MARTÍNEZ BARRIO, EN SEVILLA
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Por Ricardo Serna

 

   Es un hecho demostrado por la estadística que la mayoría de los seres humanos desean ser enterrados en su lugar de nacimiento. La última voluntad de Diego Martínez Barrio fue también esa, la de que sus restos mortales descansasen algún día en su Sevilla natal. En esa bella localidad sureña nació Martínez Barrio en 1883. Según relatan sus biógrafos, fue un hombre de humilde origen y trabajó de tipógrafo, siendo luego dueño de una imprenta. Admirador de Lerroux, se aproximó al republicanismo y comenzó una carrera política que le llevaría, tras muchas peripecias y sobresaltos, hasta la presidencia de la República Española en el exilio.
   Este andaluz de genio y figura fue jefe de la minoría radical en el Congreso y ministro de Gobernación con Lerroux en septiembre de 1933. Dos años antes ya había ocupado la cartera de Comunicaciones en el gobierno provisional. Su andadura política, salpicada de problemas y obstáculos de todo tipo, le llevó a la fundación de Unión Republicana, un partido político nacido en un momento histórico tan delicado como trascendental para la España del siglo XX. Tras las elecciones del febrero de 1936, fue elegido presidente de las Cortes. Y al ser destituido Alcalá Zamora, se hizo cargo interinamente de la presidencia de la República entre los meses de abril y mayo de ese mismo año. Al poco, tras producirse la sublevación del 18 de julio, Martínez Barrio pretendió la formación de un gobierno de conciliación ofreciendo a Mola una cartera ministerial, pero el asunto fracasó. Durante la guerra civil actuó de consejero de Azaña, y una vez exiliado, en 1945, fue nombrado presidente de la República Española. Una biografía que contada así, a grandes rasgos, no da la medida de sus auténticos valores.
   Si recordamos ahora su figura de manera especial es porque el 15 de enero del presente año se inhumaron en Sevilla, en el cementerio de San Fernando, sus restos mortales trasladados desde París, ciudad en la que falleció en 1962. Por tal motivo, el Alcalde de la ciudad y el presidente de la Asociación de Abogados Progresistas de Andalucía cursaron una invitación oficial conjunta que remitieron a personalidades del mundo político y a las distintas obediencias masónicas, pues Diego Martínez Barrio fue, como es sabido, Gran Maestre del Gran Oriente Español. Al día siguiente, La Gran Logia Simbólica Española celebró en Sevilla una tenida fúnebre en memoria del ilustre prócer.

 

1 Publicado en la revista La Acacia, Nueva época Nº 7, Zaragoza, marzo 2000, p. 8.