documentación secreta de la corte de Víctor Manuel, enviada a la corte española de Amadeo por mediación de Jacobo. Éste, intrigado durante el viaje por el contenido de los sobres, arranca los sellos, los abre y consigue información política de cierta importancia que guarda para sí pensando en aprovecharse de ella en un futuro cercano. Así pues, Jacobo no entrega los sobres a su contacto en España. Hace desaparecer los sellos de lacre al obsequiar con ellos al tío Frasquito, noble segundón amigo suyo, coleccionista de sellos diplomáticos. A éste le desaparecen un día de su álbum, y pasado algún tiempo, Jacobo recibe uno de ellos por correo. Desde ese instante, el marqués teme la venganza de la Masonería por su traición. A la vez, Coloma crea otras vías argumentales que hacen, de la masónica, un soporte mistérico de interés en el desarrollo narrativo.

Coloma, universitario
   El Estudio del padre Hornedo es clave para comprender la peripecia vital y literaria del escritor jerezano4. Coloma vino al mundo en Jerez de la Frontera, el 9 de enero de 1851. En 1858 lo matricularon en el Instituto. Al terminar el bachillerato en 1868, se trasladó a Sevilla para estudiar Derecho5. Los acontecimientos revolucionarios de ese año, con sus graves secuelas, tuvieron que dejar en el joven Coloma una indeleble huella6. La vemos con nitidez en las páginas de Juan Miseria. La situación en la España de fines de 1868 era ciertamente mala, y la confusión reinaba por doquier. Destronada Isabel se constituye, como es sabido, el gobierno provisional presidido por el general Serrano, con Prim en el ministerio de la Guerra. Escribe Coloma en su novela que a Prim -masón- lo asesinan los masones.
   Según la mayor parte de los historiadores, no resulta riguroso hablar de Masonería española consolidada en fechas anteriores a comienzos del XIX7. La auténtica expansión de las logias tendrá lugar en España tras la revolución de 18688. Poquísimas logias, por no decir ninguna, abaten columnas durante este periodo de permisividad y apertura. La política española era un volcán en constante ebullición9. El asesinato de Prim conmocionaba al país. El reinado de Amadeo fue breve y convulso, desembocando el proceso en la abdicación del monarca y la proclamación de la primera República, en febrero de 1873. "El pánico cundió entre las clases altas y medias madrileñas, que abandonaron la ciudad"10
   Uno de los primeros trabajos literarios de Luis Coloma será el relato Todos lloran, perteneciente a este periodo universitario. Entre tanto, consigue terminar sus estudios. Pero a la vez escribe, haciendo, de la afición, oficio11.

Algunos contactos. La Masonería en la literatura y en la vida
   Mucho tiempo invertiría también Coloma en la lectura de libros y periódicos. "La Legitimidad, moderado, con la divisa "Nación católica, Patria y Alfonso XII", se llevaba las simpatías políticas de Coloma"12. Y su actividad política y religiosa también le ocuparían buena porción de tiempo13. Posiblemente fuera durante su primera etapa estudiantil, cuando Coloma tuvo referencias de la Masonería, bien a través de lecturas, bien por medio de conversaciones, chismes de café o relaciones amistosas más directas14.
   1870 supone el momento álgido de la Masonería en España, cuando Manuel Ruiz Zorrilla fue nombrado Gran Maestre de la Gran Logia Simbólica de España. Son momentos de efervescencia política en todo el país y los afiliados a las logias, alcanzan cotas como nunca antes se habían conocido15 . Los cuadros lógicos no cesan de crecer. Ignoramos si Coloma, que el año 1870 contaba con diecinueve años de edad y era estudiante de Derecho en Sevilla, se acercó alguna vez, aunque fuese de puntillas, al fenómeno creciente de la Masonería, ya fuese por simple curiosidad, ya por el afán natural de crecer en experiencia. Si Coloma se acercó o no a la Orden en mayor o menor grado, resulta difícil asegurarlo hoy16.
   La Gran Logia Regional de Andalucía se constituyó el 20 de abril de 188817 en la ciudad de Córdoba, y el 5 de abril de 1891 salió a la luz el primer número del Boletín de la Gran Logia Simbólica Provincial malagueña, así que en todo caso habría que relacionar los hipotéticos contactos de Coloma con la Masonería -si los hubo en realidad- con la ciudad de Madrid18, probablemente, y antes de su llamada jesuítica.
   En julio de 1871, Ruiz Zorrilla es nombrado Presidente del Gobierno, lo que hizo que muchas otras logias se aproximasen al Gran Oriente de España. Sin duda, Ruiz Zorrilla pasaría bajo la bóveda de acero tras el feliz nombramiento19.
   El ambiente literario de los años previos a 1868 parecía un tanto agotado. Al margen de media docena de poetas y autores conocidos -Cañete, Rodríguez Zapata, Fernández Espino y Tubino, sobre todo-, el panorama no era precisamente muy alentador que digamos20. Benito Pérez Galdós (1843-1920) crea un mundo ficticio de enorme interés en sus Episodios Nacionales, definidos a veces como "epopeya cierta de la vida española". Ramón Menéndez Pidal señala que para conocer la vida española -castellana- en el siglo XI, nada mejor que acudir al poema del Cid. Del mismo modo, para entender el siglo XIX y su carácter, nada como asomarse a los escritos de Galdós21.
   Coloma establece contacto con Gómez de Avellaneda22, a quien envía su obrita Contrastes de la vida. Ella le contesta felicitándole por su "ensayo literario"23.
La prensa católica jugó un importante papel en la difusión del quehacer literario de Luis Coloma, en especial El Mensajero, cuya eficaz distribución y gran tirada hizo posible que los escritos de Coloma se popularizasen pronto.
   La relación establecida entre prensa católica y antimasonismo es clara y temprana. "Para estudiar el fenómeno antimasónico que se desencadena en la prensa de los países católicos... debemos hacer referencia a los iniciales enfrentamientos que advienen entre la Masonería y la Iglesia Católica, es decir, retrocediendo a los días de las primeras condenas pontificias"24.

Un extraño incidente. Coloma en política: los documentos secretos
   Coloma consigue ver impreso su primer libro en el mes de abril de 1871. El editor Pérez Dubrull, por influencia de Fernán Caballero, editó Solaces de un estudiante25. Ese mismo año logra publicar Coloma en el folletín de El Tiempo, y poco a poco conquista el ámbito de revistas y prensa diaria.
   Ese mismo año viaja a Madrid y establece contactos literarios y políticos de interés. Al siguiente publicaría varios artículos, entre ellos El día de difuntos26.
   A primeros de octubre de 1872, o días antes, Coloma resulta herido de bala en el pecho, una herida gravísima que a punto está de costarle la vida27.
   El 21 de enero de 1874 solicita la admisión para el examen de licenciado. Hornedo describe los pormenores28.
   Respecto a sus actividades políticas, Pardo Bazán escribe que "se le pasó la flor de sus mocedades metido de cabeza en las intrigas restauradoras, en conjuras aristocráticas"29. "Algo hay de verdad -señala Hornedo- en esta afirmación"30.
   Definir políticamente a Luis Coloma no resulta difícil. Su pensamiento es claramente alfonsino. Respecto a su activismo y militancia, hay un asunto que no quiero pasar por alto. Me refiero a la entrega que hizo él de importantes documentos políticos, sustituyendo a Fernán, al duque de Montpensier31. Hornedo cita los hechos en su Estudio, incluido en la edición que, de las Obras Completas de Coloma, se hizo en 196032. Dado que nuestro autor suele adornar sus argumentos con vivencias propias, quién sabe si ambas imágenes, una literaria y la otra autobiográfica, no mantienen entre sí algún tipo de nexo, relación o parentesco.
   En 1870 asistimos a una efervescencia de la Masonería en España, especialmente en lugares del centro y sur peninsular. Logias aparecen sin cesar. Se sabe que en Cádiz había 28 [en 1871]; en Madrid 113; en Barcelona 86; en Sevilla 4233.
   En este asunto de los documentos secretos, Hornedo se muestra cauto, aunque afirma que, en efecto, "resulta difícil imaginar cuál pudo ser el contenido de aquellos misteriosos documentos, y qué razones pudieron mover a Isabel II para hacerlos llegar con tal urgencia a manos de Montpensier", sobre todo teniendo en cuenta que "el 17 [de abril de 1872] fueron recibidos los Montpensier por Isabel en el palacio Basilewski". Hubo, por tanto, en París, oportunidad holgada para la entrega de documentos pertinentes al acuerdo de Cannes. Volvemos a tener aquí un nexo, sólo hasta cierto punto literario, con la Masonería.
   Por otro lado, Coloma dice en Pequeñeces que Prim fue un masón muerto por masones. Y lo da a entender en dos sitios bien distintos de su libro34. Entrelazando datos, podríamos relacionar al personaje ficticio de Jacobo Téllez con el complot para el asesinato de Prim, cuestión que no plantea dudas, y a la Masonería como instigadora de los hechos en la novela35.
   Hay otro curioso paralelismo entre realidad y literatura. Jacobo Téllez lleva un cartapacio con importantísimos documentos secretos dirigido a su alteza real el duque de Aosta [Amadeo], rey de España, y Coloma es portador de otro cartapacio similar con documentos dirigido a su alteza real el duque de Montpensier. Demasiadas similitudes, muchas coincidencias entre vida y novela, entre ficción literaria y experiencia vital. Y en una densa bruma de fondo, el supuesto largo brazo de la Masonería parece dejar entrever sus veladas influencias de una forma sutil y sugerente.
   Al parecer, tras el encuentro de Luis Coloma con Montpensier, el duque regresó a Francia. Según afirma Hornedo, el "2 de mayo se encontraba ya en la Costa Azul con su hermana Clementina"36.

El registro domiciliario.
   El 28 de abril, la policía hizo un minucioso registro en la habitación en que Coloma se hallaba hospedado, en el 24 de la calle O'Donnell37. Buscaban documentos de cualquier tipo que Montpensier hubiese podido entregar a Coloma, quien protestó por el atropello y alegó que la orden gubernativa no era papel oficial suficiente "si no iba acompañada de otra orden del juez autorizando el registro, según mandaba la Constitución del 69."38. Otra vez vuelven a presentarse coincidencias entre la vida de Coloma y Pequeñeces. En la novela hay una escena en la que se registra el palacio del marqués de Villamelón, esposo de Curra Albornoz. En ese capítulo también exige Currita "el mandato del gobernador, legalizado por el juez, único que, según las leyes vigentes podía autorizar aquel atropello"39. Entre la novela y la vida del escritor vemos muchos puntos de coincidencia. El narrador trasplanta a veces, consciente o inconscientemente, sus propias vivencias a las páginas de su obra, y una vez allí modifica detalles de los hechos reales haciendo uso de su poder de imaginación; pero trabajando, de entrada, con experiencias propias reales. La original escritora aragonesa Soledad Puértolas señala, en un magnífico libro de ensayo, que "vida y literatura son cosas completamente distintas... Es cierto, no se debe confundir la vida con la literatura... Sin embargo, de una forma profunda, es casi para mí imposible deslindar la vida de la literatura. Supongo que es una especie de deformación profesional, pero vivo con la sensación de que todo acaba o puede convertirse en literatura."40 .
   Está claro que Coloma "actuaría como enlace entre el partido alfonsino jerezano -cuya figura más representativa era el marqués de Alboloduy- y Madrid, llevando y, sobre todo, trayendo noticias y consignas, normas e iniciativas..."41.
   Otro aspecto importante en la vida de Coloma fue su vocación jesuítica. Hasta 1874 no piensa seriamente en esta posibilidad. Tenía entonces veintitrés años42. Pudo incidir en su vocación el miedo cristiano a la condenación43 .

La novela como género. El epistolario Coloma-Pereda
   La revista donde comenzó a publicar Coloma sus narraciones fue El Mensajero del Corazón de Jesús44 . Publicó, por ejemplo, dos curiosos artículos: El pensamiento de los jesuitas45, y La encíclica "Humanum Genus", contra las sociedades secretas. La Masonería especulativa fue perseguida y condenada46, no por atentar contra principios cristianos, como sugiere Ricardo de la Cierva47, ni por hacer peligrar el equilibrio de las naciones, sino por su falta de respaldo oficialista y por la esencia iniciática tan peculiar que la Orden hizo tradición desde sus comienzos48.
   La revista El Mensajero era correa de transmisión de otra publicación, La Lectura Dominical, órgano oficial del Apostolado de la prensa. En las últimas décadas del siglo XIX, hubo un público muy concreto fidelísimo a las revistas católicas. Los mismos escritos del jesuita aparecerán publicados, sucesivamente, en El Mensajero, La Semana Católica y La Revista Popular, todas de inspiración cristiana. Por eso, pronto alcanzó su firma gran popularidad. "En el verano de 1885 creo que debe fijarse la composición de Ranoque49 , modelo de cuento que atestigua la madurez del escritor"50 .
   El carteo con Pereda es de mucho interés. El trato epistolar comenzó cuando Coloma le envió, por la Navidad de 1885, algunos cuentos. A Pereda le gustaron y su respuesta halagó al jesuita. En una de esas cartas, Coloma se declara discípulo de Pereda51 . Desde mi punto de vista no fue tal, aunque Coloma se lo dijese al interesado muy cortésmente52.
   La novela, como género literario, no fue bien vista siempre por Coloma, pues en 1884 escribe que "es perjudicial en todas sus manifestaciones. Las novelas -prosigue-, aun las buenas, las verdaderamente morales... fomentan un falso idealismo, contrario a la prosaica realidad". Parece que Coloma ve en la novela algo pecaminoso per se, igualando la novela buena con la novela cristiana moralizante. No tiene en cuenta el valor literario del género.
   De no haber tenido esa rigidez moral propia del jesuitismo decimonónico, Coloma hubiera podido escribir una narrativa moderna, contundente y exenta de moralina innecesaria, digna de compararse con la mejor de cualquier otro escritor de la época. No soy yo el primero en objetar, a la narrativa de Coloma, esa tendenciosidad notoria. Incluso el jesuita Hornedo reconoce su existencia cuando dice que "no hay por qué negarlo", aunque a continuación la justifique aludiendo a la propia de otros autores como Alas, Blasco Ibáñez o Galdós. En Blasco Ibáñez sí que existe, pero apenas se aprecia en Galdós nada equiparable, ni tampoco en Clarín.

Las tertulias. Gestación de Pequeñeces
   Coloma debió tratar el asunto de la Masonería en tertulias de amigos cuando menos, pues el tema de las logias, de las supuestas ceremonias secretas que tenían lugar en sus tenidas y todo un sinfín de presuntas conspiraciones políticas que los masones tramaban, eran rumores que corrían de boca en boca. La política del siglo pasado se hacía, en buena medida, en las tertulias de los cafés, y en especial de los cafés de Madrid. Es el caso de locales tan famosos como el Lorencini, San Sebastián, La Cruz de Malta o el nombradísimo de La Fontana de Oro. La mayor parte, si no todos, están descritos por Galdós en sus obras.
   La tertulia de café o de rebotica fue "en definitiva, fiel reflejo de lo que ocurría en el país y heraldo de sus acontecimientos"53. "En esas tertulias -señala Pere Sánchez- se discutía con libertad de todos los temas, convirtiéndose en núcleos de iniciativas de todo tipo"54. Y en algunas zonas rurales del país, ciertas asociaciones que durante el primer cuarto del siglo empezaron a presentar en apariencia rasgos económicos, bien pudieron tener su origen en otro tipo de asociacionismo de carácter social o político nacido en el siglo XIX. Como señala el profesor Abadía, "es conocida la inclinación y la necesidad que todo ser humano siente de agruparse con sus convecinos para aunar fuerzas y solidarizarse en tareas comunes que le lleven a conseguir los mismos objetivos"55. De esa inclinación nacen las pequeñas tertulias de rebotica, las tertulias urbanas de café -casi todas políticas- y el asociacionismo de ayuda mutua.
   Al margen de los comentarios maliciosos de café en los que se relacionaban los mandiles de la Masonería con supuestas tramas o complots56, daño hicieron, en muchos sentidos, los escritos de Léo Taxil, vividor de educación jesuítica, aventurero y falsario, iniciado en Masonería en 1881.
   Coloma fue un gran conocedor de la aristocracia, que pinta con maestría -a veces con ironía y dureza- en títulos como Un milagro, La Gorriona y Pequeñeces, entre otros. Pequeñeces nació, casi con seguridad, de la insistencia que Pereda hizo a Coloma, durante años, para que escribiese una novela larga. El argumento lo tenía ya meditado a fines del 87, aunque sin terminar de elaborar aún. La idea era firme. Una vez pergeñada a grandes rasgos, pensó primero titularla La samaritana, aunque luego cambiase de opinión.

La importancia de los Episodios Nacionales
   Ignoro si Coloma había leído la obra de Antonio Flores cuando escribió Pequeñeces57. Pero de haberlo hecho, hubiera podido sacar muchas ideas y detalles curiosos de la sociedad del XIX.58. De la obra de Flores es posible deducir, lo mismo que sucede a otros niveles con la de Galdós59, muchos datos relativos a las rutinas y costumbres del Madrid de mediados del XIX, así como de modas, usos de higiene60 y un buen número de otros detalles que ayudan no poco al atinado análisis del periodo vivido por Coloma durante los años de su formación.
   Galdós nos ofrece en sus libros una panorámica completa del siglo XIX español. Y esa veta es preciso aprovecharla. Los Episodios Nacionales61 se ocupan de esta parcela de la historia de España, razón por la que nos parece más que lícito acercarnos a Galdós. Montesinos escribe que Galdós hace costumbrismo de modo magistral62. De ese costumbrismo nos ha dejado páginas vivas dedicadas a la Masonería de su época, incluso a la de otro tiempo que tal vez no llegó a conocer de modo directo, pero de la que, aún así, habla con aparente buena información. Marañón se hacía cruces del tremendo realismo galdosiano63. Salvando las distancias, que las hay, algo parecido sucede con los personajes de Coloma. Hay quien se pregunta la razón de ese interés de Galdós por la Masonería. Es verdad que Galdós estuvo influido por Alcalá Galiano64, y que le unió con José, nieto de Antonio, unos fuertes lazos amistosos. Pero es muy probable que hubiese algo más íntimo en el interés del literato por la Masonería.
   Según aseveración de Shaw que comparto, "a excepción de Blasco Ibáñez y unas pocas figuras menores, la novela española de auténtico análisis y protesta social murió con él"65.

Una mujer, protagonista. Juicios sobre la novela
   De Pequeñeces, Currita Albornoz será el personaje a criticar por excelencia, cúmulo de vicios y liviandades, encarnación de la corrupción por antonomasia, mujer astuta y egoísta. Y sin embargo, al final de la obra, el autor le da un inesperado tinte de humanidad y de sencillez en el que -no nos engañemos- va implícito el sermón y la enseñanza66.
   Se dice de Pequeñeces que es una cruel crítica sectaria, fruto de la oscura propaganda jesuítica67. Otros escriben que se trata de un libelo, de una burla contra los pilares de la sociedad. Y el escándalo aún fue mayor por el retrato que se hace de personajes reales más o menos conocidos. Incluso hay quien va más allá, creyendo adivinar personajes en clave que representan a otros de carne y hueso de la época68.
   Pequeñeces se vendió mejor que bien69. La polémica ejerció una notable propaganda. Por su correspondencia con Pereda70 se deduce que, tras acabar Pequeñeces, Coloma se enfrasca en un estudio biográfico de doña María Manuela Pignatelli de Aragón71.

El misterioso atentado. Final de trayecto
   A principios de agosto de 1893, le sucede a Coloma algo peculiar72. Es víctima de una agresión física en plena calle, de resultas de la cual sale contusionado73. Coloma es testigo de un periodo trascendental, que tendrá su reflejo en la prensa.
   Históricamente, Coloma vive un periodo crítico. En medio de este panorama, la prensa jugará un papel de primer orden. El estudio actual de la historia a través de la prensa me parece importante. Del mismo parecer es J. M. Matés, quien afirma que "la utilización de fuentes hemerográficas en la investigación de los acontecimientos históricos más recientes, es práctica habitual en los historiadores"74.
   La fecha del 2 de enero de 1908 es importante en la biografía del padre Coloma. Su nombre será propuesto para ocupar la vacante de Valentín Gómez en la Real Academia Española de la Lengua. Lo apoyan, entre otros, Antonio Maura y José Echegaray. Y a fin de mes, tras las votaciones favorables, se le comunicó la noticia. Su discurso de ingreso versó sobre El autor de "Fray Gerundio" 75.
   Como era de esperar, la prensa reaccionó de forma variada tras su nombramiento. Y con la ocasión, llovieron de nuevo críticas acerbas contra Pequeñeces. Puck, en El Heraldo madrileño, escribía: "Pequeñeces es un folletín indigesto, antipático, cursi, soporífero".
   En 1911, el corazón le da serios problemas y pierde frescura mental. Pasa largas temporadas en reposo. Y el 10 de junio de 1915, tras una breve agonía, fallece el novelista76.
   Alcalá Galiano escribió que "…sus dotes de narrador, su ingenio, su maestría en el diálogo, la observación de los caracteres y del ambiente social de su época, le otorgan un puesto muy honroso en la novela del siglo XX".

Galería de personajes y argumentos masónicos
   En Pequeñeces aparecen un total de 474 personajes nominados. De ellos, muchos responden a existencia real, es decir, son retratos literaturizados de la sociedad de su tiempo. Los hay de todo tipo y condición. Dado que se trata de una novela, los personajes con más relevancia son, la mayoría, fruto de la invención del autor. Los personajes esenciales me parecen nueve en total. Son los siguientes: Curra Albornoz, Villamelón, Butrón, Jacobo Téllez, marquesa de Sabadell, María Villasís, Diógenes, Frasquito y el P. Cifuentes. Sólo con ellos, la novela podría mantener al menos un sesenta por ciento de su actividad total. Los nueve personajes esenciales suponen el 1,8% del total de nominados. Entre religiosos y sacerdotes, he contabilizado nueve. Y de ellos, al menos cuatro son jesuitas. Los personajes vinculados a la Masonería son siete en total, el 1,4%. Uno de ellos está integrado en el grupo de los esenciales. Son los siguientes: Jacobo Téllez, Manuel Ruiz Zorrilla, Prim, Garibaldi, Francisco Javier Pérez Cueto, el rey Víctor Manuel77, y Cassanello78.
Veamos, de manera resumida, una relación de personajes y argumentos ligados a la Masonería .

Libro Primero80
*Ruiz Zorrilla, Manuel. Personaje histórico. Político. Masón destacado. Gran Maestre honorario del Supremo Consejo de España.
Libro segundo
*Téllez-Ponce Melgarejo, Jacobo81 . Ministro plenipotenciario español en Constantinopla tras el asesinato de Prim. Casado doce años atrás con la marquesa de Sabadell. Iniciado por Garibaldi en las logias de Milán. Con sobrenombre masónico de Hº Byron. Introducido por Prim en el complot inglés contra la corona española82. Acaba muriendo asesinado por los masones. Vicioso, jugador y libertino.
*Prim, Juan. Conde de Reus. Militar y político. Masón asesinado por masones83.
*Pág. 199/535. Motivos de Jacobo Téllez para iniciarse.
*Garibaldi84. Masón destacado.
*Pág. 201/536. Se habla de las logias de Italia.
*Pág. 202/536. Se describen insignias masónicas.
*Vittorio Emmanuele. Monarca italiano85.
*Pág. 205/537-538. La venganza masónica.
*Pág. 206/538. Se habla de los puñales de las logias86.
*Pág. 212/541. Los sellos de lacre.
*Pág. 213/541. Signos masónicos.
*Págs. 251-52-53/558-559. Actuación de Jacobo Téllez.
Libro Tercero
*Págs. 357-358/604-605. Jacobo recibe uno de los sellos.
*Pág. 359/605. Se relaciona a Jacobo con el asesinato de Prim en la calle del Turco de Madrid, fruto de un complot masónico87.
*Pág. 360/606. Jacobo se pregunta si la Masonería le reclama los documentos a él encomendados tiempo atrás.
*Págs. 360-361/606. Jacobo teme a la Masonería.
*Pág. 366/608-609. Jacobo interroga al tío Frasquito, donatario de los sellos masónicos, acerca de si aún los tiene en su poder. Los sellos han desaparecido misteriosamente.
*Pág. 367/609. Jacobo cuenta al tío Frasquito parte del asunto de los masones. Miedo del viejo.
*Pág. 370/610. Una broma postal de Diógenes es tomada por tío Frasquito como amenaza de masones. Jacobo le sigue la corriente y lo deja en la ignorancia por conveniencia.
*Pág. 371/611. Jacobo intenta averiguar quién ha robado los sellos a tío Frasquito. Se convence de que son las logias.
Libro Cuarto
*Pág. 405/625. Desde Italia, Jacobo escribe al viejo Frasquito tranquilizándolo de su miedo hacia los masones.
*Pág. 407/626-627. Jacobo visita a Garibaldi en Caprera. Se disculpa por la pérdida de los antiguos documentos. Garibaldi le ofrece cartas comendaticias para los venerables de España.
*Pág. 408/627. Jacobo cree que ya no corre peligro.
*Págs. 441-442/642. Jacobo, tras ser aceptado por Alfonso XII como Grande de España, recibe por correo el segundo sello.
*Pérez Cueto, Fco. Javier. Fabricante de algodón. Hombre de paja de un gran personaje. Masón destacado de sobrenombre Hº Neptuno. A él van dirigidas las cartas de recomendación escritas por Garibaldi (en esos días ya fallecido), y entregadas a Jacobo en Italia.
*Págs. 443-444/642-643. Jacobo decide excusarse de una vez por todas, a fin de eludir los posibles peligros masónicos. Espera ser nombrado ministro. De ser así, él será quien ría de burlas y amenazas de masones. Escribe a Pérez Cueto.
*Reus, Conde de. Juan Prim. Antiguo íntimo amigo de Jacobo.
*Págs. 444-445/643. Plan de Jacobo para engatusar al Hº Neptuno y probar su inocencia en el caso de los documentos.
*Pág. 447/644. Jacobo ve por las calles de Madrid a dos masones italianos, uno de ellos llamado Cassanello. Se esconde en la iglesia del Carmen, junto a la calle de la Montera88.
*Cassanello. Masón italiano conocido de Jacobo.
*Pág. 448/644. Jacobo vuelve a tener miedo de la Masonería89 .
*Pág. 449/645. Respuesta del Hº Neptuno. Propuesta de cita.
*Pág. 451/646. Extrañeza de Jacobo ante la carta de citación. Burla del ritual de los masones .
*Pág. 455/648. Acude Jacobo a su cita con el Hº Neptuno, pero no llega nadie. Curra lo sigue por celos de dama caprichosa.
*Págs. 456-457/648. Le cuenta a Curra el asunto de los masones y ella se espanta. Se marchan juntos del lugar.
*Págs. 458-459/649. Los masones asesinan a Jacobo cerca del Ministerio de la Guerra, en el centro de Madrid, mientras caminaba en compañía de Curra, que huye aterrada del lugar del crimen.
*Pág. 460/650. Se identifica el cadáver y se hallan en él dos cartas de Garibaldi dirigidas al Hº Neptuno.
*Pág. 462/651. Las investigaciones policiales no avanzan. Se rumorea que los masones andan mezclados en el asunto.
*Págs. 462-463/651. Dos periódicos, presuntamente fieles a la Masonería, publican en contra de los tribunales y la justicia.

A modo de conclusión
   La novela de Coloma conserva un tirón especial. Pequeñeces -dice Shaw- "es, en más de un sentido, un apéndice de La Montálvez de Pereda. La novela, sermón en términos narrativos, toma como tema la corrupción de la alta sociedad madrileña que tolera como meras pequeñeces lo que para la Iglesia son pecados mortales. La historia se centra en la vida inmoral de la heroína, Currita Albornoz, y culmina inevitablemente en su conversión bajo influencia jesuítica"91.
   Podríamos llegar sin esfuerzo a ciertas conclusiones. Como primera y esencial, señalar que Coloma pudo colocar a la Masonería en el telón de fondo de los argumentos de Pequeñeces por dos motivos: bien por atacar a la Orden, siguiendo así el dictamen de la Compañía y de la misma dirección de El Mensajero, cosa que no me parece verosímil, o bien porque guardaba de la Masonería recuerdos oscuros que no digiere dentro y los exterioriza en el relato. Estoy convencido de que, si bien Coloma da una visión más bien negativa de la Orden, tampoco escribe contra ella de manera explícita, cosa que podría haber hecho de haberlo deseado. De ahí que me incline a pensar que Coloma tuvo contactos, ya no sé de qué tipo, ni de cuánta intensidad ni duración, con la Masonería, máxime teniendo presente que en su vida se dan varias curiosas coincidencias con algunas situaciones planteadas en la obra de ficción, sin contar los episodios misteriosos y no explicados a los que ya hemos hecho referencia.
   Coloma, igual que otros escritores de su tiempo y de cualquier otro, entre los que debo incluirme con modestia, realiza en la ficción un complejo proceso autobiográfico que consiste en reflejar las experiencias propias de un modo solapado, discreto, distinto en teoría a la realidad pura y dura92. El proceso se remata con la colocación de situaciones, personajes o ambientes que, si bien se parecen en algunos aspectos a uno mismo o a las circunstancias reales que se cuentan, hacen que los hechos narrados queden, a la vista y criterio de uno mismo, parcialmente modificados. Eso le sucede a Coloma: pretende enmascarar en el relato sus vivencias, sus retazos de vida, mas no evita que se le note.
En la obra hay buena dosis de doctrina, si bien el novelista sabe disimularla colocándola en lugares estratégicos. Pequeñeces es una novela entretenida, con misterio, con elementos sobrados para la buena ejecución de la trama, con personajes inolvidables y bien trazados -hay etopeyas brillantes-, y con una magnífica ambientación que deja al descubierto la segunda mitad del siglo XIX93 ante nuestros ojos atónitos94.



1 Se editó inicialmente por entregas en las páginas de la revista El Mensajero a partir de enero de 1890.
2 Útil sería revisar a la vez la biografía de Luis Coloma a fin de entender mejor la novela, pues biografía y argumentos mantienen curiosos puntos de contacto. Al no disponer de espacio para ello, prescindiremos de esa faceta. Señalar, no obstante, que el testimonio más antiguo para conocer la vida de este escritor data de 1891. Se trata de la Biografía de Luis Coloma escrita por Emilia Pardo Bazán (1851-1921). Vendrían después un estudio del P. Constancio Eguía, publicado por Razón y Fe en 1915, y, sobre todo, el Estudio biográfico y crítico del jesuita Rafael María de Hornedo.
3 He confrontado dos ediciones bien distintas de Pequeñeces para la realización del presente trabajo, la 5ª de Ediciones Cátedra (Madrid, 1987), que cuenta con un estudio de Rubén Benítez, y la incluida en la 4ª edición de las Obras Completas de Luis Coloma, de Editorial Razón y Fe, S.A. (Madrid, 1960), con un sólido estudio del jesuita Rafael María de Hornedo. La de Razón y Fe es una edición especialmente bien hecha y cuidada, y aunque a la más reciente de bolsillo de Cátedra nada se le pueda objetar, usaré como base la susorreferida de Razón y Fe.
4 HORNEDO, Rafael María de, "Estudio biográfico y crítico", en COLOMA, Luis, Obras Completas, Madrid, 4ª edic, Razón y Fé y El Mensajero del C. de J., 1960.
5 Cfr. ARIAS CASTAÑON, Eloy y ENRIQUEZ DEL ARBOL, Eduardo, "Masonería y Política en la Sevilla del Sexenio democrático (1868-1874)", en FERRER BENIMELI, J. A. (Coordinador), Masonería, Política y Sociedad, Zaragoza, Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española, 1989, 35-54.
6 La reina Isabel, que se hallaba descansando en San Sebastián, huyó a Francia el 30 de septiembre, tras treinta y cinco años de reinado.
7 Con Fernando VII, Masonería y otros grupos liberales se confunden. Tan es así que la idea de revolución se halla por igual y con idéntica intensidad en las logias como en los cenáculos clandestinos no masónicos. Cfr. LACALZADA DE MATEO, María José, "Masonería y Revolución liberal. La vía de la emancipación humana (1834-1902)", en FERRER BENIMELI, J. A. (coordinador), Masonería, Revolución y Reacción, Alicante, Instituto Juan Gil-Albert, Caja Ahorros Provincial de Alicante y Generalitat Valenciana, 1990, 91-104.
8 "Con la llegada de Alfonso XII no sólo no se truncaron las expectativas de los masones españoles, sino que, por el contrario, el proceso de crecimiento siguió en aumento". [ÁLVAREZ LÁZARO, Pedro F., Masonería y librepensamiento en la España de la Restauración (Aproximación histórica). Madrid, Universidad Pontificia de Comillas, 1985, p. 33].
9 Tras la promulgación, el 6 de junio de 1869, de la nueva Constitución, se formó un nuevo ministerio bajo la presidencia del general Prim, por haber sido nombrado regente el duque de la Torre mientras se buscaba un nuevo monarca.
10 MARQUEZ, F. y otros, "Breve reseña histórica sobre el Madrid del siglo XIX", en La Masonería en Madrid, Madrid, El Avapiés, 1987, p. 44. Sobre este abandono de Madrid, v. BAHAMONDE Y TORO, "El sexenio Democrático, 1868-1874", Historia 16, Madrid, Año VII, nº Extra XXII, junio, 1982, p. 32.
11 La escritura como oficio ha estado vinculada en cierta forma con la institución masónica. Muchas obras literarias de interés y de diversas épocas, además de la de Coloma, contienen argumentos masónicos o personajes ligados a la Orden. Citemos, a modo de ejemplo, Flor de jacarandá, del profesor y novelista asturiano Eduardo Alonso [Cfr. SERNA, Ricardo, "Eduardo Alonso aborda con brillantez la historia de un ilustrado masón", Rayuela, Revista Cultural de El Periódico de Aragón. Zaragoza, 5-XII-1991]; El siglo de las luces, del cubano Alejo Carpentier, El Grande Oriente, de Galdós, o también, y sin ánimo de comparar, mi libro Los escritores (Jaén, 1995), en el que los protagonistas se relacionan también con la Francmasonería.
Hubo quien defendió en su día la adscripción de Antonio Machado a la Masonería, cosa que no está demostrada [Cfr. SERNA, Ricardo, "Antonio Machado, Juan Gris y la Masonería", en Rayuela, Revista Cultural de El Periódico de Aragón. Zaragoza, 12-XII-1991].
12 HORNEDO, op. cit nota 4, p. XVII.
13 Tras la revolución de 1868 y la consiguiente etapa de anticlericalismo, muchos creyentes se unieron en la llamada Asociación de Católicos. En 1872, Coloma era su secretario.
14 El interés de Coloma por la Masonería aumenta conforme avanza el tiempo, en especial a raíz de la publicación de la encíclica Humanum Genus contra las sociedades secretas. Mucho antes, no obstante, da la impresión de que Coloma tiende de alguna manera a establecer una aproximación personal con la Orden. Sabido es que durante el último tercio del siglo XIX, Andalucía fue con mucho el lugar de mayor implantación de la Masonería española. Funcionaron "no menos de 435 Logias, Triángulos y Capítulos repartidos a lo largo y ancho de toda la geografía andaluza, desde Huelva a Almería, en pueblos y ciudades". [ÁLVAREZ REY, Leandro, "Extensión y desarrollo cronológico de la Masonería en Sevilla: Logias y Obediencias (1894-1936)", Cap. I, 1.1. de Aproximación a un mito: Masonería y política en la Sevilla del siglo XX, Sevilla, Ayuntamiento, 1996, p. 33].
15 Cfr. FERRER BENIMELI, José A., "Ruiz Zorrilla y Manuel Azaña, masones y jefes de gobierno". Historia 16, Madrid, Año XIX, nº 215, marzo, 1994, 25-36.
16 Como sucede en el caso de Galdós, la Masonería ha jugado en las obras de Coloma un papel que, aunque distinto para cada cual, es importante en ambos escritores.
17 Gaceta Oficial del Gran Oriente Nacional de España (1887-1893), 1-V-1888, Madrid, p. 57.
18 MESONERO ROMANOS, Memorias de un setentón, Madrid, 1975. Cfr. BAHAMONDE Y TORO, Burguesía, especulación y cuestión social en el Madrid del siglo XIX, Madrid, Siglo XXI Editores, 1978.
19 "En 1876 este Gran Oriente, con su sello participativo y democrático, consiguió de nuevo que un Presidente del Gobierno lo liderase, ahora Práxedes Mateo Sagasta, jefe también del Partido Liberal, en quien recaía la doble responsabilidad de Gran Maestre y de Gran Comendador" [OLLERO VALLÉS, José Luis, "Práxedes Mateo Sagasta y la masonería [sic]: relación institucional e ideológica. Una nueva aportación al binomio Masonería-Política", en FERRER BENIMELI, J. A. (coordinador), La masonería [sic] española entre Europa y América, Zaragoza, Diputación General de Aragón, 1995, t. I, 77-84].
Cfr. OLLERO VALLÉS, J. L., El progresismo como proyecto político en el reinado de Isabel II: Práxedes Mateo-Sagasta, 1854-1868. Tesis de Licenciatura. Inédita [defendida en la Universidad de Zaragoza, curso 1996-97].
20 HORNEDO, Rafael María de, op. cit, nota 4, p. XIX. El siglo, literariamente hablando, es más complejo de lo que aparenta. José Zorilla (1817-1893) nacionaliza el movimiento romántico, que va a culminar, a mi entender, en las figuras de Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) y Rosalía de Castro (1837-1885). Pero sin embargo, la auténtica transición hacia el realismo está en la prosa de Alarcón (1833-1891) y de Fernán Caballero (1796-1877), si bien Pereda es el auténtico impulsor del movimiento costumbrista puro.
21 Cfr. REGALADO, A., "B. Pérez Galdós y la novela histórica española". Madrid, Ínsula, 1966. Cfr. SHOENAKER, W. H., Estudios sobre Galdós, Madrid, Castalia, 1970.
22 Cfr. ZALDIVAR, G. y CABRERA, R., Homenaje a Gertrudis Gómez de Avellaneda. Miami, Universal, 1981.
23 A comienzos de 1871 se publicó en el Semanario Católico un artículo titulado "¡Paz a los muertos!", que según Hornedo "es, tal vez, su primer impreso" [HORNEDO, Rafael M. de, op. cit nota 4, p. XX].
24 ENRÍQUEZ DEL ÁRBOL, Eduardo, "La masonería [sic] en la prensa Carlista y Católica", en FERRER BENIMELI, J. A. (coordinador), Masonería y Periodismo en la España Contemporánea. Zaragoza, Prensas Universitarias, 1993, 31-48.
25 Se publicó en Madrid, en una colección de novela denominada La familia cristiana. Biblioteca de novelas morales dedicada a la juventud, números 27, 28 y 29. Estaba prologada por su amiga Fernán Caballero y dedicada a Gertrudis Gómez de Avellaneda.
26 El Progreso, 1 de noviembre, 1872.
27 El episodio ha sido interpretado de mil maneras. Se dijo que el balazo recibido fue consecuencia de un duelo, posibilidad romántica pero nada probable. Se comentó que la herida no fue de bala, sino de arma blanca, y que se la habían producido a Coloma en Sevilla, en una reyerta por asunto de amoríos, el día de la inauguración del café de Emperadores. La tercera teoría habla de que a Coloma se le pudo disparar una pistola de forma accidental. Por su parte, Emilia Pardo Bazán, en la Biografía de Coloma, dice que Coloma se hirió a sí mismo involuntariamente. Creo que hubo algo más en el asunto. El padre Gonzalo Coloma, hermano de Luis y jesuita como él, escribe al padre Eguía y le comenta la posibilidad de que Luis pudiese haber resultado herido por una disputa política. Parece probado que no se hirió él mismo accidentalmente, como escribe Fernán, sino que alguien le dio el tiro deliberadamente.
28 HORNEDO, Rafael María de, op. cit nota 4, p. XXVIII.
29 PARDO BAZAN, Emilia: Biografía, 1891.
30 HORNEDO, Rafael María de, op. cit nota 4, p. XXXI.
31 El propio Coloma lo cuenta: "Sucedió que por abril de 1872, vino a Sevilla cierto personaje que ocupaba a la sazón un puesto de gran confianza al lado de Isabel II. Conocíle yo una noche en esta nueva residencia de Cecilia, de quien era muy amigo, y díjome esta misma a los pocos días que el personaje en cuestión había marchado precipitadamente a París, llamado por su señora" [En Recuerdos de Fernán Caballero. Con la expresión "su señora" se refiere Coloma a Isabel II]. El personaje al que Coloma se refiere tenía la misión de entregar ciertos papeles al duque de Montpensier. Mas dada la necesidad de salir de viaje hacia París con urgencia, depositó los documentos en manos de Fernán, a fin de que fuese ella quien los entregase a Montpensier a su llegada a Sevilla, prevista para un par de días después. La escritora cayó enferma y delegó en Luis el encargo. Aquella tarea agradó a Coloma. "Acepté entusiasmado el encargo -escribe-, deseoso de complacer a mi anciana amiga, halagado mi amor propio por la prueba de confianza que se me daba y ufano y hasta altivo por representar un papel, aunque fuese sólo de humilde partiquino, en el drama de la restauración...". Y añade luego: "…porque en vano me aseguró Fernán que, bajo aquel repleto sobre lacrado con las armas de Isabel II, solamente había documentos de familia relativos a la reconciliación ya efectuada. Mi fantasía de veinte años tomaba otros rumbos y empeñábase en descubrir bajo aquel recio papel satinado algo más importante y dramático, algo así como el plan de la conjura que había de restituir a Alfonso XII el trono de sus mayores...". Leyendo este párrafo, viene a la mente de forma inmediata el pasaje de Pequeñeces en el que Jacobo Téllez, marqués consorte de Sabadell, libertino, iniciado como masón en las logias de Milán, recibe de los masones italianos el encargo de entregar a sus hermanos en España unos importantes y comprometedores documentos de vital interés para la corte de Amadeo I. [COLOMA, Luis: Obras completas. Madrid. Razón y Fe, S.A. y Mensajero del C. de J. 4ª edic., 1960. Libro II, I, 525 y VIII, 558-559]. El paralelismo es claro. La escena es idéntica (compárense los dos fragmentos). Las similitudes son evidentes. En su descripción, escribe Coloma: "me dirigí en coche al palacio de San Telmo, por la puerta de las caballerizas, llevando el misterioso cartapacio". Recuerda mucho la estampa a la que aparece en el principio del libro II de Pequeñeces, protagonizada por el personaje de Jacobo: "El viajero dio varias vueltas al cartapacio con cierta curiosidad contenida, y aun llegó a mirar al trasluz... El coche había cruzado..." [Op. cit nota 32, Libro II, I, 525].
32 COLOMA, Luis: Obras completas. Madrid. Razón y Fe y Mensajero del C. de J. 4ª edic., 1960.
33 Entre las de Cádiz y las de Sevilla, suman 70 logias en 1871. Ante tantísima penetración masónica, parece difícil que alguien con inquietudes políticas como Coloma no se interesase, de algún modo, por conocer mejor el fenómeno.
34 La primera relación clara de la Masonería con el asesinato del general Prim aparece en Pequeñeces en el Cap. I del Libro II, donde se lee: "...vino [Jacobo Téllez, masón] a refugiarse de nuevo en España el año 68, tomando parte activísima en la Revolución y recorriendo, al lado de Prim, las provincias andaluzas, arengando a las muchedumbres...Formó parte de las Cortes Constituyentes del 69, y de repente, cuando el asesinato de Prim, desapareció otra vez de Madrid.." [Op. cit nota 32, págs. 528-529]. Dice y no dice el jesuita. Coloma implica solapadamente a su personaje en el asesinato. El segundo apunte
-éste más claro todavía- lo vemos en el siguiente párrafo: "¡La calle del Turco!.. Allí se había cometido cuatro años atrás un asesinato, otro asesinato, en la persona de un hombre famoso, de un amigo [de Jacobo Téllez] que le había hecho a él grandes favores, favores de lobo a lobo, pero al fin y al cabo siempre favores... También entonces habíase vislumbrado en aquello la mano de los masones, y él, ¡oh!, él sabía bien a qué atenerse... Por eso tuvo que huir a toda prisa impulsado por el destino..." [Op. cit nota 32, pág. 605].
35 En Pequeñeces, aparecen los masones a modo de sombras, como amenazas permanentes, como algo siniestro que no deja de enturbiar jamás la vida de ciertos personajes, muy en especial la del propio Jacobo Téllez, quien recibió la luz años atrás en las logias milanesas y que se halla en aparente estado de sueño.
36 Los muchos desplazamientos del duque de Montpensier pueden seguirse rastreando las cartas de la infanta Luisa Fernanda, fechadas siempre con precisión.
37 Noticias acerca del registro en la pensión de Coloma aparecen en media docena de periódicos, entre ellos en El Tiempo, de Madrid, y en El Progreso, de Cádiz.
38 HORNEDO, Rafael María de, op. cit nota 4, p. XXXIII.
39 Op. cit nota 32, I, Cap. VI. En la edición más reciente de Cátedra, p. 120 y ss.
40 PUÉRTOLAS, Soledad, "La vida novelada", cap. III, 1 de La vida oculta, Barcelona, Anagrama, 1993, p. 247.
41 Op. cit nota 4, p. XXXIV.
42 Op. cit nota 4, p. XXXV. La vocación jesuítica de Coloma, además de ser en parte deudora de su misma formación humana e intelectual, debe también mucho a sus experiencias en Jerez y, sobre todo, en Madrid. La capital, foco de todo tipo de corrupciones -en Pequeñeces califica varias veces Madrid como "hedionda charca" y fuente de vicio y perversión-, le hizo recapacitar.
43 "¿Quién puede garantizar al que se pierde, que no ha de morir antes de que se arrepienta?" [Correspondencia. Carta de Coloma a su madre]. Ya que hablamos de literatura, permítaseme la licencia de fantasear un momento a mis anchas. De hacerlo así, podríamos mantener la sugerente hipótesis de que Coloma, habiendo tenido algún contacto con la Masonería antes de 1874, viese en la vocación jesuítica un modo de compensar el tirón juvenil sentido hacia la Orden. En la vida de Coloma hay tres o cuatro episodios un tanto crípticos que vienen a la cabeza de uno cuando se formula una hipótesis semejante, en especial esa carta que Coloma escribe a la duquesa de Villahermosa, fechada en Deusto el 12 de agosto de 1893. Medio mes antes había sido objeto el jesuita de un ataque violento en plena calle por parte de unos desconocidos. Recordemos lo que Coloma escribe a la duquesa: "Hay quien dice y cree que esto ha sido una tentativa de asesinato, a causa de graves asuntos que tuve en Madrid. Y como los asuntos existen realmente, es esto cosa delicada y comprometida" [HORNEDO, op. cit nota 4, LXXVI]. ¿A qué asuntos y cosas delicadas y comprometidas se refiere Coloma?
44 La dirección de la revista pasó a manos de los jesuitas en 1883. Es a partir de entonces cuando Coloma puede acceder con facilidad a sus páginas.
45 En él se explican los fines pretendidos por la Compañía en la fundación del Centro universitario de Estudios Superiores de Deusto.
46 Cfr. FERRER BENIMELI, J. A., La masonería [sic] después del Concilio, Madrid, AHR, 1968.
47 "La Masonería es, por lo tanto, un estertor de paganismo en nuestro tiempo, como nos advirtió el Papa León XIII... La Masonería -añade- es esencialmente anticristiana". [CIERVA, Ricardo de la, El triple secreto de la Masonería. Ávila, Fénix, 1994, p. 347]. [Cfr. SERNA, Ricardo, "El triple secreto de la Masonería. Ricardo de la Cierva", Aportes, Revista de Historia Contemporánea. Madrid, año X, nº 28, octubre 1995, 199-200].
48 Para una descripción literaria del ceremonial iniciático, v. SERNA, Ricardo, "La noche de la promesa", en La noche de papel. Relatos completos, 1968-1987, Zaragoza, Compás Narrativa, 1990, p. 211 y ss. Sobre ritual y grados en Masonería, consultar FABRE, Antoine, "Masonería, Esoterismo y Ocultismo", en "La Masonería", nº Extra IV Historia 16, Madrid, nov. 1977, 137-145.
49 COLOMA, Luis, op. cit nota 32, 104-116.
50 HORNEDO, Rafael Mª de, op. cit nota 4, XLVII.
51 HORNEDO, Rafael Mª de, op. cit nota 4, p. XLVIII.
52 Mentira piadosa de Coloma a Pereda, al que también escribe: "Cuando yo lo escribí [se refiere a Juan Miseria] no le había leído a V. todavía, y se resiente por eso de cierta especie de tonillo sentimental, muy propio de Fernán, que la lectura y estudio de sus obras de V. me ha quitado posteriormente". (Carta de 25 de enero de 1889). Ese tonillo sentimental lo tendrá siempre Coloma, incluso hasta en Pequeñeces, donde se dejan notar rasgos literarios muy propios de Fernán Caballero.
53 URREIZTIETA, José Luis, Las tertulias de rebotica en España. Siglos XIX-XX. Madrid, Alonso, 1985, p. 20.
54 SÁNCHEZ I FERRÉ, Pere, "Biografía masónica de Rossend Arús", en FERRER BENIMELI, J. A. (coordinador), La masonería [sic] en la España del siglo XIX, Valladolid, Junta de Castilla y León, vol. II, 1987, p. 834.
55 ABADIA TIRADO, Joaquín, "Prólogo", en ABADIA TIRADO, José, Asociacionismo en Moyuela. Cuadernos Pedro Apaolaza nº 8, Zaragoza, Asociación Cultural Arbir-Malena, 1996, 5-6. En el cap. 2, pág. 14, se habla de dos formas de asociación local, la sociedad y el centro, que bien pudieran derivar quizá de antiguas asociaciones o grupos de ayuda mutua o, incluso, de alguna otra forma de asociacionismo cultural o cívico de raíz decimonónica cuya memoria se hubiese perdido.
56 PORSET, Charles, "Genealogía del complot masónico", en FERRER BENIMELI, J. A. (coordinador), Masonería, Revolución y Reacción, Alicante, Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, 1990, t. I, 337-352.
57 Antonio Flores dirigió el semanario El Laberinto. Entre sus obras merecen reseña Ayer, hoy y mañana (1853), retratos que reflejan la evolución de la sociedad española del XIX.
58 La editorial Alianza rescató parte de sus escritos bajo el título La sociedad de 1850.
59 La obra de Flores resulta de interés, aunque cosa bien distinta es la de Galdós, verdadera crónica de su tiempo.
60 "A mediados del XIX, la apremiante y urgentísima necesidad de agua potable era un hecho incontestable en la ciudad de Madrid, más acuciante si cabe en los meses de verano" [MATÉS BARCO, Juan Manuel, "Gestión municipal y servicios urbanos: el abastecimiento de agua a Madrid en el siglo XIX". Anuario de Investigaciones (separata), Hespérides, 1994].
61 FERRER BENIMELI, José A, La masonería [sic] en los Episodios Nacionales de Pérez Galdós. Madrid, Fundación Universitaria Española, 1982.
62 MONTESINOS, José F., Estudios sobre la novela española del siglo XIX. Madrid, Castalia, 1968, vol. I, 110 y ss.
63 MARAÑON, Gregorio, Elogio y nostalgia de Toledo. Madrid, Espasa-Calpe, 1961, p. 62.
64 De sus obras, destacar Recuerdos de un anciano (1878) y Memorias (1886), ambas póstumas. Antonio Alcalá Galiano se confiesa masón en sus Memorias. En compañía de José, viajó Galdós a Inglaterra en 1883. Bien pudo ser iniciado durante cualquiera de sus desplazamientos a ese país.
65 SHAW, Donald L., Galdós, Clarín y Pardo Bazán. El siglo XIX, vol. 5, Historia de la Literatura española. Ariel, 1976, 194 y ss.
66 Pequeñeces se publicó en El Mensajero desde enero de 1890 hasta marzo del año siguiente. Luego se editó en forma de libro. Al principio, las críticas fueron buenas, pero pronto se volvieron las tornas y los comentarios hablaban de auténtico escándalo editorial.
67 El conde de Guaqui escribió en El Heraldo de Madrid: "Sabido es que entre los jesuitas nadie se mueve sin orden superior; los actos todos de cada uno de sus individuos se encaminan a un fin determinado... El padre Coloma, S. J., ha escrito su libro con anuencia o por mandato de sus superiores; esto es indudable". Y termina preguntándose qué maquinación hace la Compañía, qué objetivo persiguen con ello los jesuitas.
68 A Pedro López, cronista de saraos que aparece en Pequeñeces, Fernández Almagro lo emparenta con el periodista Ramón de Navarrete -Asmodeo de seudónimo-, quien, según las malas lenguas, llevaba los bolsillos del frac forrados de hule para poder arramblar con las exquisiteces de los festines. Claudio Molinos tiene su alter ego real en Felipe Ducazcal, fundador de El Heraldo de Madrid y ferviente amadeísta. Y el personaje de Butrón, más difícil de emparentar, lo han asociado algunos a Molíns; otros, en cambio, al marqués de Alboloduy, alfonsino jerezano. Y respecto a Jacobo Sabadell, noble y masón, el marqués de Lema señala que se parece mucho al retrato del marqués de Sardoal.
69 En 1891 se vendieron cincuenta mil ejemplares. Manejando las cifras de Pardo Bazán, "la tercera edición de Pequeñeces (siete mil ejemplares), se vendió antes de terminarse, ni siquiera llegó a verse en librerías; desapareció de ellas por arte de birlibirloque" [PARDO BAZAN, Emilia, Nuevo Teatro Crítico, 1891].
70 Carta de Coloma a José Mª de Pereda, de 28-XI-1891.
71 Cfr. COLOMA, Luis, Retratos de antaño. Madrid, Razón y fe, 2 vol., 1951.
72 Hornedo da cuenta de los hechos, aunque no se pronuncia. Cfr. HORNEDO, Rafael María de, op. cit nota 4, LXXVI.
73 Coloma, en carta a la duquesa de Villahermosa, escribe: "Hay quien dice y cree que esto ha sido una tentativa de asesinato, a causa de graves asuntos que tuve en Madrid. Y como los asuntos existen realmente, es esto cosa delicada y comprometida". ¿A qué graves asuntos se refiere el jesuita? Leída Pequeñeces, y con el grado de fantasía que todo escritor ha de poner sobre la mesa, la imagen paralela que viene a la mente enseguida es el lance en el que Jacobo Téllez es atacado en plena vía pública por los masones [COLOMA, Luis, Pequeñeces, IV, Cap. VI, op. cit nota 32, p. 649].
74 MATÉS, Juan Manuel, "Prensa tradicionalista en Jaén: El Pueblo Católico (1929-1931)". Reunión VI Congreso de Profesores-investigadores, Espérides, Montilla, 1987.
75 El leonés José Francisco Isla, que ingresó en la Compañía de Jesús a la temprana edad de 16 años, publicó la novela en dos partes, la primera de las cuales sale de imprenta en 1758, obteniendo un notable éxito. La obra es precursora del costumbrismo decimonónico.
76 En 1888, Menéndez Pelayo había dicho de él: "Su libro [Lecturas recreativas] me ha revelado en usted una verdadera genialidad de novelista".
77 De la lectura de la novela se desprende que Víctor Manuel II de Italia fue masón, igual que su hijo Amadeo, duque de Aosta y Rey de España. De los argumentos surge la lógica pregunta de por qué otra razón, si no, la Masonería italiana intentaba apoyar al gabinete que sostenía en España el gobierno de Amadeo. En la obra, vemos que Jacobo Téllez es portador de unos documentos cuyo destinatario parece ligado a la casa de Saboya en España. Como esos documentos no son entregados, Jacobo se siente perseguido más tarde por los propios masones, ya que éstos no parecen dispuestos a pasar la paleta y olvidar la traición. La historia, sin embargo, no siempre es como aparece en las novelas. En este caso, el profesor Aldo A. Mola, especialista en la historia de la casa de Saboya y buen conocedor del fenómeno masónico en Italia, me asegura personalmente que ni Víctor Manuel ni su hijo fueron masones: "posso assicurarle che Vittorio Emanuele II, re di Sardegna prima, d'Italia poi, non fu mai iniziato alla massoneria...neppure don Amadeo fu massone" [Su carta, 6.IV.1997]. Cfr. MOLA, Aldo A., Storia della Massoneria italiana dalle origini ai nostri giorni, Milano, Bompiani, 1994.
78 Hay otro personaje masón, al que no se cita con nombre propio. Es el acompañante de Cassanello. Aparece en un par de ocasiones, especialmente en Libro IV, Cap. VI. [Op. cit nota 32, 644. En la edición de Rubén Benítez, p. 446-447. Madrid, Cátedra, 5ª edición, 1987].
79 Sólo contemplamos aquí los personajes esenciales relacionados de alguna forma con la Masonería y la ubicación precisa de los argumentos masónicos.
80 Se anota primero la numeración correspondiente a la edición de bolsillo de Rubén Benítez [COLOMA, Luis, Pequeñeces. Madrid. Cátedra, Letras Hispánicas. 5ª edic., 1987]. Y acto seguido, separado por una barra, la numeración correspondiente al volumen Obras Completas, al que hemos venido haciendo referencia [COLOMA, Luis, Pequeñeces, en Obras completas, Madrid, Razón y Fe y Mensajero, 4ª edic., 1960, 474-667].
81 Este personaje -a decir del narrador de la novela- tiene cierto parecido físico con el poeta lord Byron. El literato inglés aludido, además de aventurero y político, sufrió exilio y colaboró en Italia con los carbonarios. Los paralelismos son notables con Jacobo Téllez, quien, una vez en Italia, es iniciado en Masonería por Garibaldi.
82 Coloma quiere poner en relación directa al personaje de Jacobo con las intrigas y contactos históricos que tuvieron lugar en Londres entre Ruiz Zorrilla y otros colaboradores de Prim con los dirigentes carlistas, a fin de derrocar el gobierno español.
83 Dentro del argumento de Pequeñeces, Coloma establece una oscura relación entre el asesinato de Prim y un supuesto complot masónico, del que no es ajeno el personaje de Jacobo.
84 Luis Coloma introduce a Giuseppe Garibaldi (Niza 1807-Caprera 1882) en su novela a modo de gran mito de las ideas masónicas.
85 Mucho se ha rumoreado acerca de si ciertos miembros de la casa de Saboya estuvieron relacionados o no con la Masonería, entre ellos Víctor Manuel II y su hijo Amadeo. El profesor Aldo Mola está convencido de que ninguno de los dos fue iniciado en Masonería [v. nota 77].
86 El padre Coloma habla de los puñales vengativos de la Masonería como aquel que, habiendo escuchado campanas, no sabe dónde. Probablemente, algún rumor acerca de los ritos iniciáticos produjo en el jesuita un aumento de inspiración literaria, lo que le vino muy bien para formalizar una trama misteriosa en la novela. La aparición de puñales rituales en ceremonias masónicas de iniciación es tradicional, no sólo en la realidad de esos mismos rituales, sino también en algunas obras narrativas aparte de Pequeñeces. Yo mismo escribí hace años un relato en el que se da cuenta de dicho ritual [Cfr. "La noche de la promesa", en SERNA, Ricardo, La noche de papel. Relatos completos, 1968-1987, Zaragoza, Compás Narrativa, 1990, 211-214].
87 Este pasaje es interesante. En él se dice que también "entonces había vislumbrado en aquello [la cursiva es de Coloma, no mía] la mano de los masones, y él, ¡oh!, él sabía bien a qué atenerse. Por eso tuvo que huir a toda prisa...". Está claro que Coloma desea integrar a su personaje, sin el menor género de dudas, en el complot a resultas del que muere asesinado el prestigioso militar. Coloma juega con Jacobo Téllez-Ponce al aventurero sin escrúpulos, vividor y libertino, que lo mismo conquista el amor voluble de Curra como es capaz de atentar contra una vida humana.
88 La escena me trae a las mientes una de las brillantes greguerías de Ramón Gómez de la Serna, esa que define el Madrid de su tiempo diciendo: "Madrid es que haya siempre iglesias abiertas y a mano para asilo y confesión" [v. GOMEZ DE LA SERNA, Ramón, Greguerías. Madrid, Cátedra, 1983, p. 241].
89 La venganza masónica parece ser una constante en el argumento de Coloma. Prim, masón, es muerto por masones tras un complot instigado por la venganza. Y ahora, la Masonería vengativa quiere acabar con Jacobo Téllez -y acaba con él al final de la novela- por vengar su traición de años atrás.
90 Cfr. LÓPEZ CASIMIRO, Francisco, "Crítica y mofa de las ceremonias masónicas", en Masonería, prensa y política (Badajoz, 1875-1902), Granada, Universidades de Granada y Extremadura, 1992, cap. IV, p. 221.
91 SHAW, Donald L., El siglo XIX, t. 5 de la Historia de la Literatura Española, Barcelona, Ariel, 1976, p. 182.
92 Ya nos hemos referido con anterioridad a los paralelismos entre situaciones que se saben vividas por el autor y otras que, casualmente, aparecen en la novela.
93 Para una información sobre fuentes y bibliografía de la Masonería, v. FERRER BENIMELI, José A. (coordinador), La Masonería en la historia de España, Zaragoza, Diputación General de Aragón, 1989, 333-383. Cfr. FERRER BENIMELI, J. A., y LACALZADA DE MATEO, María J., "Bibliografía masónica española del Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española", en FERRER BENIMELI (coordinador), La masonería [sic] española entre Europa y América, Zaragoza, Diputación General de Aragón, 1993, t. II, 1055-1093. Al lector interesado en los temas que abarca la presente comunicación congresual, me permito remitirlo a mi libro Masonería y Literatura. La Masonería en la novela emblemática de Luis Coloma, Madrid, Fundación Universitaria Española [FUE], 1998.
94 El presente ensayo fue publicado en Ferrer Benimeli, J. A. [coordinador], La masonería [sic] española y la crisis colonial del 98, [2 vol.]. Actas del VIII Symposium Internacional de Historia de la Masonería Española. Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española (Universidad de Zaragoza), Zaragoza 1999, vol. I, pp. 363-382.