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La Masonería en Pequeñeces,
novela emblemática del jesuita Luis Coloma
Por Ricardo Serna
Preliminares
Leer Pequeñeces y retroceder
un siglo en el tiempo es todo uno. Pocas novelas actuales
son capaces de proporcionar a los lectores tan radical
sensación de viaje hacia el pasado. Pequeñeces
se ha convertido, con el paso de los años, en una
novela-mito más que en una simple obra literaria.
Mito desde el punto de vista social, pues a través
de sus argumentos esenciales se denuncia el despotismo
y la insensibilidad de la aristocracia de la segunda mitad
del XIX. Y mito, también, desde la óptica
de la literatura, pues la obra de Coloma forma parte del
entramado que enlaza en España el costumbrismo
radical con el realismo puro. Se halla a medio camino
entre los dos ismos y bebe a la vez de ambas fuentes,
aunque el costumbrismo típico apenas se refleja
en sus páginas.
Luis Coloma empezó a editar Pequeñeces
en enero de 1890, aunque la gestación de la novela
fue laboriosa1. Los argumentos
-y lo digo en plural porque son varios los que se desarrollan
de forma paralela, y entre ellos uno tocante a la Masonería-
se sitúan en la etapa histórica que damos
en llamar Sexenio revolucionario, es decir, desde el destronamiento
de Isabel II, pasando por los tiempos de Amadeo I y la
República, hasta el reinado de Alfonso XII.
Vida y obra del escritor se entremezclan
en Pequeñeces2,
su novela emblemática por excelencia3.
Resumiendo la estructura de la pieza,
vemos que se nos ofrece la etopeya y peripecias de Curra
Albonoz, aristócrata y personaje esencial de la
obra, quien junto a media docena más de personajes,
se convierte en el quicio que hace girar, paso a paso,
todo el complejo armazón de los argumentos. Currita
Albornoz y Jacobo Téllez-Ponce son los indiscutibles
protagonistas. Ella, condesa de Albornoz, esposa infiel
de Fernando Villamelón y amante de Jacobo, es una
mujer hiperactiva, dominante, sutil, astuta y provocativa.
Para lograr sus fines, es capaz de cualquier intriga imaginable,
por inmoral o deleznable que éste sea. Su esposo,
en cambio, aparece en la novela como el típico
varón pusilánime que deja hacer a su mujer
al verse imposibilitado para doblegar su indómito
carácter. Y Jacobo, diplomático casado años
atrás con la marquesa de Sabadell, separado de
ella y hombre libertino, se nos muestra como masón.
Es el personaje bisagra entre el eje central de los argumentos
de salón que protagoniza Curra Albornoz y los argumentos
masónicos paralelos cuyo peso sustenta, sobre todo,
este personaje.
En la novela se desarrolla, esencialmente,
un eje argumental básico centrado en la vida social
de la aristocracia española del Madrid de la segunda
mitad del siglo XIX. Sin embargo, y de forma paralela,
van naciendo del tronco algunas ramas argumentales que
se apoyan y alimentan en la principal y que ascienden
y crecen al amparo de su sombra. Una de ellas hace referencia
a la Masonería.
El argumento masónico de la novela
se inicia cuando Coloma habla de los motivos que movieron
a Jacobo, el amante de Curra Albornoz, para iniciarse
en la Orden. Continúa luego con la referencia que
se hace de Garibaldi y de las logias italianas, así
como con la descripción de los sellos masónicos
de lacre estampados en los sobres que contenían
documentación secreta de la corte de Víctor
Manuel, enviada a la corte española de Amadeo por
mediación de Jacobo. Éste, intrigado durante
el viaje por el contenido de los sobres, arranca los sellos,
los abre y consigue información política
de cierta importancia que guarda para sí pensando
en aprovecharse de ella en un futuro cercano. Así
pues, Jacobo no entrega los sobres a su contacto en España.
Hace desaparecer los sellos de lacre al obsequiar con
ellos al tío Frasquito, noble segundón amigo
suyo, coleccionista de sellos diplomáticos. A éste
le desaparecen un día de su álbum, y pasado
algún tiempo, Jacobo recibe uno de ellos por correo.
Desde ese instante, el marqués teme la venganza
de la Masonería por su traición. A la vez,
Coloma crea otras vías argumentales que hacen,
de la masónica, un soporte mistérico de
interés en el desarrollo narrativo.
Coloma, universitario
El Estudio del padre Hornedo
es clave para comprender la peripecia vital y literaria
del escritor jerezano4. Coloma
vino al mundo en Jerez de la Frontera, el 9 de enero de
1851. En 1858 lo matricularon en el Instituto. Al terminar
el bachillerato en 1868, se trasladó a Sevilla
para estudiar Derecho5. Los acontecimientos
revolucionarios de ese año, con sus graves secuelas,
tuvieron que dejar en el joven Coloma una indeleble huella6.
La vemos con nitidez en las páginas de Juan
Miseria. La situación en la España de
fines de 1868 era ciertamente mala, y la confusión
reinaba por doquier. Destronada Isabel se constituye,
como es sabido, el gobierno provisional presidido por
el general Serrano, con Prim en el ministerio de la Guerra.
Escribe Coloma en su novela que a Prim -masón-
lo asesinan los masones.
Según la mayor parte de los historiadores,
no resulta riguroso hablar de Masonería española
consolidada en fechas anteriores a comienzos del XIX7.
La auténtica expansión de las logias tendrá
lugar en España tras la revolución de 18688.
Poquísimas logias, por no decir ninguna, abaten
columnas durante este periodo de permisividad y apertura.
La política española era un volcán
en constante ebullición9.
El asesinato de Prim conmocionaba al país. El reinado
de Amadeo fue breve y convulso, desembocando el proceso
en la abdicación del monarca y la proclamación
de la primera República, en febrero de 1873. "El
pánico cundió entre las clases altas y medias
madrileñas, que abandonaron la ciudad"10
Uno de los primeros trabajos literarios
de Luis Coloma será el relato Todos lloran,
perteneciente a este periodo universitario. Entre tanto,
consigue terminar sus estudios. Pero a la vez escribe,
haciendo, de la afición, oficio11.
Algunos contactos. La Masonería en la literatura
y en la vida
Mucho tiempo invertiría también
Coloma en la lectura de libros y periódicos. "La
Legitimidad, moderado, con la divisa "Nación
católica, Patria y Alfonso XII", se llevaba
las simpatías políticas de Coloma"12.
Y su actividad política y religiosa también
le ocuparían buena porción de tiempo13.
Posiblemente fuera durante su primera etapa estudiantil,
cuando Coloma tuvo referencias de la Masonería,
bien a través de lecturas, bien por medio de conversaciones,
chismes de café o relaciones amistosas más
directas14.
1870 supone el momento álgido
de la Masonería en España, cuando Manuel
Ruiz Zorrilla fue nombrado Gran Maestre de la Gran Logia
Simbólica de España. Son momentos de efervescencia
política en todo el país y los afiliados
a las logias, alcanzan cotas como nunca antes se habían
conocido15 . Los cuadros lógicos
no cesan de crecer. Ignoramos si Coloma, que el año
1870 contaba con diecinueve años de edad y era
estudiante de Derecho en Sevilla, se acercó alguna
vez, aunque fuese de puntillas, al fenómeno creciente
de la Masonería, ya fuese por simple curiosidad,
ya por el afán natural de crecer en experiencia.
Si Coloma se acercó o no a la Orden en mayor o
menor grado, resulta difícil asegurarlo hoy16.
La Gran Logia Regional de Andalucía
se constituyó el 20 de abril de 188817
en la ciudad de Córdoba, y el 5 de abril de 1891
salió a la luz el primer número del Boletín
de la Gran Logia Simbólica Provincial malagueña,
así que en todo caso habría que relacionar
los hipotéticos contactos de Coloma con la Masonería
-si los hubo en realidad- con la ciudad de Madrid18,
probablemente, y antes de su llamada jesuítica.
En julio de 1871, Ruiz Zorrilla es nombrado
Presidente del Gobierno, lo que hizo que muchas otras
logias se aproximasen al Gran Oriente de España.
Sin duda, Ruiz Zorrilla pasaría bajo la bóveda
de acero tras el feliz nombramiento19.
El ambiente literario de los años
previos a 1868 parecía un tanto agotado. Al margen
de media docena de poetas y autores conocidos -Cañete,
Rodríguez Zapata, Fernández Espino y Tubino,
sobre todo-, el panorama no era precisamente muy alentador
que digamos20. Benito Pérez
Galdós (1843-1920) crea un mundo ficticio de enorme
interés en sus Episodios Nacionales, definidos
a veces como "epopeya cierta de la vida española".
Ramón Menéndez Pidal señala que para
conocer la vida española -castellana- en el siglo
XI, nada mejor que acudir al poema del Cid. Del mismo
modo, para entender el siglo XIX y su carácter,
nada como asomarse a los escritos de Galdós21.
Coloma establece contacto con Gómez
de Avellaneda22, a quien envía
su obrita Contrastes de la vida. Ella le contesta
felicitándole por su "ensayo literario"23.
La prensa católica jugó un importante papel
en la difusión del quehacer literario de Luis Coloma,
en especial El Mensajero, cuya eficaz distribución
y gran tirada hizo posible que los escritos de Coloma
se popularizasen pronto.
La relación establecida entre
prensa católica y antimasonismo es clara y temprana.
"Para estudiar el fenómeno antimasónico
que se desencadena en la prensa de los países católicos...
debemos hacer referencia a los iniciales enfrentamientos
que advienen entre la Masonería y la Iglesia Católica,
es decir, retrocediendo a los días de las primeras
condenas pontificias"24.
Un extraño incidente. Coloma
en política: los documentos secretos
Coloma consigue ver impreso su primer
libro en el mes de abril de 1871. El editor Pérez
Dubrull, por influencia de Fernán Caballero, editó
Solaces de un estudiante25.
Ese mismo año logra publicar Coloma en el folletín
de El Tiempo, y poco a poco conquista el ámbito
de revistas y prensa diaria.
Ese mismo año viaja a Madrid
y establece contactos literarios y políticos de
interés. Al siguiente publicaría varios
artículos, entre ellos El día de difuntos26.
A primeros de octubre de 1872, o días
antes, Coloma resulta herido de bala en el pecho, una
herida gravísima que a punto está de costarle
la vida27.
El 21 de enero de 1874 solicita la admisión
para el examen de licenciado. Hornedo describe los pormenores28.
Respecto a sus actividades políticas,
Pardo Bazán escribe que "se le pasó
la flor de sus mocedades metido de cabeza en las intrigas
restauradoras, en conjuras aristocráticas"29.
"Algo hay de verdad -señala Hornedo- en esta
afirmación"30.
Definir políticamente a Luis
Coloma no resulta difícil. Su pensamiento es claramente
alfonsino. Respecto a su activismo y militancia, hay un
asunto que no quiero pasar por alto. Me refiero a la entrega
que hizo él de importantes documentos políticos,
sustituyendo a Fernán, al duque de Montpensier31.
Hornedo cita los hechos en su Estudio, incluido
en la edición que, de las Obras Completas de
Coloma, se hizo en 196032. Dado
que nuestro autor suele adornar sus argumentos con vivencias
propias, quién sabe si ambas imágenes, una
literaria y la otra autobiográfica, no mantienen
entre sí algún tipo de nexo, relación
o parentesco.
En 1870 asistimos a una efervescencia
de la Masonería en España, especialmente
en lugares del centro y sur peninsular. Logias aparecen
sin cesar. Se sabe que en Cádiz había 28
[en 1871]; en Madrid 113; en Barcelona 86; en Sevilla
4233.
En este asunto de los documentos secretos,
Hornedo se muestra cauto, aunque afirma que, en efecto,
"resulta difícil imaginar cuál pudo
ser el contenido de aquellos misteriosos documentos, y
qué razones pudieron mover a Isabel II para hacerlos
llegar con tal urgencia a manos de Montpensier",
sobre todo teniendo en cuenta que "el 17 [de abril
de 1872] fueron recibidos los Montpensier por Isabel en
el palacio Basilewski". Hubo, por tanto, en París,
oportunidad holgada para la entrega de documentos pertinentes
al acuerdo de Cannes. Volvemos a tener aquí un
nexo, sólo hasta cierto punto literario, con la
Masonería.
Por otro lado, Coloma dice en Pequeñeces
que Prim fue un masón muerto por masones. Y lo
da a entender en dos sitios bien distintos de su libro34.
Entrelazando datos, podríamos relacionar al personaje
ficticio de Jacobo Téllez con el complot para el
asesinato de Prim, cuestión que no plantea dudas,
y a la Masonería como instigadora de los hechos
en la novela35.
Hay otro curioso paralelismo entre realidad
y literatura. Jacobo Téllez lleva un cartapacio
con importantísimos documentos secretos dirigido
a su alteza real el duque de Aosta [Amadeo], rey de España,
y Coloma es portador de otro cartapacio similar con documentos
dirigido a su alteza real el duque de Montpensier. Demasiadas
similitudes, muchas coincidencias entre vida y novela,
entre ficción literaria y experiencia vital. Y
en una densa bruma de fondo, el supuesto largo brazo de
la Masonería parece dejar entrever sus veladas
influencias de una forma sutil y sugerente.
Al parecer, tras el encuentro de Luis
Coloma con Montpensier, el duque regresó a Francia.
Según afirma Hornedo, el "2 de mayo se encontraba
ya en la Costa Azul con su hermana Clementina"36.
El registro domiciliario.
El 28 de abril, la policía hizo
un minucioso registro en la habitación en que Coloma
se hallaba hospedado, en el 24 de la calle O'Donnell37.
Buscaban documentos de cualquier tipo que Montpensier
hubiese podido entregar a Coloma, quien protestó
por el atropello y alegó que la orden gubernativa
no era papel oficial suficiente "si no iba acompañada
de otra orden del juez autorizando el registro, según
mandaba la Constitución del 69."38.
Otra vez vuelven a presentarse coincidencias entre la
vida de Coloma y Pequeñeces. En la novela
hay una escena en la que se registra el palacio del marqués
de Villamelón, esposo de Curra Albornoz. En ese
capítulo también exige Currita "el
mandato del gobernador, legalizado por el juez, único
que, según las leyes vigentes podía autorizar
aquel atropello"39. Entre
la novela y la vida del escritor vemos muchos puntos de
coincidencia. El narrador trasplanta a veces, consciente
o inconscientemente, sus propias vivencias a las páginas
de su obra, y una vez allí modifica detalles de
los hechos reales haciendo uso de su poder de imaginación;
pero trabajando, de entrada, con experiencias propias
reales. La original escritora aragonesa Soledad Puértolas
señala, en un magnífico libro de ensayo,
que "vida y literatura son cosas completamente distintas...
Es cierto, no se debe confundir la vida con la literatura...
Sin embargo, de una forma profunda, es casi para mí
imposible deslindar la vida de la literatura. Supongo
que es una especie de deformación profesional,
pero vivo con la sensación de que todo acaba o
puede convertirse en literatura."40
.
Está claro que Coloma "actuaría
como enlace entre el partido alfonsino jerezano -cuya
figura más representativa era el marqués
de Alboloduy- y Madrid, llevando y, sobre todo, trayendo
noticias y consignas, normas e iniciativas..."41.
Otro aspecto importante en la vida de
Coloma fue su vocación jesuítica. Hasta
1874 no piensa seriamente en esta posibilidad. Tenía
entonces veintitrés años42.
Pudo incidir en su vocación el miedo cristiano
a la condenación43 .
La novela como género. El epistolario
Coloma-Pereda
La revista donde comenzó a publicar
Coloma sus narraciones fue El Mensajero del Corazón
de Jesús44 . Publicó,
por ejemplo, dos curiosos artículos: El pensamiento
de los jesuitas45,
y La encíclica "Humanum Genus", contra
las sociedades secretas. La Masonería especulativa
fue perseguida y condenada46,
no por atentar contra principios cristianos, como sugiere
Ricardo de la Cierva47,
ni por hacer peligrar el equilibrio de las naciones, sino
por su falta de respaldo oficialista y por la esencia
iniciática tan peculiar que la Orden hizo tradición
desde sus comienzos48.
La revista El Mensajero era correa
de transmisión de otra publicación, La
Lectura Dominical, órgano oficial del Apostolado
de la prensa. En las últimas décadas del
siglo XIX, hubo un público muy concreto fidelísimo
a las revistas católicas. Los mismos escritos del
jesuita aparecerán publicados, sucesivamente, en
El Mensajero, La Semana Católica y La Revista
Popular, todas de inspiración cristiana. Por
eso, pronto alcanzó su firma gran popularidad.
"En el verano de 1885 creo que debe fijarse la composición
de Ranoque49 , modelo de
cuento que atestigua la madurez del escritor"50
.
El carteo con Pereda es de mucho interés.
El trato epistolar comenzó cuando Coloma le envió,
por la Navidad de 1885, algunos cuentos. A Pereda le gustaron
y su respuesta halagó al jesuita. En una de esas
cartas, Coloma se declara discípulo de Pereda51
. Desde mi punto de vista no fue tal, aunque Coloma se
lo dijese al interesado muy cortésmente52.
La novela, como género literario,
no fue bien vista siempre por Coloma, pues en 1884 escribe
que "es perjudicial en todas sus manifestaciones.
Las novelas -prosigue-, aun las buenas, las verdaderamente
morales... fomentan un falso idealismo, contrario a la
prosaica realidad". Parece que Coloma ve en la novela
algo pecaminoso per se, igualando la novela buena
con la novela cristiana moralizante. No tiene en
cuenta el valor literario del género.
De no haber tenido esa rigidez moral
propia del jesuitismo decimonónico, Coloma hubiera
podido escribir una narrativa moderna, contundente y exenta
de moralina innecesaria, digna de compararse con la mejor
de cualquier otro escritor de la época. No soy
yo el primero en objetar, a la narrativa de Coloma, esa
tendenciosidad notoria. Incluso el jesuita Hornedo reconoce
su existencia cuando dice que "no hay por qué
negarlo", aunque a continuación la justifique
aludiendo a la propia de otros autores como Alas, Blasco
Ibáñez o Galdós. En Blasco Ibáñez
sí que existe, pero apenas se aprecia en Galdós
nada equiparable, ni tampoco en Clarín.
Las tertulias. Gestación de Pequeñeces
Coloma debió tratar el asunto
de la Masonería en tertulias de amigos cuando menos,
pues el tema de las logias, de las supuestas ceremonias
secretas que tenían lugar en sus tenidas y todo
un sinfín de presuntas conspiraciones políticas
que los masones tramaban, eran rumores que corrían
de boca en boca. La política del siglo pasado se
hacía, en buena medida, en las tertulias de los
cafés, y en especial de los cafés de Madrid.
Es el caso de locales tan famosos como el Lorencini,
San Sebastián, La Cruz de Malta o el nombradísimo
de La Fontana de Oro. La mayor parte, si no todos,
están descritos por Galdós en sus obras.
La tertulia de café o de rebotica
fue "en definitiva, fiel reflejo de lo que ocurría
en el país y heraldo de sus acontecimientos"53.
"En esas tertulias -señala Pere Sánchez-
se discutía con libertad de todos los temas, convirtiéndose
en núcleos de iniciativas de todo tipo"54.
Y en algunas zonas rurales del país, ciertas asociaciones
que durante el primer cuarto del siglo empezaron a presentar
en apariencia rasgos económicos, bien pudieron
tener su origen en otro tipo de asociacionismo de carácter
social o político nacido en el siglo XIX. Como
señala el profesor Abadía, "es conocida
la inclinación y la necesidad que todo ser humano
siente de agruparse con sus convecinos para aunar fuerzas
y solidarizarse en tareas comunes que le lleven a conseguir
los mismos objetivos"55.
De esa inclinación nacen las pequeñas tertulias
de rebotica, las tertulias urbanas de café -casi
todas políticas- y el asociacionismo de ayuda mutua.
Al margen de los comentarios maliciosos
de café en los que se relacionaban los mandiles
de la Masonería con supuestas tramas o complots56,
daño hicieron, en muchos sentidos, los escritos
de Léo Taxil, vividor de educación jesuítica,
aventurero y falsario, iniciado en Masonería en
1881.
Coloma fue un gran conocedor de la aristocracia,
que pinta con maestría -a veces con ironía
y dureza- en títulos como Un milagro, La Gorriona
y Pequeñeces, entre otros. Pequeñeces
nació, casi con seguridad, de la insistencia que
Pereda hizo a Coloma, durante años, para que escribiese
una novela larga. El argumento lo tenía ya meditado
a fines del 87, aunque sin terminar de elaborar aún.
La idea era firme. Una vez pergeñada a grandes
rasgos, pensó primero titularla La samaritana,
aunque luego cambiase de opinión.
La importancia de los Episodios Nacionales
Ignoro si Coloma había leído
la obra de Antonio Flores cuando escribió Pequeñeces57.
Pero de haberlo hecho, hubiera podido sacar muchas ideas
y detalles curiosos de la sociedad del XIX.58.
De la obra de Flores es posible deducir, lo mismo que
sucede a otros niveles con la de Galdós59,
muchos datos relativos a las rutinas y costumbres del
Madrid de mediados del XIX, así como de modas,
usos de higiene60 y un
buen número de otros detalles que ayudan no poco
al atinado análisis del periodo vivido por Coloma
durante los años de su formación.
Galdós nos ofrece en sus libros
una panorámica completa del siglo XIX español.
Y esa veta es preciso aprovecharla. Los Episodios Nacionales61
se ocupan de esta parcela de la historia de España,
razón por la que nos parece más que lícito
acercarnos a Galdós. Montesinos escribe que Galdós
hace costumbrismo de modo magistral62.
De ese costumbrismo nos ha dejado páginas vivas
dedicadas a la Masonería de su época, incluso
a la de otro tiempo que tal vez no llegó a conocer
de modo directo, pero de la que, aún así,
habla con aparente buena información. Marañón
se hacía cruces del tremendo realismo galdosiano63.
Salvando las distancias, que las hay, algo parecido sucede
con los personajes de Coloma. Hay quien se pregunta la
razón de ese interés de Galdós por
la Masonería. Es verdad que Galdós estuvo
influido por Alcalá Galiano64,
y que le unió con José, nieto de Antonio,
unos fuertes lazos amistosos. Pero es muy probable que
hubiese algo más íntimo en el interés
del literato por la Masonería.
Según aseveración de Shaw
que comparto, "a excepción de Blasco Ibáñez
y unas pocas figuras menores, la novela española
de auténtico análisis y protesta social
murió con él"65.
Una mujer, protagonista. Juicios sobre
la novela
De Pequeñeces, Currita
Albornoz será el personaje a criticar por excelencia,
cúmulo de vicios y liviandades, encarnación
de la corrupción por antonomasia, mujer astuta
y egoísta. Y sin embargo, al final de la obra,
el autor le da un inesperado tinte de humanidad y de sencillez
en el que -no nos engañemos- va implícito
el sermón y la enseñanza66.
Se dice de Pequeñeces que es
una cruel crítica sectaria, fruto de la oscura
propaganda jesuítica67.
Otros escriben que se trata de un libelo, de una burla
contra los pilares de la sociedad. Y el escándalo
aún fue mayor por el retrato que se hace de personajes
reales más o menos conocidos. Incluso hay quien
va más allá, creyendo adivinar personajes
en clave que representan a otros de carne y hueso
de la época68.
Pequeñeces se vendió
mejor que bien69. La polémica
ejerció una notable propaganda. Por su correspondencia
con Pereda70 se deduce
que, tras acabar Pequeñeces, Coloma se enfrasca
en un estudio biográfico de doña María
Manuela Pignatelli de Aragón71.
El misterioso atentado. Final de trayecto
A principios de agosto de 1893, le sucede
a Coloma algo peculiar72.
Es víctima de una agresión física
en plena calle, de resultas de la cual sale contusionado73.
Coloma es testigo de un periodo trascendental, que tendrá
su reflejo en la prensa.
Históricamente, Coloma vive un
periodo crítico. En medio de este panorama, la
prensa jugará un papel de primer orden. El estudio
actual de la historia a través de la prensa me
parece importante. Del mismo parecer es J. M. Matés,
quien afirma que "la utilización de fuentes
hemerográficas en la investigación de los
acontecimientos históricos más recientes,
es práctica habitual en los historiadores"74.
La fecha del 2 de enero de 1908 es importante
en la biografía del padre Coloma. Su nombre será
propuesto para ocupar la vacante de Valentín Gómez
en la Real Academia Española de la Lengua. Lo apoyan,
entre otros, Antonio Maura y José Echegaray. Y
a fin de mes, tras las votaciones favorables, se le comunicó
la noticia. Su discurso de ingreso versó sobre
El autor de "Fray Gerundio" 75.
Como era de esperar, la prensa reaccionó
de forma variada tras su nombramiento. Y con la ocasión,
llovieron de nuevo críticas acerbas contra Pequeñeces.
Puck, en El Heraldo madrileño, escribía:
"Pequeñeces es un folletín indigesto,
antipático, cursi, soporífero".
En 1911, el corazón le da serios
problemas y pierde frescura mental. Pasa largas temporadas
en reposo. Y el 10 de junio de 1915, tras una breve agonía,
fallece el novelista76.
Alcalá Galiano escribió
que "
sus dotes de narrador, su ingenio, su
maestría en el diálogo, la observación
de los caracteres y del ambiente social de su época,
le otorgan un puesto muy honroso en la novela del siglo
XX".
Galería de personajes y argumentos
masónicos
En Pequeñeces aparecen
un total de 474 personajes nominados. De ellos, muchos
responden a existencia real, es decir, son retratos literaturizados
de la sociedad de su tiempo. Los hay de todo tipo y condición.
Dado que se trata de una novela, los personajes con más
relevancia son, la mayoría, fruto de la invención
del autor. Los personajes esenciales me parecen nueve
en total. Son los siguientes: Curra Albornoz, Villamelón,
Butrón, Jacobo Téllez, marquesa de Sabadell,
María Villasís, Diógenes, Frasquito
y el P. Cifuentes. Sólo con ellos, la novela podría
mantener al menos un sesenta por ciento de su actividad
total. Los nueve personajes esenciales suponen
el 1,8% del total de nominados. Entre religiosos y sacerdotes,
he contabilizado nueve. Y de ellos, al menos cuatro son
jesuitas. Los personajes vinculados a la Masonería
son siete en total, el 1,4%. Uno de ellos está
integrado en el grupo de los esenciales. Son los siguientes:
Jacobo Téllez, Manuel Ruiz Zorrilla, Prim, Garibaldi,
Francisco Javier Pérez Cueto, el rey Víctor
Manuel77, y Cassanello78.
Veamos, de manera resumida, una relación de personajes
y argumentos ligados a la Masonería .
Libro Primero80
*Ruiz Zorrilla, Manuel. Personaje histórico. Político.
Masón destacado. Gran Maestre honorario del Supremo
Consejo de España.
Libro segundo
*Téllez-Ponce Melgarejo, Jacobo81
. Ministro plenipotenciario español en Constantinopla
tras el asesinato de Prim. Casado doce años atrás
con la marquesa de Sabadell. Iniciado por Garibaldi en
las logias de Milán. Con sobrenombre masónico
de Hº Byron. Introducido por Prim en el complot inglés
contra la corona española82.
Acaba muriendo asesinado por los masones. Vicioso, jugador
y libertino.
*Prim, Juan. Conde de Reus. Militar y político.
Masón asesinado por masones83.
*Pág. 199/535. Motivos de Jacobo Téllez
para iniciarse.
*Garibaldi84. Masón
destacado.
*Pág. 201/536. Se habla de las logias de Italia.
*Pág. 202/536. Se describen insignias masónicas.
*Vittorio Emmanuele. Monarca italiano85.
*Pág. 205/537-538. La venganza masónica.
*Pág. 206/538. Se habla de los puñales de
las logias86.
*Pág. 212/541. Los sellos de lacre.
*Pág. 213/541. Signos masónicos.
*Págs. 251-52-53/558-559. Actuación de Jacobo
Téllez.
Libro Tercero
*Págs. 357-358/604-605. Jacobo recibe uno de los
sellos.
*Pág. 359/605. Se relaciona a Jacobo con el asesinato
de Prim en la calle del Turco de Madrid, fruto de un complot
masónico87.
*Pág. 360/606. Jacobo se pregunta si la Masonería
le reclama los documentos a él encomendados tiempo
atrás.
*Págs. 360-361/606. Jacobo teme a la Masonería.
*Pág. 366/608-609. Jacobo interroga al tío
Frasquito, donatario de los sellos masónicos, acerca
de si aún los tiene en su poder. Los sellos han
desaparecido misteriosamente.
*Pág. 367/609. Jacobo cuenta al tío Frasquito
parte del asunto de los masones. Miedo del viejo.
*Pág. 370/610. Una broma postal de Diógenes
es tomada por tío Frasquito como amenaza de masones.
Jacobo le sigue la corriente y lo deja en la ignorancia
por conveniencia.
*Pág. 371/611. Jacobo intenta averiguar quién
ha robado los sellos a tío Frasquito. Se convence
de que son las logias.
Libro Cuarto
*Pág. 405/625. Desde Italia, Jacobo escribe al
viejo Frasquito tranquilizándolo de su miedo hacia
los masones.
*Pág. 407/626-627. Jacobo visita a Garibaldi en
Caprera. Se disculpa por la pérdida de los antiguos
documentos. Garibaldi le ofrece cartas comendaticias para
los venerables de España.
*Pág. 408/627. Jacobo cree que ya no corre peligro.
*Págs. 441-442/642. Jacobo, tras ser aceptado por
Alfonso XII como Grande de España, recibe por correo
el segundo sello.
*Pérez Cueto, Fco. Javier. Fabricante de algodón.
Hombre de paja de un gran personaje. Masón destacado
de sobrenombre Hº Neptuno. A él van dirigidas
las cartas de recomendación escritas por Garibaldi
(en esos días ya fallecido), y entregadas a Jacobo
en Italia.
*Págs. 443-444/642-643. Jacobo decide excusarse
de una vez por todas, a fin de eludir los posibles peligros
masónicos. Espera ser nombrado ministro. De ser
así, él será quien ría de
burlas y amenazas de masones. Escribe a Pérez Cueto.
*Reus, Conde de. Juan Prim. Antiguo íntimo amigo
de Jacobo.
*Págs. 444-445/643. Plan de Jacobo para engatusar
al Hº Neptuno y probar su inocencia en el caso de
los documentos.
*Pág. 447/644. Jacobo ve por las calles de Madrid
a dos masones italianos, uno de ellos llamado Cassanello.
Se esconde en la iglesia del Carmen, junto a la calle
de la Montera88.
*Cassanello. Masón italiano conocido de Jacobo.
*Pág. 448/644. Jacobo vuelve a tener miedo de la
Masonería89 .
*Pág. 449/645. Respuesta del Hº Neptuno. Propuesta
de cita.
*Pág. 451/646. Extrañeza de Jacobo ante
la carta de citación. Burla del ritual de los masones
.
*Pág. 455/648. Acude Jacobo a su cita con el Hº
Neptuno, pero no llega nadie. Curra lo sigue por celos
de dama caprichosa.
*Págs. 456-457/648. Le cuenta a Curra el asunto
de los masones y ella se espanta. Se marchan juntos del
lugar.
*Págs. 458-459/649. Los masones asesinan a Jacobo
cerca del Ministerio de la Guerra, en el centro de Madrid,
mientras caminaba en compañía de Curra,
que huye aterrada del lugar del crimen.
*Pág. 460/650. Se identifica el cadáver
y se hallan en él dos cartas de Garibaldi dirigidas
al Hº Neptuno.
*Pág. 462/651. Las investigaciones policiales no
avanzan. Se rumorea que los masones andan mezclados en
el asunto.
*Págs. 462-463/651. Dos periódicos, presuntamente
fieles a la Masonería, publican en contra de los
tribunales y la justicia.
A modo de conclusión
La novela de Coloma conserva un tirón
especial. Pequeñeces -dice Shaw- "es,
en más de un sentido, un apéndice de La
Montálvez de Pereda. La novela, sermón
en términos narrativos, toma como tema la corrupción
de la alta sociedad madrileña que tolera como meras
pequeñeces lo que para la Iglesia son pecados mortales.
La historia se centra en la vida inmoral de la heroína,
Currita Albornoz, y culmina inevitablemente en su conversión
bajo influencia jesuítica"91.
Podríamos llegar sin esfuerzo
a ciertas conclusiones. Como primera y esencial, señalar
que Coloma pudo colocar a la Masonería en el telón
de fondo de los argumentos de Pequeñeces
por dos motivos: bien por atacar a la Orden, siguiendo
así el dictamen de la Compañía y
de la misma dirección de El Mensajero, cosa
que no me parece verosímil, o bien porque guardaba
de la Masonería recuerdos oscuros que no digiere
dentro y los exterioriza en el relato. Estoy convencido
de que, si bien Coloma da una visión más
bien negativa de la Orden, tampoco escribe contra ella
de manera explícita, cosa que podría haber
hecho de haberlo deseado. De ahí que me incline
a pensar que Coloma tuvo contactos, ya no sé de
qué tipo, ni de cuánta intensidad ni duración,
con la Masonería, máxime teniendo presente
que en su vida se dan varias curiosas coincidencias
con algunas situaciones planteadas en la obra de ficción,
sin contar los episodios misteriosos y no explicados a
los que ya hemos hecho referencia.
Coloma, igual que otros escritores de
su tiempo y de cualquier otro, entre los que debo incluirme
con modestia, realiza en la ficción un complejo
proceso autobiográfico que consiste en reflejar
las experiencias propias de un modo solapado, discreto,
distinto en teoría a la realidad pura y dura92.
El proceso se remata con la colocación de situaciones,
personajes o ambientes que, si bien se parecen en algunos
aspectos a uno mismo o a las circunstancias reales que
se cuentan, hacen que los hechos narrados queden, a la
vista y criterio de uno mismo, parcialmente modificados.
Eso le sucede a Coloma: pretende enmascarar en el relato
sus vivencias, sus retazos de vida, mas no evita que se
le note.
En la obra hay buena dosis de doctrina, si bien el novelista
sabe disimularla colocándola en lugares estratégicos.
Pequeñeces es una novela entretenida, con
misterio, con elementos sobrados para la buena ejecución
de la trama, con personajes inolvidables y bien trazados
-hay etopeyas brillantes-, y con una magnífica
ambientación que deja al descubierto la segunda
mitad del siglo XIX93 ante
nuestros ojos atónitos94.
1 Se editó inicialmente por entregas
en las páginas de la revista El Mensajero a
partir de enero de 1890.
2 Útil sería revisar a la vez la biografía
de Luis Coloma a fin de entender mejor la novela, pues
biografía y argumentos mantienen curiosos puntos
de contacto. Al no disponer de espacio para ello, prescindiremos
de esa faceta. Señalar, no obstante, que el testimonio
más antiguo para conocer la vida de este escritor
data de 1891. Se trata de la Biografía de
Luis Coloma escrita por Emilia Pardo Bazán (1851-1921).
Vendrían después un estudio del P. Constancio
Eguía, publicado por Razón y Fe en 1915,
y, sobre todo, el Estudio biográfico y crítico
del jesuita Rafael María de Hornedo.
3 He confrontado dos ediciones bien distintas de Pequeñeces
para la realización del presente trabajo, la 5ª
de Ediciones Cátedra (Madrid, 1987), que cuenta
con un estudio de Rubén Benítez, y la incluida
en la 4ª edición de las Obras Completas
de Luis Coloma, de Editorial Razón y Fe, S.A. (Madrid,
1960), con un sólido estudio del jesuita Rafael
María de Hornedo. La de Razón y Fe es una
edición especialmente bien hecha y cuidada, y aunque
a la más reciente de bolsillo de Cátedra
nada se le pueda objetar, usaré como base la susorreferida
de Razón y Fe.
4 HORNEDO, Rafael María de, "Estudio biográfico
y crítico", en COLOMA, Luis, Obras Completas,
Madrid, 4ª edic, Razón y Fé y El
Mensajero del C. de J., 1960.
5 Cfr. ARIAS CASTAÑON, Eloy y ENRIQUEZ DEL ARBOL,
Eduardo, "Masonería y Política en la
Sevilla del Sexenio democrático (1868-1874)",
en FERRER BENIMELI, J. A. (Coordinador), Masonería,
Política y Sociedad, Zaragoza, Centro de Estudios
Históricos de la Masonería Española,
1989, 35-54.
6 La reina Isabel, que se hallaba descansando en San Sebastián,
huyó a Francia el 30 de septiembre, tras treinta
y cinco años de reinado.
7 Con Fernando VII, Masonería y otros grupos liberales
se confunden. Tan es así que la idea de revolución
se halla por igual y con idéntica intensidad en
las logias como en los cenáculos clandestinos no
masónicos. Cfr. LACALZADA DE MATEO, María
José, "Masonería y Revolución
liberal. La vía de la emancipación humana
(1834-1902)", en FERRER BENIMELI, J. A. (coordinador),
Masonería, Revolución y Reacción,
Alicante, Instituto Juan Gil-Albert, Caja Ahorros Provincial
de Alicante y Generalitat Valenciana, 1990, 91-104.
8 "Con la llegada de Alfonso XII no sólo no
se truncaron las expectativas de los masones españoles,
sino que, por el contrario, el proceso de crecimiento
siguió en aumento". [ÁLVAREZ LÁZARO,
Pedro F., Masonería y librepensamiento en la
España de la Restauración (Aproximación
histórica). Madrid, Universidad Pontificia
de Comillas, 1985, p. 33].
9 Tras la promulgación, el 6 de junio de 1869,
de la nueva Constitución, se formó un nuevo
ministerio bajo la presidencia del general Prim, por haber
sido nombrado regente el duque de la Torre mientras se
buscaba un nuevo monarca.
10 MARQUEZ, F. y otros, "Breve reseña histórica
sobre el Madrid del siglo XIX", en La Masonería
en Madrid, Madrid, El Avapiés, 1987, p. 44.
Sobre este abandono de Madrid, v. BAHAMONDE Y TORO, "El
sexenio Democrático, 1868-1874", Historia
16, Madrid, Año VII, nº Extra XXII, junio,
1982, p. 32.
11 La escritura como oficio ha estado vinculada en cierta
forma con la institución masónica. Muchas
obras literarias de interés y de diversas épocas,
además de la de Coloma, contienen argumentos masónicos
o personajes ligados a la Orden. Citemos, a modo de ejemplo,
Flor de jacarandá, del profesor y novelista
asturiano Eduardo Alonso [Cfr. SERNA, Ricardo, "Eduardo
Alonso aborda con brillantez la historia de un ilustrado
masón", Rayuela, Revista Cultural de
El Periódico de Aragón. Zaragoza,
5-XII-1991]; El siglo de las luces, del cubano Alejo Carpentier,
El Grande Oriente, de Galdós, o también,
y sin ánimo de comparar, mi libro Los escritores
(Jaén, 1995), en el que los protagonistas se relacionan
también con la Francmasonería.
Hubo quien defendió en su día la adscripción
de Antonio Machado a la Masonería, cosa que no
está demostrada [Cfr. SERNA, Ricardo, "Antonio
Machado, Juan Gris y la Masonería", en Rayuela,
Revista Cultural de El Periódico de Aragón.
Zaragoza, 12-XII-1991].
12 HORNEDO, op. cit nota 4, p. XVII.
13 Tras la revolución de 1868 y la consiguiente
etapa de anticlericalismo, muchos creyentes se unieron
en la llamada Asociación de Católicos.
En 1872, Coloma era su secretario.
14 El interés de Coloma por la Masonería
aumenta conforme avanza el tiempo, en especial a raíz
de la publicación de la encíclica Humanum
Genus contra las sociedades secretas. Mucho antes,
no obstante, da la impresión de que Coloma tiende
de alguna manera a establecer una aproximación
personal con la Orden. Sabido es que durante el último
tercio del siglo XIX, Andalucía fue con mucho el
lugar de mayor implantación de la Masonería
española. Funcionaron "no menos de 435 Logias,
Triángulos y Capítulos repartidos a lo largo
y ancho de toda la geografía andaluza, desde Huelva
a Almería, en pueblos y ciudades". [ÁLVAREZ
REY, Leandro, "Extensión y desarrollo cronológico
de la Masonería en Sevilla: Logias y Obediencias
(1894-1936)", Cap. I, 1.1. de Aproximación
a un mito: Masonería y política en la
Sevilla del siglo XX, Sevilla, Ayuntamiento, 1996, p.
33].
15 Cfr. FERRER BENIMELI, José A., "Ruiz Zorrilla
y Manuel Azaña, masones y jefes de gobierno".
Historia 16, Madrid, Año XIX, nº 215,
marzo, 1994, 25-36.
16 Como sucede en el caso de Galdós, la Masonería
ha jugado en las obras de Coloma un papel que, aunque
distinto para cada cual, es importante en ambos escritores.
17 Gaceta Oficial del Gran Oriente Nacional de España
(1887-1893), 1-V-1888, Madrid, p. 57.
18 MESONERO ROMANOS, Memorias de un setentón, Madrid,
1975. Cfr. BAHAMONDE Y TORO, Burguesía, especulación
y cuestión social en el Madrid del siglo XIX, Madrid,
Siglo XXI Editores, 1978.
19 "En 1876 este Gran Oriente, con su sello participativo
y democrático, consiguió de nuevo que un
Presidente del Gobierno lo liderase, ahora Práxedes
Mateo Sagasta, jefe también del Partido Liberal,
en quien recaía la doble responsabilidad de Gran
Maestre y de Gran Comendador" [OLLERO VALLÉS,
José Luis, "Práxedes Mateo Sagasta
y la masonería [sic]: relación institucional
e ideológica. Una nueva aportación al binomio
Masonería-Política", en FERRER BENIMELI,
J. A. (coordinador), La masonería [sic] española
entre Europa y América, Zaragoza, Diputación
General de Aragón, 1995, t. I, 77-84].
Cfr. OLLERO VALLÉS, J. L., El progresismo como
proyecto político en el reinado de Isabel II: Práxedes
Mateo-Sagasta, 1854-1868. Tesis de Licenciatura. Inédita
[defendida en la Universidad de Zaragoza, curso 1996-97].
20 HORNEDO, Rafael María de, op. cit, nota 4, p.
XIX. El siglo, literariamente hablando, es más
complejo de lo que aparenta. José Zorilla (1817-1893)
nacionaliza el movimiento romántico, que va a culminar,
a mi entender, en las figuras de Gustavo Adolfo Bécquer
(1836-1870) y Rosalía de Castro (1837-1885). Pero
sin embargo, la auténtica transición hacia
el realismo está en la prosa de Alarcón
(1833-1891) y de Fernán Caballero (1796-1877),
si bien Pereda es el auténtico impulsor del movimiento
costumbrista puro.
21 Cfr. REGALADO, A., "B. Pérez Galdós
y la novela histórica española". Madrid,
Ínsula, 1966. Cfr. SHOENAKER, W. H., Estudios sobre
Galdós, Madrid, Castalia, 1970.
22 Cfr. ZALDIVAR, G. y CABRERA, R., Homenaje a Gertrudis
Gómez de Avellaneda. Miami, Universal, 1981.
23 A comienzos de 1871 se publicó en el Semanario
Católico un artículo titulado "¡Paz
a los muertos!", que según Hornedo "es,
tal vez, su primer impreso" [HORNEDO, Rafael M. de,
op. cit nota 4, p. XX].
24 ENRÍQUEZ DEL ÁRBOL, Eduardo, "La
masonería [sic] en la prensa Carlista y Católica",
en FERRER BENIMELI, J. A. (coordinador), Masonería
y Periodismo en la España Contemporánea.
Zaragoza, Prensas Universitarias, 1993, 31-48.
25 Se publicó en Madrid, en una colección
de novela denominada La familia cristiana. Biblioteca
de novelas morales dedicada a la juventud, números
27, 28 y 29. Estaba prologada por su amiga Fernán
Caballero y dedicada a Gertrudis Gómez de Avellaneda.
26 El Progreso, 1 de noviembre, 1872.
27 El episodio ha sido interpretado de mil maneras. Se
dijo que el balazo recibido fue consecuencia de un duelo,
posibilidad romántica pero nada probable. Se comentó
que la herida no fue de bala, sino de arma blanca, y que
se la habían producido a Coloma en Sevilla, en
una reyerta por asunto de amoríos, el día
de la inauguración del café de Emperadores.
La tercera teoría habla de que a Coloma se le pudo
disparar una pistola de forma accidental. Por su parte,
Emilia Pardo Bazán, en la Biografía
de Coloma, dice que Coloma se hirió a sí
mismo involuntariamente. Creo que hubo algo más
en el asunto. El padre Gonzalo Coloma, hermano de Luis
y jesuita como él, escribe al padre Eguía
y le comenta la posibilidad de que Luis pudiese haber
resultado herido por una disputa política. Parece
probado que no se hirió él mismo accidentalmente,
como escribe Fernán, sino que alguien le dio el
tiro deliberadamente.
28 HORNEDO, Rafael María de, op. cit nota 4, p.
XXVIII.
29 PARDO BAZAN, Emilia: Biografía, 1891.
30 HORNEDO, Rafael María de, op. cit nota 4, p.
XXXI.
31 El propio Coloma lo cuenta: "Sucedió que
por abril de 1872, vino a Sevilla cierto personaje que
ocupaba a la sazón un puesto de gran confianza
al lado de Isabel II. Conocíle yo una noche en
esta nueva residencia de Cecilia, de quien era muy amigo,
y díjome esta misma a los pocos días que
el personaje en cuestión había marchado
precipitadamente a París, llamado por su señora"
[En Recuerdos de Fernán Caballero. Con la
expresión "su señora" se
refiere Coloma a Isabel II]. El personaje al que Coloma
se refiere tenía la misión de entregar ciertos
papeles al duque de Montpensier. Mas dada la necesidad
de salir de viaje hacia París con urgencia, depositó
los documentos en manos de Fernán, a fin de que
fuese ella quien los entregase a Montpensier a su llegada
a Sevilla, prevista para un par de días después.
La escritora cayó enferma y delegó en Luis
el encargo. Aquella tarea agradó a Coloma. "Acepté
entusiasmado el encargo -escribe-, deseoso de complacer
a mi anciana amiga, halagado mi amor propio por la prueba
de confianza que se me daba y ufano y hasta altivo por
representar un papel, aunque fuese sólo de humilde
partiquino, en el drama de la restauración...".
Y añade luego: "
porque en vano me aseguró
Fernán que, bajo aquel repleto sobre lacrado con
las armas de Isabel II, solamente había documentos
de familia relativos a la reconciliación ya efectuada.
Mi fantasía de veinte años tomaba otros
rumbos y empeñábase en descubrir bajo aquel
recio papel satinado algo más importante y dramático,
algo así como el plan de la conjura que había
de restituir a Alfonso XII el trono de sus mayores...".
Leyendo este párrafo, viene a la mente de forma
inmediata el pasaje de Pequeñeces en el que Jacobo
Téllez, marqués consorte de Sabadell, libertino,
iniciado como masón en las logias de Milán,
recibe de los masones italianos el encargo de entregar
a sus hermanos en España unos importantes y comprometedores
documentos de vital interés para la corte de Amadeo
I. [COLOMA, Luis: Obras completas. Madrid. Razón
y Fe, S.A. y Mensajero del C. de J. 4ª edic., 1960.
Libro II, I, 525 y VIII, 558-559]. El paralelismo es claro.
La escena es idéntica (compárense los dos
fragmentos). Las similitudes son evidentes. En su descripción,
escribe Coloma: "me dirigí en coche al palacio
de San Telmo, por la puerta de las caballerizas, llevando
el misterioso cartapacio". Recuerda mucho la estampa
a la que aparece en el principio del libro II de Pequeñeces,
protagonizada por el personaje de Jacobo: "El viajero
dio varias vueltas al cartapacio con cierta curiosidad
contenida, y aun llegó a mirar al trasluz... El
coche había cruzado..." [Op. cit nota 32,
Libro II, I, 525].
32 COLOMA, Luis: Obras completas. Madrid. Razón
y Fe y Mensajero del C. de J. 4ª edic., 1960.
33 Entre las de Cádiz y las de Sevilla, suman 70
logias en 1871. Ante tantísima penetración
masónica, parece difícil que alguien con
inquietudes políticas como Coloma no se interesase,
de algún modo, por conocer mejor el fenómeno.
34 La primera relación clara de la Masonería
con el asesinato del general Prim aparece en Pequeñeces
en el Cap. I del Libro II, donde se lee: "...vino
[Jacobo Téllez, masón] a refugiarse de nuevo
en España el año 68, tomando parte activísima
en la Revolución y recorriendo, al lado de Prim,
las provincias andaluzas, arengando a las muchedumbres...Formó
parte de las Cortes Constituyentes del 69, y de repente,
cuando el asesinato de Prim, desapareció otra vez
de Madrid.." [Op. cit nota 32, págs. 528-529].
Dice y no dice el jesuita. Coloma implica solapadamente
a su personaje en el asesinato. El segundo apunte
-éste más claro todavía- lo vemos
en el siguiente párrafo: "¡La calle
del Turco!.. Allí se había cometido cuatro
años atrás un asesinato, otro asesinato,
en la persona de un hombre famoso, de un amigo [de Jacobo
Téllez] que le había hecho a él grandes
favores, favores de lobo a lobo, pero al fin y al cabo
siempre favores... También entonces habíase
vislumbrado en aquello la mano de los masones, y él,
¡oh!, él sabía bien a qué atenerse...
Por eso tuvo que huir a toda prisa impulsado por el destino..."
[Op. cit nota 32, pág. 605].
35 En Pequeñeces, aparecen los masones a
modo de sombras, como amenazas permanentes, como algo
siniestro que no deja de enturbiar jamás la vida
de ciertos personajes, muy en especial la del propio Jacobo
Téllez, quien recibió la luz años
atrás en las logias milanesas y que se halla en
aparente estado de sueño.
36 Los muchos desplazamientos del duque de Montpensier
pueden seguirse rastreando las cartas de la infanta Luisa
Fernanda, fechadas siempre con precisión.
37 Noticias acerca del registro en la pensión de
Coloma aparecen en media docena de periódicos,
entre ellos en El Tiempo, de Madrid, y en El
Progreso, de Cádiz.
38 HORNEDO, Rafael María de, op. cit nota
4, p. XXXIII.
39 Op. cit nota 32, I, Cap. VI. En la edición más
reciente de Cátedra, p. 120 y ss.
40 PUÉRTOLAS, Soledad, "La vida novelada",
cap. III, 1 de La vida oculta, Barcelona, Anagrama, 1993,
p. 247.
41 Op. cit nota 4, p. XXXIV.
42 Op. cit nota 4, p. XXXV. La vocación
jesuítica de Coloma, además de ser en parte
deudora de su misma formación humana e intelectual,
debe también mucho a sus experiencias en Jerez
y, sobre todo, en Madrid. La capital, foco de todo tipo
de corrupciones -en Pequeñeces califica
varias veces Madrid como "hedionda charca" y
fuente de vicio y perversión-, le hizo recapacitar.
43 "¿Quién puede garantizar al que
se pierde, que no ha de morir antes de que se arrepienta?"
[Correspondencia. Carta de Coloma a su madre].
Ya que hablamos de literatura, permítaseme la licencia
de fantasear un momento a mis anchas. De hacerlo así,
podríamos mantener la sugerente hipótesis
de que Coloma, habiendo tenido algún contacto con
la Masonería antes de 1874, viese en la vocación
jesuítica un modo de compensar el tirón
juvenil sentido hacia la Orden. En la vida de Coloma hay
tres o cuatro episodios un tanto crípticos que
vienen a la cabeza de uno cuando se formula una hipótesis
semejante, en especial esa carta que Coloma escribe a
la duquesa de Villahermosa, fechada en Deusto el 12 de
agosto de 1893. Medio mes antes había sido objeto
el jesuita de un ataque violento en plena calle por parte
de unos desconocidos. Recordemos lo que Coloma escribe
a la duquesa: "Hay quien dice y cree que esto ha
sido una tentativa de asesinato, a causa de graves asuntos
que tuve en Madrid. Y como los asuntos existen realmente,
es esto cosa delicada y comprometida" [HORNEDO, op.
cit nota 4, LXXVI]. ¿A qué asuntos y
cosas delicadas y comprometidas se refiere Coloma?
44 La dirección de la revista pasó a manos
de los jesuitas en 1883. Es a partir de entonces cuando
Coloma puede acceder con facilidad a sus páginas.
45 En él se explican los fines pretendidos por
la Compañía en la fundación del Centro
universitario de Estudios Superiores de Deusto.
46 Cfr. FERRER BENIMELI, J. A., La masonería
[sic] después del Concilio, Madrid, AHR, 1968.
47 "La Masonería es, por lo tanto, un estertor
de paganismo en nuestro tiempo, como nos advirtió
el Papa León XIII... La Masonería -añade-
es esencialmente anticristiana". [CIERVA, Ricardo
de la, El triple secreto de la Masonería.
Ávila, Fénix, 1994, p. 347]. [Cfr. SERNA,
Ricardo, "El triple secreto de la Masonería.
Ricardo de la Cierva", Aportes, Revista de Historia
Contemporánea. Madrid, año X, nº
28, octubre 1995, 199-200].
48 Para una descripción literaria del ceremonial
iniciático, v. SERNA, Ricardo, "La noche de
la promesa", en La noche de papel. Relatos completos,
1968-1987, Zaragoza, Compás Narrativa, 1990,
p. 211 y ss. Sobre ritual y grados en Masonería,
consultar FABRE, Antoine, "Masonería, Esoterismo
y Ocultismo", en "La Masonería",
nº Extra IV Historia 16, Madrid, nov. 1977, 137-145.
49 COLOMA, Luis, op. cit nota 32, 104-116.
50 HORNEDO, Rafael Mª de, op. cit nota 4,
XLVII.
51 HORNEDO, Rafael Mª de, op. cit nota 4,
p. XLVIII.
52 Mentira piadosa de Coloma a Pereda, al que también
escribe: "Cuando yo lo escribí [se refiere
a Juan Miseria] no le había leído
a V. todavía, y se resiente por eso de cierta especie
de tonillo sentimental, muy propio de Fernán, que
la lectura y estudio de sus obras de V. me ha quitado
posteriormente". (Carta de 25 de enero de 1889).
Ese tonillo sentimental lo tendrá siempre
Coloma, incluso hasta en Pequeñeces, donde
se dejan notar rasgos literarios muy propios de Fernán
Caballero.
53 URREIZTIETA, José Luis, Las tertulias de
rebotica en España. Siglos XIX-XX. Madrid,
Alonso, 1985, p. 20.
54 SÁNCHEZ I FERRÉ, Pere, "Biografía
masónica de Rossend Arús", en FERRER
BENIMELI, J. A. (coordinador), La masonería
[sic] en la España del siglo XIX, Valladolid,
Junta de Castilla y León, vol. II, 1987, p. 834.
55 ABADIA TIRADO, Joaquín, "Prólogo",
en ABADIA TIRADO, José, Asociacionismo en Moyuela.
Cuadernos Pedro Apaolaza nº 8, Zaragoza, Asociación
Cultural Arbir-Malena, 1996, 5-6. En el cap. 2, pág.
14, se habla de dos formas de asociación local,
la sociedad y el centro, que bien pudieran derivar
quizá de antiguas asociaciones o grupos de ayuda
mutua o, incluso, de alguna otra forma de asociacionismo
cultural o cívico de raíz decimonónica
cuya memoria se hubiese perdido.
56 PORSET, Charles, "Genealogía del complot
masónico", en FERRER BENIMELI, J. A. (coordinador),
Masonería, Revolución y Reacción,
Alicante, Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, 1990,
t. I, 337-352.
57 Antonio Flores dirigió el semanario El Laberinto.
Entre sus obras merecen reseña Ayer, hoy y mañana
(1853), retratos que reflejan la evolución
de la sociedad española del XIX.
58 La editorial Alianza rescató parte de sus escritos
bajo el título La sociedad de 1850.
59 La obra de Flores resulta de interés, aunque
cosa bien distinta es la de Galdós, verdadera crónica
de su tiempo.
60 "A mediados del XIX, la apremiante y urgentísima
necesidad de agua potable era un hecho incontestable en
la ciudad de Madrid, más acuciante si cabe en los
meses de verano" [MATÉS BARCO, Juan Manuel,
"Gestión municipal y servicios urbanos: el
abastecimiento de agua a Madrid en el siglo XIX".
Anuario de Investigaciones (separata), Hespérides,
1994].
61 FERRER BENIMELI, José A, La masonería
[sic] en los Episodios Nacionales de Pérez Galdós.
Madrid, Fundación Universitaria Española,
1982.
62 MONTESINOS, José F., Estudios sobre la novela
española del siglo XIX. Madrid, Castalia, 1968,
vol. I, 110 y ss.
63 MARAÑON, Gregorio, Elogio y nostalgia de
Toledo. Madrid, Espasa-Calpe, 1961, p. 62.
64 De sus obras, destacar Recuerdos de un anciano
(1878) y Memorias (1886), ambas póstumas.
Antonio Alcalá Galiano se confiesa masón
en sus Memorias. En compañía de José,
viajó Galdós a Inglaterra en 1883. Bien
pudo ser iniciado durante cualquiera de sus desplazamientos
a ese país.
65 SHAW, Donald L., Galdós, Clarín y
Pardo Bazán. El siglo XIX, vol. 5, Historia de
la Literatura española. Ariel, 1976, 194 y
ss.
66 Pequeñeces se publicó en El Mensajero
desde enero de 1890 hasta marzo del año siguiente.
Luego se editó en forma de libro. Al principio,
las críticas fueron buenas, pero pronto se volvieron
las tornas y los comentarios hablaban de auténtico
escándalo editorial.
67 El conde de Guaqui escribió en El Heraldo
de Madrid: "Sabido es que entre los jesuitas
nadie se mueve sin orden superior; los actos todos de
cada uno de sus individuos se encaminan a un fin determinado...
El padre Coloma, S. J., ha escrito su libro con anuencia
o por mandato de sus superiores; esto es indudable".
Y termina preguntándose qué maquinación
hace la Compañía, qué objetivo persiguen
con ello los jesuitas.
68 A Pedro López, cronista de saraos que aparece
en Pequeñeces, Fernández Almagro
lo emparenta con el periodista Ramón de Navarrete
-Asmodeo de seudónimo-, quien, según las
malas lenguas, llevaba los bolsillos del frac forrados
de hule para poder arramblar con las exquisiteces de los
festines. Claudio Molinos tiene su alter ego real en Felipe
Ducazcal, fundador de El Heraldo de Madrid y ferviente
amadeísta. Y el personaje de Butrón, más
difícil de emparentar, lo han asociado algunos
a Molíns; otros, en cambio, al marqués de
Alboloduy, alfonsino jerezano. Y respecto a Jacobo Sabadell,
noble y masón, el marqués de Lema señala
que se parece mucho al retrato del marqués de Sardoal.
69 En 1891 se vendieron cincuenta mil ejemplares. Manejando
las cifras de Pardo Bazán, "la tercera edición
de Pequeñeces (siete mil ejemplares), se
vendió antes de terminarse, ni siquiera llegó
a verse en librerías; desapareció de ellas
por arte de birlibirloque" [PARDO BAZAN, Emilia,
Nuevo Teatro Crítico, 1891].
70 Carta de Coloma a José Mª de Pereda, de
28-XI-1891.
71 Cfr. COLOMA, Luis, Retratos de antaño. Madrid,
Razón y fe, 2 vol., 1951.
72 Hornedo da cuenta de los hechos, aunque no se pronuncia.
Cfr. HORNEDO, Rafael María de, op. cit nota 4,
LXXVI.
73 Coloma, en carta a la duquesa de Villahermosa, escribe:
"Hay quien dice y cree que esto ha sido una tentativa
de asesinato, a causa de graves asuntos que tuve en Madrid.
Y como los asuntos existen realmente, es esto cosa delicada
y comprometida". ¿A qué graves asuntos
se refiere el jesuita? Leída Pequeñeces,
y con el grado de fantasía que todo escritor ha
de poner sobre la mesa, la imagen paralela que viene a
la mente enseguida es el lance en el que Jacobo Téllez
es atacado en plena vía pública por los
masones [COLOMA, Luis, Pequeñeces, IV, Cap.
VI, op. cit nota 32, p. 649].
74 MATÉS, Juan Manuel, "Prensa tradicionalista
en Jaén: El Pueblo Católico (1929-1931)".
Reunión VI Congreso de Profesores-investigadores,
Espérides, Montilla, 1987.
75 El leonés José Francisco Isla, que ingresó
en la Compañía de Jesús a la temprana
edad de 16 años, publicó la novela en dos
partes, la primera de las cuales sale de imprenta en 1758,
obteniendo un notable éxito. La obra es precursora
del costumbrismo decimonónico.
76 En 1888, Menéndez Pelayo había dicho
de él: "Su libro [Lecturas recreativas]
me ha revelado en usted una verdadera genialidad de novelista".
77 De la lectura de la novela se desprende que Víctor
Manuel II de Italia fue masón, igual que su hijo
Amadeo, duque de Aosta y Rey de España. De los
argumentos surge la lógica pregunta de por qué
otra razón, si no, la Masonería italiana
intentaba apoyar al gabinete que sostenía en España
el gobierno de Amadeo. En la obra, vemos que Jacobo Téllez
es portador de unos documentos cuyo destinatario parece
ligado a la casa de Saboya en España. Como esos
documentos no son entregados, Jacobo se siente perseguido
más tarde por los propios masones, ya que éstos
no parecen dispuestos a pasar la paleta y olvidar
la traición. La historia, sin embargo, no siempre
es como aparece en las novelas. En este caso, el profesor
Aldo A. Mola, especialista en la historia de la casa de
Saboya y buen conocedor del fenómeno masónico
en Italia, me asegura personalmente que ni Víctor
Manuel ni su hijo fueron masones: "posso assicurarle
che Vittorio Emanuele II, re di Sardegna prima, d'Italia
poi, non fu mai iniziato alla massoneria...neppure don
Amadeo fu massone" [Su carta, 6.IV.1997]. Cfr. MOLA,
Aldo A., Storia della Massoneria italiana dalle origini
ai nostri giorni, Milano, Bompiani, 1994.
78 Hay otro personaje masón, al que no se cita
con nombre propio. Es el acompañante de Cassanello.
Aparece en un par de ocasiones, especialmente en Libro
IV, Cap. VI. [Op. cit nota 32, 644. En la edición
de Rubén Benítez, p. 446-447. Madrid, Cátedra,
5ª edición, 1987].
79 Sólo contemplamos aquí los personajes
esenciales relacionados de alguna forma con la Masonería
y la ubicación precisa de los argumentos masónicos.
80 Se anota primero la numeración correspondiente
a la edición de bolsillo de Rubén Benítez
[COLOMA, Luis, Pequeñeces. Madrid. Cátedra,
Letras Hispánicas. 5ª edic., 1987]. Y acto
seguido, separado por una barra, la numeración
correspondiente al volumen Obras Completas, al que hemos
venido haciendo referencia [COLOMA, Luis, Pequeñeces,
en Obras completas, Madrid, Razón y Fe y Mensajero,
4ª edic., 1960, 474-667].
81 Este personaje -a decir del narrador de la novela-
tiene cierto parecido físico con el poeta lord
Byron. El literato inglés aludido, además
de aventurero y político, sufrió exilio
y colaboró en Italia con los carbonarios. Los paralelismos
son notables con Jacobo Téllez, quien, una vez
en Italia, es iniciado en Masonería por Garibaldi.
82 Coloma quiere poner en relación directa al personaje
de Jacobo con las intrigas y contactos históricos
que tuvieron lugar en Londres entre Ruiz Zorrilla y otros
colaboradores de Prim con los dirigentes carlistas, a
fin de derrocar el gobierno español.
83 Dentro del argumento de Pequeñeces, Coloma
establece una oscura relación entre el asesinato
de Prim y un supuesto complot masónico, del que
no es ajeno el personaje de Jacobo.
84 Luis Coloma introduce a Giuseppe Garibaldi (Niza 1807-Caprera
1882) en su novela a modo de gran mito de las ideas masónicas.
85 Mucho se ha rumoreado acerca de si ciertos miembros
de la casa de Saboya estuvieron relacionados o no con
la Masonería, entre ellos Víctor Manuel
II y su hijo Amadeo. El profesor Aldo Mola está
convencido de que ninguno de los dos fue iniciado en Masonería
[v. nota 77].
86 El padre Coloma habla de los puñales vengativos
de la Masonería como aquel que, habiendo escuchado
campanas, no sabe dónde. Probablemente, algún
rumor acerca de los ritos iniciáticos produjo en
el jesuita un aumento de inspiración literaria,
lo que le vino muy bien para formalizar una trama misteriosa
en la novela. La aparición de puñales rituales
en ceremonias masónicas de iniciación es
tradicional, no sólo en la realidad de esos mismos
rituales, sino también en algunas obras narrativas
aparte de Pequeñeces. Yo mismo escribí hace
años un relato en el que se da cuenta de dicho
ritual [Cfr. "La noche de la promesa", en SERNA,
Ricardo, La noche de papel. Relatos completos,
1968-1987, Zaragoza, Compás Narrativa, 1990, 211-214].
87 Este pasaje es interesante. En él se dice que
también "entonces había vislumbrado
en aquello [la cursiva es de Coloma, no mía] la
mano de los masones, y él, ¡oh!, él
sabía bien a qué atenerse. Por eso tuvo
que huir a toda prisa...". Está claro que
Coloma desea integrar a su personaje, sin el menor género
de dudas, en el complot a resultas del que muere asesinado
el prestigioso militar. Coloma juega con Jacobo Téllez-Ponce
al aventurero sin escrúpulos, vividor y libertino,
que lo mismo conquista el amor voluble de Curra como es
capaz de atentar contra una vida humana.
88 La escena me trae a las mientes una de las brillantes
greguerías de Ramón Gómez de la Serna,
esa que define el Madrid de su tiempo diciendo: "Madrid
es que haya siempre iglesias abiertas y a mano para asilo
y confesión" [v. GOMEZ DE LA SERNA, Ramón,
Greguerías. Madrid, Cátedra, 1983,
p. 241].
89 La venganza masónica parece ser una constante
en el argumento de Coloma. Prim, masón, es muerto
por masones tras un complot instigado por la venganza.
Y ahora, la Masonería vengativa quiere acabar con
Jacobo Téllez -y acaba con él al final de
la novela- por vengar su traición de años
atrás.
90 Cfr. LÓPEZ CASIMIRO, Francisco, "Crítica
y mofa de las ceremonias masónicas", en
Masonería, prensa y política (Badajoz,
1875-1902), Granada, Universidades de Granada y Extremadura,
1992, cap. IV, p. 221.
91 SHAW, Donald L., El siglo XIX, t. 5 de la Historia
de la Literatura Española, Barcelona, Ariel,
1976, p. 182.
92 Ya nos hemos referido con anterioridad a los paralelismos
entre situaciones que se saben vividas por el autor y
otras que, casualmente, aparecen en la novela.
93 Para una información sobre fuentes y bibliografía
de la Masonería, v. FERRER BENIMELI, José
A. (coordinador), La Masonería en la historia
de España, Zaragoza, Diputación General
de Aragón, 1989, 333-383. Cfr. FERRER BENIMELI,
J. A., y LACALZADA DE MATEO, María J., "Bibliografía
masónica española del Centro de Estudios
Históricos de la Masonería Española",
en FERRER BENIMELI (coordinador), La masonería
[sic] española entre Europa y América, Zaragoza,
Diputación General de Aragón, 1993, t. II,
1055-1093. Al lector interesado en los temas que abarca
la presente comunicación congresual, me permito
remitirlo a mi libro Masonería y Literatura.
La Masonería en la novela emblemática de
Luis Coloma, Madrid, Fundación Universitaria
Española [FUE], 1998.
94 El presente ensayo fue publicado en Ferrer Benimeli,
J. A. [coordinador], La masonería [sic]
española y la crisis colonial del 98, [2
vol.]. Actas del VIII Symposium Internacional de Historia
de la Masonería Española. Centro de Estudios
Históricos de la Masonería Española
(Universidad de Zaragoza), Zaragoza 1999, vol. I, pp.
363-382.
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