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MASONERIA Y DECADENCIA DE ESPAÑA
Les Documents Maçonniques, una revista antimasónica
en la Francia ocupada1
Por Ricardo Serna
1. LA REVISTA. REDACTORES, MOTIVACION Y ESTRUCTURA.
________________________________
Cayeron en mis manos hace poco, por
gentileza de un admirado y buen amigo, los originales
de doce números de la revista Les Documents
Maçonniques2. Los que
he podido tener entre manos, abarcan, cronológicamente
hablando, desde octubre de 1942 hasta septiembre de 19433.
Esta publicación, de periodicidad mensual, cimentaba
su existencia en una nítida y tenaz labor antimasónica
que llama poderosamente la atención desde la curiosa
hechura de sus páginas. Fue publicada en Francia
por sectores colaboracionistas contrarios a toda asociación
de talante democrático. Como director de la revista
figura, para los doce números citados, Bernard
Fay , permaneciendo igualmente invariable, durante ese
periodo de tiempo, todo el equipo de redacción4.
Junto al director y a Vallery Radot, Marquès Rivière
es uno de los máximos responsables de la edición
de la revista. Marquès Rivière dirigió
en París un centro antimasónico de información,
vigilancia y represión, "instalado a título
personal en la calle Greffulhe"5,
con el beneplácito y autorización de los
alemanes. Su pensamiento antimasónico resulta chocante
cuando menos si tenemos en cuenta que había sido
iniciado en la Masonería en sus años jóvenes.
El 4 de febrero de 1942, J. Marquès Rivière
fue el protagonista de un decreto de derogación,
según el cual Pétain, "considerando
que Jean Marquès Rivière se separó
totalmente de la Masonería desde 1930, y desde
ese día aplicó todo su celo a revelar a
sus compatriotas los peligros de esta sociedad",
derogaba en su favor las disposiciones de la ley del 11
de agosto del año 1941, según la cual debían
publicarse -como se hizo de hecho- en el Diario Oficial,
las listas de los dignatarios de la Masonería,
"quedando asimilados a los judíos al serles
prohibido el acceso al ejercicio de las funciones y mandatos
enumerados en el artículo 2 de la ley del 2 de
junio de 1941 sobre el estatuto de los judíos"6.
Escribió numerosos libros atacando a la Masonería.
Es autor, por ejemplo, de Cómo la Francmasonería
hace una revolución (1936), donde se habla
de la situación politico-social española7.
La revista, que sin duda se sostuvo
económicamente gracias, sobre todo, a sus abonados
de cuota8, era editada con la
más que probable subvención solapada del
gobierno y de algunos círculos políticos
interesados de la burguesía gala más tradicionalista
y conservadora.
En relación a la apariencia externa
de la revista, señalar que ésta aparece
en el mercado con las cubiertas impresas en tres o cuatro
planchas de color, aunque casi todo el aparato gráfico
interior se publica en blanco y negro. Las reproducciones
de fotografías y documentos mantienen una calidad
más que razonable para la época9y
las circunstancias históricas del momento. Hemos
de tener en cuenta que la Francia de fines de 1942 no
es sino una nación temerosa de su futuro, sobre
todo a raíz de que años atrás, el
3 de septiembre de 1939, después de la invasión
alemana de Polonia, Gran Bretaña y Francia declarasen
la guerra a la potente Alemania. Nos hallamos, pues, en
medio de la Segunda Guerra, un conflicto preñado
de complejas ramificaciones, sutilezas políticas
y marcados dramas humanos.
Francia se prestó a sufrir, en
un principio, una guerra de desgaste. En las campañas
de los Países Bajos y Bélgica, el potencial
militar francés había quedado prácticamente
desbordado por Alemania, y el mariscal Pétain,
que había sustituido a Reynaud al frente del gobierno,
pidió el armisticio en junio de 1940. El general
De Gaulle, desde Londres, llamó a la población
a la resistencia contra los alemanes -recordemos la famosa
proclama del 18 de junio- con una voz de esperanza y firmeza
que el pueblo francés supo escuchar e interpretar10.
Los alemanes se apoderan militarmente
de Alsacia-Lorena, ocupando luego más de las dos
terceras partes del país. Así que las cámaras,
reunidas en Vichy en asamblea nacional, confiaron los
destinos de Francia al general Pétain, quien fue
proclamado Jefe del Estado el 12 de julio de 1940. El
régimen de Vichy se propuso mantener Francia dentro
de la tradición más conservadora, y la extrema
derecha presionó a Pétain para forzar un
acercamiento hacia posiciones colaboracionistas con Alemania.
Esta situación se aceleró aún más
a raíz de la detención y deportación
de los judíos en 1942. En noviembre, los ejércitos
alemanes han invadido ya todo el territorio francés.
Es en medio de este complejo escenario
bélico donde surge una publicación, Les
Documents Maçonniques, con una meta primordial:
el combate e intento de aniquilación de los grupos
de pensamiento avanzados y demócratas en esencia,
la destrucción de círculos de poder con
influencias contrarias al integrismo tradicionalista secular.
Sin duda, lo que más debió
llamar la atención al lector fue la cuestión
de fondo, o sea, la postura que adopta la revista en el
enfoque de su discurso general. Nos atreveríamos
a decir que el mayor afán de la publicación
estriba en desacreditar la Orden por medio de la palabra
y la imagen, valiéndose de la edición de
supuestos documentos masónicos originales que hacen
referencia clara a los varios temas que se tocan a lo
largo de los diversos artículos11.También
se aprecia una tendencia a reproducir citas textuales
de otros autores, en su mayoría conocidos y celebrados,
-lo que llamamos citas de autoridad-, a fin de reforzar
con ellas la credibilidad de lo que se afirma en las tesis
de articulistas y colaboradores.
De todos los artículos aparecidos
en estos doce números de Les Documents Maçonniques
que analizamos, sólo cuatro aluden de forma directa
a España12. En el número
1, de octubre de 1942, se edita el titulado Les
responsabilités de la Franc-Maçonnerie en
Espagne, firmado por J. de Boistel, a la sazón
Secretario General del Consejo de redacción de
la revista. El gabinete de Vichy encomendó a Boistel
la Sección de difusión de informaciones
y documentos del Servicio de Sociedades Secretas. Como
escribe Ferrer Benimeli, "Boistel se había
distinguido ya -se refiere a fechas en torno a 1940-41-
como acérrimo colaborador de la Revista Internacional
de Sociedades Secretas, fundada por monseñor
Jouin, en la que, en 1936, había publicado un trabajo
titulado Las responsabilidades de la Judeo-masonería
en España, que años más tarde,
en 1941, precisamente a raíz de su nombramiento
como jefe de la Sección de difusión de documentos
e informaciones, volvió a publicar en la revista
antimasónica, dirigida por Bernard Fay , Les
Documents Maçonniques13.
En el número 2, de noviembre de ese mismo año,
se publica La Franc-Maçonnerie et la perte
de l'empire colonial espangnol, de Fabregues. En
el número 4, de enero de 1943, aparece el titulado
La Maçonnerie et la guerre civile en Espagne,
firmado por Albert Vigneau. Y en el último número,
el 12, de septiembre de 1943, Georges Ollivier escribe
La Franc-Maçonnerie américaine et
la guerre d'Espagne.
Al margen de la temática española,
otros artículos interesan intrínsecamente
por el tema que abordan, como el interesante La
Franc-Maçonnerie et ses moyens d'action,
de Maurice Th. Muller, aparecido en el número 1,
página 26, a lo largo del cual se intenta exponer
la idea de que la Masonería busca la influencia
a través de una situación estratégica
ideal de sus miembros dentro del tejido social. Pretende
convencer al lector de la existencia de una oscura trama
de la que formarían parte políticos, periodistas
e intelectuales, dispuesta a desplegar en Francia, igual
que en el resto del mundo, una tela de araña en
la que han de perecer las más antiguas tradiciones,
la religiosidad cristiana y la dignidad y patriotismo
de los franceses. El lenguaje, la forma, la manipulación
expresiva, juega en todo este proceso un importante papel
de convicción. Tenemos que entender que en Les
Documents Maçonniques no escribe cualquiera.
Los colaboradores saben hacerse valer, conocen el poder
que tienen entre manos y lo utilizan de manera quasi maquiavélica
contra la supuesta maquinación judeo-masónica.
En el mentado artículo de Maurice Th. Muller, se
hace referencia directa a personajes tan conocidos como
Louis Dreyfus, Pierre Bloch, Frossard o Camille Chautemps.
Incluso se reproducen sus fotografías y se les
tacha de judíos y masones, asociándolos
a esa trama que la Francmasonería internacional,
auspiciada casi siempre por Estados Unidos y los enemigos
de la iglesia, estaría urdiendo contra los intereses
de la Francia más honesta, respetable y representativa.
Parece a primera vista una lucha sin cuartel contra un
enemigo emboscado en la sombra. Y justamente ésa
es la imagen que Les Documents Maçonniques
quiere ofrecer de la Masonería. De lograrlo o no,
depende la fuerza mayor o menor de convicción que
la revista tenga ante sus lectores potenciales.
Hay otro artículo de bastante
interés, firmado por Henry Coston, que nos proponemos
destacar brevemente. Se trata del titulado La Franc-Maçonnerie
et la presse. En él se pone en relación
el mundo de la prensa con los intereses de la Masonería.
Según la tesis del articulista, la Masonería
intentaba, antes incluso del comienzo de la guerra, acaparar
el mayor poder posible a través del control de
los medios escritos. La prensa jugó, no cabe duda,
un papel considerable en el conflictivo choque de intereses
derivado de la pugna entre el radicalismo tradicionalista
de la derecha y el liberalismo de los círculos
demócratas y aperturistas. Como es natural, la
Masonería aparece en la revista, y especialmente
en el artículo de Coston, como la madre de todas
las desgracias que sufre Francia el año 1942. Y
ciertos personajes bien conocidos del momento, como Stavisky,
Renaitour, Joé Bridge o Lecache, todos ellos relacionados
con el mundo de la prensa escrita, salen a la palestra
como principales responsables de esta conspiración
masónica encauzada con sigilo por la vía
rentable de los medios escritos.
En relación al tema de la prensa,
aunque trasladado al ámbito de lo español,
diremos que en el capítulo de conclusiones de una
de sus obras, el profesor Morales14
afirma, hablando de nuestra posguerra, que "los medios
de comunicación no fueron únicamente aparatos
propagandísticos de la dictadura, en algunas ocasiones
se convirtieron en un elemento más de la represión".
Otro tanto se podría decir, salvando las pequeñas
distancias naturales, de la revista francesa que nos ocupa.
2. ACERCA DE ESPAÑA, LA GUERRA
CIVIL Y OTRAS CUESTIONES PARALELAS DE INTERÉS.
Retomando los artículos que hacen
referencia directa a los asuntos de España, señalar
de antemano que los más curiosos e interesantes
son los que aluden a la guerra civil. En concreto, los
titulados «La Franc-Maçonnerie américaine
et la guerre d'Espagne»15
y «La Maçonnerie et la guerre civile en Espagne»
. Repasemos concisamente los contenidos de ambos.
a) La Francmasonería americana
y la guerra de España.
En el primero se abordan varios asuntos
de importancia. Se refiere a la actitud que los Estados
Unidos mantienen ante el conflicto civil armado español.
El autor señala taxativamente que los franceses
que viajaron a los Estados Unidos entre 1936 y 1939, habían
podido comprobar la antipatía que se respiraba
allí contra la causa franquista. Y añade
que la posición de Estados Unidos se hallaba mediatizada,
en realidad, por la notabilísima influencia política
y social "de la masonería [sic] y de la inteligencia
judía". Enseguida se alude también
al papel de cierta prensa como vehículo de propaganda
de la Orden. En este sentido, Georges Ollivier afirma
que las directrices masónicas de actuación
y propaganda se encauzan, durante esta fase bélica
de la historia española, a través del The
New Age, "el órgano más autorizado"
en el que aparecieron publicadas ciertas estrategias de
actuación de los masones en relación al
conflicto español.
Siempre según el articulista,
el francmasón Federico Acosta -grado 32- fue uno
de los que utilizó este medio en favor de la democracia
y, en definitiva, del retorno de la legalidad republicana16.
En Les Documents Maçonniques se transcriben
algunos párrafos de lo que Acosta dice en el
New Age: "La vieja España se debate en
la hora actual en las convulsiones de la guerra civil,
la más cruel que ha conocido jamás... Esta
guerra deberá decidir si se conserva la forma democrática
del gobierno fundado en 1931, que garantizó al
pueblo derechos inalienables, o si se devuelve al antiguo
orden de las cosas, es decir, a la forma monárquica
del gobierno dominado por la Iglesia"17
Cuando Acosta publica su artículo
en The New Age, los contendientes se hallan todavía
en fase de despliegue táctico, por lo que no es
probable, como señala también Manuel Tuñón
de Lara18, que se hubiesen definido
ya, claramente, los poderes de hecho en los círculos
de mando, ni en la Junta Militar formada en Burgos y presidida
por el barbado general Cabanellas, ni siquiera en el Estado
Mayor republicano de Madrid. Son momentos de anarquía,
de confusión. Y en medio de ella, el masón
Federico Acosta clama para que este conflicto fratricida
cese y vuelva a imperar el diálogo entre las partes,
aunque se confiesa partidario indiscutible de la razón
republicana.
En ese mismo número de New
Age19, otro masón de
grado 32, F. Juchhoff, escribe que España no podría
estar sumisa a un gobierno de autoridad, bien fascista
o marxista. Y añade que "las democracias -se
refiere a las europeas- deben prepararse para oponerse
a la fuerza con la fuerza y a emplearla al menos temporalmente,
con firmeza y sin esperar sobrevivir al asalto de los
que vuelven sus ojos hacia la dictadura para resolver
los problemas
"
Y para justificar esta "firmeza",
el The New Age publicaba20
los programas políticos atribuidos a los rebeldes.
Uno de ellos admitía la expulsión de los
judíos de España y el confinamiento de todos
los francmasones, así como la incapacitación
de los partidarios políticos y organizaciones marxistas,
incluidos los sindicatos.
Los acontecimientos bélicos se
precipitaron en cuestión de semanas, de días.
En diciembre de 1936, la batalla de Madrid estaba en plena
efervescencia. Como señala muy acertadamente Tuñón
de Lara21, "...todo dependía
de Madrid. Eso estaba claro dentro y fuera de España"22.
En el otoño, el movimiento militar
encabezado por Franco intentó que la guerra tuviera
un rápido desenlace. Para ello, Madrid se hacía
indispensable. El gobierno se trasladó su sede
a Valencia como medida de precaución ante la posible
entrada en Madrid de los sublevados, pero la defensa organizada
por los generales Miaja y Rojo en noviembre, evitó
la caída de la capital, que pasó a convertirse
en reducto de resistencia hasta el final de la lucha.
Y justamente a los pocos días,
en diciembre, y según aparece consignado en el
artículo de Ollivier, La Gran Logia de España
dirigía un llamamiento apresurado a través
del New Age23 a todos los
hermanos en el que se solicitaba con cierta angustia el
apoyo y solidaridad internacional frente al despotismo
militar de los mandos nacionales24.
En este mismo llamamiento de urgencia,
Ceferino González, firmante del manifiesto y Gran
Maestre del Grande Oriente de España, criticaba
la neutralidad de los gobiernos extranjeros, que consideraba
injusta para la causa de la razón, es decir, para
la causa republicana25.
Ollivier asegura, más adelante,
que la misma revista publicó26a
su vez el Programa de 13 puntos que, de acuerdo con el
Presidente Negrín, la Masonería quería
aplicar al final de la guerra27.
Dicho programa es reproducido por Ollivier en Les Documents
Maçonniques y algunos de sus puntos bien merecen
un sucinto repaso y comentario.
El primero aboga por "asegurar
la independencia absoluta y la completa integridad de
España" frente a las ingerencias extranjeras.
A éste podríamos unir el segundo punto,
que predica la "liberación del territorio
de las fuerzas militares foráneas"28.
El tercero clama por la consecución de "una
República popular representada por un Estado enérgico
y basado en los principios de la democracia pura, que
ejerza su acción por medio de un gobierno pleno
de autoridad, conferida por el voto del ciudadano y el
sufragio universal".
No hace falta resaltar, pues resultan
evidentes, los paralelismos que se establecen aquí
entre el pensamiento republicano y el ideal político
de la Masonería militante de 1938. Tiempo quedará
luego para abordar, aunque sea brevemente, la relación
entre política y Masonería.
El cuarto punto del Programa dice que
"la estructura legal y social de la República
será el fruto de la voluntad de la nación,
libremente expresada por un plebiscito, a realizar tan
pronto acabe la guerra". El quinto hace alusión
al respeto del Estado a las libertades regionales, aunque
sin perder de vista la unidad de España29.
El sexto se refiere a la garantía de los derechos
del ciudadano por parte del Estado, incluida la libertad
de cultos religiosos. En el punto siete, "el Estado
garantiza la propiedad legal y...se opondrá a que
la acumulación de riquezas conduzca a la explotación
de los ciudadanos y a que ésta viole los derechos
del pueblo...". En el octavo punto se anuncia que
"una reforma agraria total liquidará la propiedad
semifeudal de la aristocracia". Al final del mismo
apartado, se afirma que "la base de la nueva España
estará en una larga y sólida democracia
de paisanos que serán propietarios de la tierra
que cultiven". Aquí aparece el tan controvertido
principio revolucionario que asocia la propiedad de la
tierra con los brazos de quienes la trabajan. Es claro
que existe una sola guerra civil y, en cambio, dos economías
paralelas, la de la zona republicana por un lado, más
abierta y activa, y la de la retaguardia franquista por
otro. Entre ambas, pocas similitudes. El enfrentamiento
supone que la zona sublevada se caracterice por el inmovilismo,
mientras que la República se mueve con intención
de controlar las empresas, tanto en ciudades grandes como
en las zonas rurales. Pero el punto de mayor interés
lo vemos en la cuestión agraria. En 1937, la agricultura
española obtuvo unos rendimientos muy aceptables.
"Las cosechas de cereales fueron favorecidas -escribe
Tuñón- por razones climatológicas
sobre las del año precedente30.
La zona republicana basó su agricultura de exportación
en los agrios y la de consumo interno en el arroz; sin
olvidar la producción olivarera de Jaén-Toledo
y las zonas trigueras de la Mancha. Socialmente, el hecho
cierto de la toma de la tierra por los trabajadores tiene
dimensiones importantes; también conviene precisar
que en julio del 36 no se partía de cero en las
transformaciones agrarias, sino que desde finales de marzo
(decreto 20-III-36), llegaron a ocuparse más de
712.000 hectáreas de tierras que gozaban de créditos
del Instituto de Reforma Agraria hasta 30 millones de
pesetas". Es muy posible que J. Maurice estuviese
en lo cierto cuando decía que "estalló
la sublevación en el preciso momento en que la
revolución agraria se estaba iniciando"31.
En la España de Franco, hechos
llamativos fueron las devoluciones de tierras a los Grandes
de España, aunque al lado de esto se creó
-en agosto de 1937- el Servicio Nacional del Trigo, con
el fin de controlar la producción y comercialización
del cereal, control que resultó muy positivo, tanto
para grandes terratenientes como para pequeños
campesinos parcelarios.
En los dos siguientes puntos del Programa,
"el Estado garantiza los derechos del trabajador
con una legislación social avanzada" y propugna
"la mejora cultural y moral de la raza". El
punto decimoprimero habla de la armada, calificándola
de "instrumento seguro de la defensa de las libertades"
patrias.
En el penúltimo de los apartados,
el Programa de Negrín recoge el ideario de un cierto
pacifismo moderno, asegurando que "el Estado reafirmará
la doctrina constitucional de renuncia a la guerra como
instrumento de política". Y el punto trece
proclama la intención de otorgar "una larga
amnistía para todos los españoles que quieran
cooperar en la inmensa tarea de la reconstrucción
y elevación de España".
Si bien es cierto que cada uno de los
trece puntos de Juan Negrín resulta de mucho interés
por sí mismo, y que ya se han hecho análisis
pormenorizados de los mismos, son quizá los de
tema económico los que nos sugieren mayor posibilidad
de comentario, sobre todo los referidos al sistema de
propiedad y a la reforma agraria.
En este sentido, y al margen de lo expuesto,
añadir solamente que el punto de vista de algunos
economistas actuales, así como el de historiadores
de prestigio, parecen ser coincidentes en la opinión
de que la reforma agraria en España estaba a punto
de comenzar en el momento inicial de la guerra civil,
tal como lo escribe Sevilla Guzmán: "La República
burguesa estaba tornándose por primera vez en una
auténtica República de trabajadores. El
pronunciamiento militar del 17 de julio evitó que
ello llegara a realizarse"32.
Tuñón refiere a su vez la cita de Sevilla
Guzmán33, pues parece representativa
de la visión más atinada del asunto desde
una perspectiva histórica reciente.
Desde el punto de vista de Georges Ollivier,
firmante del artículo que estamos comentando, la
Orden se halla en grave peligro en la España de
1936. En la última parte de su colaboración
en el número34, aborda
el asunto a través de una nueva referencia a la
revista The New Age. Ollivier afirma que en febrero
de 1939, ésta publicación señala
que la suerte de la Masonería española estaba
en juego. Y cita entre comillas: "Después
de la fundación de la República española
de 1931, la Masonería tuvo un glorioso renacimiento
y, gracias a la renovación de la libertad, fue
próspera. Tuvo asimismo una magnífica ocasión
de trabajo y de servicio. El espíritu de la Masonería
se identificó con los principios de la democracia".
Y al referirse a las malas condiciones de los masones
españoles y a su persecución, se añade
luego: "Es necesario hacer un gran esfuerzo de imaginación
para prever la suerte de quien atiende a los Hermanos
españoles en el caso de que Franco ganara la guerra,
ya que establecería una forma totalitaria de gobierno
basado en el fascismo de Italia y el nazismo alemán.
Podemos estar seguros de que se abolirá la Masonería
en España, como pasó en Italia y en Alemania.
En nombre de la humanidad, y en el de la libertad, elevamos
nuestra voz y suplicamos al gobierno de los Estados Unidos
que levante el embargo sobre las armas destinadas a la
República española". El texto se comenta
por sí mismo y no es necesario volver sobre lo
dicho. Sin embargo, nos parece primordial anotar aquí
algo más acerca de la actitud del fascismo, y sobre
todo de Franco, respecto a la Masonería.
"...esta actitud contraria a la
masonería [sic] no fue privativa de los
países comunistas, pues -como de todos es conocido-
también los regímenes de carácter
fascista y totalitario coincidieron en la misma postura
de prohibición y persecución de la masonería
[sic]"35. La Masonería
respaldó, con bastante claridad, la causa antifascista
durante la guerra civil española de 1936, aunque
quizá de manera más teórica que práctica,
defraudando así las esperanzas de muchos masones
que fueron perseguidos, y hasta fusilados, por el mero
hecho de su pertenencia a la Masonería.
Como bien señalan Ferrer Benimeli
y Manuel A. de Paz en su libro36,
"también la Asociación Masónica
Internacional, de la que España era miembro, envió
desde su sede de Ginebra los acuerdos adoptados en el
Convento de Praga de agosto de 1936, en el que también
por unanimidad se tomó la resolución de
dirigir a los masones españoles <la expresión
de su fraternal y afectuosa simpatía, deseando
vivamente que su Patria, tan dolorosamente desgarrada,
encuentre pronto, con el apaciguamiento de los espíritus,
la calma que puede aportar una democracia asegurada por
el respeto de la libertad y por la tolerancia>".
Ante semejante respuesta, nos podríamos
preguntar hasta qué punto la Masonería ha
tenido una intervención activa y tangible en la
guerra española y en la política de la primera
mitad del siglo en general.
"...lo cierto es que la política
ha invadido siempre a la sociedad en todos sus ámbitos.
Lo grave en esta cuestión no es que la Masonería
intervenga en la política, sino que la política
intervenga en la Masonería. Hay que distinguir
entre ejercer una influencia en la Historia e intervenir
en la política. Las iglesias, los ejércitos,
los líderes sociales (v. gr., en España:
Giner de los Ríos) ejercen una influencia en la
Historia y, sin embargo, no intervienen (o, al menos,
no tienen por qué intervenir) en la política"37.
La Masonería,
si bien es cierto que no es un partido, "tiene una
ideología inspirada en la libertad y en los derechos
del hombre"38, lo que, sobre
el papel, vincula la política con las preocupaciones
esenciales de la filosofía de la Orden.
Como escribe Enríquez del
Arbol39, "se ha afirmado
en nuestra historia de España que la Masonería
juega un papel importante en la política del siglo
XIX y en especial en el XX, en el periodo de la II República.
Es un tema polémico que todavía está
en discusión y que necesita sobre todo una precisión
terminológica. El profesor Ferrer Benimeli hacía
distinción entre ideología de la masonería
[sic], los hombres de la masonería [sic]
y la organización de la misma".
Pero creemos que la Masonería
no se contentó en el primer tercio del siglo XX
-ni se contentará nunca- con teorizar. Como señala
M. T. Roldán40,
"sus miembros, como ciudadanos, tienen derecho a
ejercer la acción política; de hecho se
les anima a influir e intervenir en los asuntos políticos
y sociales. Deben intentar propagar sus principios etico-políticos
en el medio social, familiar y profesional en el que se
desenvuelven".
En virtud de esta idea, se recalca el
hecho de que "los miembros de las logias (nivel básico
dentro de la organización masónica) pretenden
ser hombres de acción, no sólo como individuos
que forman parte de la sociedad civil, sino también
como francmasones"41.
Sin duda, la historia se inclina por
aceptar un papel indiscutible de los masones en el desarrollo
de la vida pública española, e incluso se
acepta el hecho contrastado de que ciertas logias, tanto
españolas como extranjeras, prestaron apoyos coyunturales
de variados tipos a la causa de la República durante
la guerra civil. Miquel Figueras42
señala, en este sentido, que no cabe duda de "que
la masonería [sic] española no fue
ajena a la confrontación desencadenada por la guerra
civil. Ya en sus prolegómenos se presentan las
primeras deserciones (como es el caso del general Miguel
Cabanellas y del mismo Ramón Franco, cuando se
aviene a embarcarse en la aventura de su hermano), al
tiempo que en su inmensa mayoría los masones españoles,
no siempre justamente comprendidos, se ponen incondicionalmente
al lado de la República en la defensa de unos valores
democráticos que ella, sin duda y aun a pesar de
su debilidad, personificaba".
Pero ir más allá y hablar
de una verdadera y trascendental influencia coordinada
y de peso cierto de la Masonería en contra de los
intereses del ejército de Franco, nos parecería
imprudente cuando menos.
b) La Masonería y la guerra civil
en España.
Un segundo artículo de Les
Documents Maçonniques que nos interesa reseñar
aquí es el titulado La Maçonnerie et
la guerre civile en Espagne, firmado por Albert Vigneau43
. El objetivo primordial de dicho trabajo estriba en dejar
al descubierto las tramas que supuestamente urde la Masonería
durante la guerra civil española. Se trata, en
última instancia, de culpar a la Francmasonería
internacional del hundimiento de España en el caos
de la guerra fratricida y de señalar a ciertos
masones como responsables directos de las intrigas y maniobras
sucias más señaladas que tienen lugar durante
el periodo bélico. Ya no se trata sólo de
potenciar un modo eficaz de propaganda antimasónica
de sencilla factura, sino también, y sobre todo,
de orientar a los lectores de la revista hacia una vereda
en pendiente por la que resulta muy fácil deslizarse
hasta alcanzar el borde mismo del odio injustificado44.
Albert Vigneau alude en un principio
a la comprobada y generosa fraternidad entre las logias
y afirma que la Francmasonería -se refiere a la
francesa en este caso- "continúa trabajando
en la sombra" y se alía constantemente con
la Masonería de otros países para lograr
sus fines inmediatos, entre los que cita la "lucha
en favor del capitalismo internacional y del judaísmo".
Mas no tarda en centrarse en el tema
esencial de su discurso. Así habla luego de la
solicitud de ayuda que los masones españoles hacen
a las logias francesas, y añade que éstas
no sólo aportaron a los hermanos españoles
su sentimiento de solidaridad, sino que la Masonería
francesa hizo lo indecible para que llegasen al bando
republicano sus muchas ayudas militares y auxilios económicos.
Señala el autor, además, que en Francia
existía entonces una logia española de rito
escocés, la Respetable Logia Plus Ultra nº
452, fundada en 1913, integrada en la Gran Logia de
Francia45.
"Entre sus miembros -señala
Vigneau- había un masón español muy
activo, Ciutat...", quien tuvo un papel destacado
en las tareas de la logia. Se cita a continuación
a Ramón Franco, señalándolo como
"admitido e iniciado en esta logia hacia 1929"46.
Describe el autor cómo la logia
Plus Ultra mantenía estrecha relación
con la logia Eolo, que contaba entre sus miembros,
siempre según aseveración de Albert Vigneau,
a Edouard Serre, alma y eje de la misma. Se hace referencia
a la amistad que unía a este personaje con Pierre
Cot47, a través de quien
llegaban al Frente Popular los aviones y pilotos de la
Compañía Air-France. La postura pública
de Cot respecto al apoyo que Francia debía prestar
al gobierno español de la República, le
granjeó muy pronto las antipatías en el
seno de los sectores más recalcitrantes de la sociedad
y la política de su país, que nunca le perdonó
el gesto.
Señala Vigneau más adelante
que Ceferino González, Gran Maestre del Gran Oriente
de España, recibió en territorio de Cataluña
cierto material aeronáutico y de auxilio con destino
al gobierno republicano, material enviado gracias a las
gestiones hechas en Francia por Serre y los también
masones Boussoutrot y Sadi Lecointe, de la logia Eolo,
relacionados a su vez con la aviación francesa.
El autor denuncia, de paso, una entrevista
de Edouard Serre con Largo Caballero, encuentro que tuvo
lugar presuntamente en Madrid, y del que Serre se felicita
más tarde por el magnífico entendimiento
habido entre la embajada de Francia en Madrid, el ministro
español del Aire y los servicios aéreos
franceses48.
Otro aspecto que resulta en verdad
curioso es la obsesión que tuvo siempre el general
Franco, incluso en los años y meses últimos
de su mandato, en contra de la Masonería, así
como su política de continua y fanática
persecución de la Orden. Esta persecución
nace tempranamente con los decretos que se promulgan antes
de finalizar la guerra, declarando a la Masonería,
igual que al resto de sociedades secretas, fuera de la
legalidad. Luego vendría la archiconocida "Ley
para la represión de la Masonería y el Comunismo"
y la constitución del Tribunal Especial49.
La noción falsaria y mezquina
que asociaba la Francmasonería con el judaísmo
y el comunismo internacionales, y por ende con el germen
de las calamidades y desdichas de la patria, empapó
en seguida en ciertos sectores de la sociedad gracias
a la propaganda integrista y reaccionaria de los círculos
de influencia próximos al poder centralista, interesados
en la búsqueda fácil de un chivo expiatorio.
"No era, por supuesto, ajena a la formulación
de este modelo la propia personalidad del general Franco,
que contribuiría a la consolidación de este
modelo propagandístico de contubernio..."50
"...el general Franco, nombrado
Jefe del Estado Mayor Central del ejército en 1935,
había cesado a seis generales masones, entre los
meses de mayo y agosto, todos ellos altos jefes militares,
incluido el director de la Escuela Superior de Guerra"51.
"Con la sublevación militar
del 18 de julio de 1936, la historia de la Masonería
española entró en una época de persecución
y sistemática destrucción"52.
Y España, a su vez, en un profundo túnel
del que sólo podría salirse tras años
de una feroz, interminable y tristísima posguerra.
Nadie mejor que Miguel Delibes para describir en pocas
palabras este periodo histórico. "Fue -dice
Delibes- una época muy sombría en sentido
literal: no había luz, pero tampoco había
pan, comida, telas, papel, medios de transporte. Duros
años aquellos en que el verdadero protagonista
fue la cola. Colas y hambre, eso fueron los años
cuarenta"53.
3. EPÍLOGO
Volviendo al tema central que nos ocupa,
y para concluir, señalaremos que tanto el artículo
de Vigneau como los reseñados antes, parecen apuntar
en una sola dirección: se trata de señalar
a la Masonería como la culpable de la decadencia
española. Todos los males de Europa, y en especial
los de Francia y España, se derivan de las intrigas
siniestras de la Francmasonería y de sus continuas
maquinaciones. Esa es la tesis. Todo lo demás parece
accesorio. Los artículos de Les Documents Maçonniques
responden pues, en todos los casos, a un deseo primario
de quebrantar la respetabilidad de la Orden, y a un febril
y denodado intento de manchar su imagen pública
con argumentos que pretenden ser razonables y recogidos
del cesto de las verdades objetivas.
Hay que integrar los contenidos de
Les Documents Maçonniques en el triste casillero
del capcioso amarillismo político de la Francia
de transición entre los años treinta y la
década de los cuarenta, un momento histórico
tan inestable y delicado que nada, ni siquiera la propia
confusión humana, fue capaz de hallar en él
su sitio y aposento.
1 Publicado en Ferrer Benimeli, José
Antonio (coordinador): La Masonería en la España
del siglo XX. Actas del VII Symposium Internacional
de Historia de la Masonería Española, vol.
II, pp. 827-843, Centro de Estudios Históricos
de la Masonería Española, Universidad de
Castilla-La Mancha, Cortes de Castilla-La Mancha, Toledo,
1996.
2 El primer número de Les Documents Maçonniques
apareció el 15 de octubre de 1941. La revista tuvo
periodicidad mensual y ejerció una significativa
influencia en círculos muy determinados de la sociedad
francesa de la época. El último número
corresponde al 15 de junio de 1944. La tirada, prevista
en ochenta mil ejemplares al principio, fue descendiendo
poco a poco hasta llegar a una cifra menor, incluso, a
los quince mil en junio de 1944. La revista funcionó
como órgano del gobierno de Vichy para la difusión
y vulgarización de las tramas, supuestamente oscuras
y antipatrióticas, de la Masonería internacional.
Esta publicación hay que integrarla en el complejo
sistema de propaganda y represión llevada a cabo
en la Francia de comienzos de la década de los
cuarenta.
Acerca de la revista y de su director,
Bernard Fay, ya trató hace bastantes años
el profesor Ferrer Benimeli en uno de los capítulos
de su emblemático libro El contubernio judeo-masónico-comunista.
Para ser más precisos, en un apartado del capítulo
3, dedicado genéricamente a La política
y la Masonería. En el punto donde Ferrer
Benimeli escribe del asunto francés y habla de
Pétain y la Masonería, se aborda el asunto
de Bernard Fay y de su revista, explicándonos con
brevedad y eficacia cómo funcionaba la red oficial
de represión masónica en la Francia de 1941,
y en la que Bernard Fay, Boistel, J. Marquès Rivière,
Moerschel y Coston, entre otros personajes, ejercieron
un papel de peso e importancia singulares.
Bernard Fay da muestras claras de su
ideología en su libro La Francmasonería
y la revolución intelectual del siglo XVIII,
"en el que -según Ferrer Benimeli- pretende
demostrar que la Masonería es la llave maestra
de la maldición inglesa lanzada contra Francia;
el instrumento de dominación de Inglaterra sobre
Europa occidental y la causante de tantos conflictos armados
europeos". En el mismo capítulo, Ferrer habla
de Bernard Fay como "el cerebro gris que en gran
parte dirigió esta política de represión"
contra la Masonería.
A finales de 1946, a Fay se le incoó
un proceso judicial en el que respondió de su actuación
personal y su colaboracionismo político. Fue considerado
culpable y condenado a trabajos forzados, confiscación
de bienes y degradación nacional. Con el tiempo
fue amnistiado, falleciendo a comienzos de 1979.
3 Los doce números pertenecen al segundo año
de la publicación, y el primer número lleva
fecha de octubre de 1942.
4 Se compone de las siguientes personas: Robert Vallery-Radot
y J. Marquès-Rivière, redactores jefe, y
J. de Boistel, secretario general. La sede de la administración
estuvo en la calle Hubert-Colombier de la ciudad de Vichy,
al menos hasta diciembre de 1942. Con el nuevo año,
la dirección se modifica, cambiando al Hôtel
Mondial, en el número 39 de la calle de París.
La oficina o delegación de la revista en París,
la capital, se halló ubicada en el número
7 de la calle Saulnier.
5 Ferrer Benimeli, J. A: El contubernio judeo-masónico-comunista.
Del Satanismo al escándalo de la P-2. Ediciones
Istmo. Col. Fundamentos, 78. Madrid, 1982. pp. 263-264.
6 Ibidem, p. 268.
7 Para una información bibliográfica más
amplia sobre las publicaciones y obras de Marquès
Rivière, consultar Ferrer Benimeli, J. A: Bibliografía
de la Masonería. Introducción historico-crítica.
F.U.E (Fundación Universitaria Española),
2ª edic. corregida y aumentada, Madrid, 1978. pp.
diversas (ver índice onomástico).
8 El precio de venta al público de cada uno de
estos doce números fue, en su día, de 7
francos. El abono semestral ascendía a 40 francos,
y el anual a 70.
9 Las portadas de los doce números que constituyen
la base de nuestro trabajo son iguales en su diseño,
aunque varían los tonos de color de las planchas.
En el centro aparecen los símbolos, en gris y negro,
de la escuadra y el compás, con los tres puntos
en el espacio interior encerrado entre ambos motivos.
En la zona superior, y con tipos grandes y en mayúsculas,
se coloca el nombre de la publicación, Les Documents
Maçonniques. Y en la parte baja se lee, de
izquierda a derecha, la fecha completa, año de
la publicación y periodicidad, y número
de serie.
10 Los estudios más recientes al respecto, parecen
darnos como fiable la cifra de casi 3 millones de personas
integradas, de una u otra forma, en las filas activas
de la Resistencia.
11 En los doce números aparecen un total de 67
artículos firmados, con una media general de 6
artículos por número, más alguna
información adicional de carácter bibliográfico
o de actualidad. El director, Bernard Fay, escribe en
todos los números, siendo habitual a la vez la
presencia de sus más directos colaboradores del
comité de redacción: Robert Vallery-Radot
y J. Marquès-Rivière, así como J.
de Boistel, secretario general.
12 Ya se hace alusión a estos artículos
en Ferrer Benimeli, J. A: Op. cit. p. 269.
En otros varios se hacen referencias a nuestro país,
sobre todo por causa de la, todavía reciente, guerra
civil española. Los elogios hacia el nuevo régimen
del general Francisco Franco son una constante, aunque
a veces sólo se dejan caer a lo largo del texto
de una manera indirecta, muy prudente y casi subliminal.
13 Ferrer Benimeli, J. A: Op. cit. p. 263.
14 Morales Ruiz, Juan José: La publicación
de la Ley de represión de la Masonería en
la España de postguerra. Edición de la Institución
Fernando el Católico. Public. nº 1.318. Zaragoza,
1992, p. 279.
15 Como queda dicho, el primero viene firmado por Georges
Ollivier y aparece en el número 12, de septiembre
de 1943. El segundo, en cambio, es de Albert Vigneau,
y se imprimió en el número 4, de enero de
1943.
16 La fecha que se da para la aparición del artículo
del francmasón Acosta en el New Age es la
de septiembre de 1936.
17 Federico Acosta añade que "la guerra civil
de España es un duelo a muerte entre un pueblo
que lucha por su vida contra la vuelta de la opresión
eclesiástica, el despotismo de la nobleza y la
minoría de generaciones que quieren establecer
una dictadura militar que barra todos los vestigios de
la democracia..." En verdad que sus afirmaciones
parecen profetizar lo que está a punto de suceder.
Recordemos que en estas fechas todavía tempranas
-septiembre de 1936- la guerra en España está
pasando todavía por la fase de fijación
de los frentes de combate. A principios de agosto, el
día 11 para ser exactos, el general Yagüe,
al mando de una columna del ejército marroquí,
avanzaba por Extremadura y tomaba Mérida. El día
14 se tomó Badajoz, y dos días más
tarde da comienzo un intento republicano para conquistar
Mallorca, intento fallido que se daría por concluido
los primeros días de septiembre. En esos mismos
días, las columnas marroquíes avanzan desde
Extremadura por la zona del Tajo y toman Talavera de la
Reina. El 4 de septiembre se establece el gobierno presidido
por el socialista Largo Caballero, y al día siguiente,
desde Navarra, el general Mola toma Irún al mando
de tropas tradicionalistas, rompiendo de esta manera la
comunicación de la zona vasco-asturiana con el
resto del territorio de la República. A finales
de este mismo mes, las tropas nacionales iban a tomar
Toledo; y a las órdenes de Varela, las tropas avanzarían
pronto en dirección a Madrid. Estamos, por tanto,
en la fase inicial de despliegue táctico. Los contendientes
procuran dominar y controlar, desde el principio, los
mayores territorios, de tal modo que las estrategias de
combate futuras puedan resultarles menos complejas y la
consecución del abastecimiento de carburantes,
alimentos y materias primas sea relativamente sencillo.
Los dos bandos comienzan a desplegarse, a posicionarse,
aunque todavía es pronto quizá para hablar
de dos Estados con mayúscula, pues los poderes
reales aún no se han precisado en ninguno de los
dos sectores.
18 Tuñón de Lara, Manuel: Historia de
España. La España de la Cruzada. Guerra
civil y primer franquismo (1936-1959). Revista Historia
16. Año VII, núm.12, Extra XXIV. Madrid,
diciembre, 1982, p.10.
19 Siguiendo las aseveraciones de Georges Ollivier, autor
de La Francmasonería americana y la guerra
de España, aparecido en Les Documents
Maçonniques.
20 En el número del mes de octubre de 1936, p.
592.
21 Tuñón de Lara, Manuel: Op. cit.
p. 28.
22 Y se pregunta, a continuación, si sería
posible una resistencia que estabilizase los frentes.
Él mismo se contesta contando que "para muchos,
la República se desplomaba ya; entre ellos, seguramente,
para el cardenal Pla y Daniel, que había cedido
su palacio arzobispal a Franco y proclamaba el 30 de septiembre
que la guerra era una cruzada contra los hijos de
Caín, legitimando el alzamiento de
la nación en armas. O para la Junta de Mandos
de Falange, encabezada por Hedilla, instalada en Salamanca,
dispuesta ya, con ediciones de prensa hechas, para entrar
en Madrid en los furgones del ejército victorioso.
La realidad sigue diciendo Tuñón-
iba a ser muy distinta..."
23 The New Age, Núm. de diciembre, 1936.
Pág. 356.
24 Se lee: "Es con el corazón desgarrado por
la pena como hacemos este llamamiento al socorro y la
solidaridad. La sangre de nuestros hermanos fluye a torrentes
sobre el sol de nuestra patria. España es, ahora
mismo, el teatro de la más cruel y sangrante de
las guerras civiles; una sangre que ha sido derramada
por una banda de déspotas militares, de reaccionarios
ayudados por la plutocracia brutal y por las hordas más
salvajes del Rif y de la Legión extranjera del
Marruecos español. Nuestros hermanos son los blancos
de estas bandas. Centenares de francmasones han sido arrestados,
perseguidos y fusilados".
Y más adelante, se añade:
"De un lado está la razón, la justicia,
el derecho. Del otro, los rebeldes, que representan el
despotismo, la injusticia, la regresión, la barbarie".
25 Ceferino González se reafirma en la idea
de que "la declaración de neutralidad hecha
por los gobiernos democráticos de Europa desvía
la complicidad en el crimen cometido contra la civilización
y la libertad, permitiendo la masacre del pueblo español".
Luego afirma que "el momento ha llegado, para la
Francmasonería Universal, de demostrar su gran
influencia fraterna. Obrad en consecuencia". Y acaba
pidiendo ayuda concreta y tangible: "Pedimos también
ayuda material. Enviadnos dinero. Hay muchas miserias
por aliviar".
26 En agosto de 1938, según se cita textualmente
en el artículo publicado por Georges Ollivier en
Les Documents Maçonniques.
27 Don Juan Negrín (Las Palmas, 1892-París,
1956), renombrado médico y catedrático de
Fisiología de la Universidad de Madrid desde 1922
(Severo Ochoa y Grande Covián, entre otros, serían
discípulos suyos), ingresó en el P.S.O.E.
durante la dictadura de Primo de Rivera, siendo diputado
a partir de 1931. Iniciada la guerra civil, fue ministro
de Hacienda en el gobierno de Largo Caballero (4 de septiembre
de 1936), reorganizando el cuerpo de carabineros y mostrando
buenas dotes como gobernante en época de crisis.
Tras los aconteceres de mayo de 1937, y contando con el
apoyo de comunistas y republicanos, sustituyó a
Largo Caballero. Llevó a cabo una política
de reforzamiento militar e intentó reorganizar
las retaguardias del ejército republicano. En octubre
de 1937 trasladó el gobierno a Barcelona y a los
pocos meses remodeló su equipo ministerial, asumiendo
la cartera de Defensa que ostentaba Prieto. Fracasada
su "oferta de paz" -el Programa de los 13 puntos-
reforzó sus poderes y mentalizó al ejército
para la ofensiva del Ebro, para lo que contó con
el firme apoyo del Partido Comunista. Ante su política
centralizadora, los nacionalistas vascos y catalanes le
retiraron su apoyo, dimitiendo los ministros Irujo y Ayguadé
el 16 de agosto de 1938. Tras la caída de Cataluña,
marchó a Francia, aunque regresó en febrero
de 1939 con ánimo de prolongar la resistencia hasta
conseguir un final honroso del conflicto. Sin embargo,
la sublevación de Cartagena y la rebelión
del coronel Casado en Madrid, le obligaron a desistir
de su propósito. Volvió de nuevo a Francia
a principios de marzo de 1939, aunque siguió presidiendo
el gobierno republicano en el exilio hasta 1945. La figura
de Juan Negrín es, sin lugar a dudas, una de las
más señaladas e interesantes de la época.
Y su protagonismo político resulta evidente en
este crucial momento histórico.
28 Parece natural que la primera medida recomendable,
tras un conflicto armado de la naturaleza de éste,
consista en restablecer los poderes del Estado, al tiempo
que se libera el territorio de todo signo de presencia
de tropas extranjeras. En este sentido, los dos primeros
puntos del Programa de Negrín parecen más
que razonables.
29 Es preciso tener en cuenta la importancia de
los movimientos nacionalistas en el desarrollo de la guerra
civil de 1936, así como en toda la vida política
española, tanto en la etapa inmediatamente anterior
a la guerra, como durante el mismo discurrir del conflicto.
30 Tuñón de Lara, Manuel: Op. cit.
p.44.
31 Maurice, Jacques: Problemática
de las colectividades agrarias durante la guerra civil,
en Agricultura y Sociedad, Madrid, junio 1978.
32 Sevilla Guzmán, Eduardo: La evolución
del campesinado en España. Barcelona, 1979,
p.122.
En esta obra, Sevilla Guzmán habla en extenso acerca
del grave problema agrario de la España republicana,
de sus tratamientos paliativos y de los sucesos que llevaron
al caos a la agricultura del país en pocos meses.
La llegada efectiva de la guerra y sus secuelas de abandono
y destrucción, hizo que la revolución agraria
quedase minimizada, convertida pronto en un sueño
de muy difícil concreción.
33 Ibidem.
34 Recuérdese que nos referimos al trabajo
titulado La Franc-Maçonnerie américaine
et la guerre d'Espagne, de Georges Ollivier, aparecido
en Les Documents Maçonniques, nº 12,
septiembre 1943.
35 Ferrer Benimeli: La Masonería. Editorial
Eudema. Madrid, 1994, p. 74.
36 Ferrer Benimeli, J. A y de Paz Sánchez, Manuel
A: Masonería y Pacifismo en la España
contemporánea. Prensas Universitarias, edición
de la Universidad de Zaragoza. Zaragoza, 1991, p. 204.
37 Espinar Lafuente, Francisco: Esquema filosófico
de la Masonería, Ediciones Istmo, Biblioteca
de Estudios Críticos, 12. Madrid, 1981, p. 267.
En el apartado 5.8, titulado La
Masonería y la política, el doctor
Espinar, profesor de Derecho Civil en la Universidad Complutense
y Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo del Grado
33 para España, quiere diferenciar la participación
real y activa de la Masonería en política
de lo que podríamos llamar "compromiso filosófico"
para mejorar el mundo. Desde ese punto de vista, añade
que "la Masonería ha ejercido desde el siglo
XVII [sic] una gran influencia en la Historia. Podría
decirse que es la institución que posee las claves
mejores para orientar la marcha del mundo. Y así
lo han intentado hacer durante los últimos doscientos
años". La alusión al siglo XVII, en
vez de al XVIII, posiblemente se deba a un lapsus tipográfico.
38 Ferrer Benimeli, J. A: Masonería española
contemporánea. Vol. I, Editorial Siglo XXI.
Madrid, 1980, p.19.
39 Enríquez del Árbol, Eduardo: La
Masonería española y la política.
¿Objetivos comunes?, en Ferrer Benimeli,
J. A. (coordinador): Masonería, política
y sociedad. Actas III Symposium de Metodología
Aplicada a la Historia de la Masonería Española.
Vol. I, Zaragoza, 1989, p. 4.
40 Roldán Rabadán, Mª Teresa: Cuestiones
políticas y sociales tratadas por algunas logias
madrileñas, en Ferrer Benimeli, J. A (coordinador):
Masonería, política y sociedad. Actas
III Symposium de Metodología Aplicada a la Historia
de la Masonería Española. Vol. I, Zaragoza,
1989, p. 32.
41 Ibidem.
42 Figueras i Vallès, Miquel: Por qué
Franco no fue masón, Ediciones Anael, Barcelona,
1992, p. 20.
43 Vigneau, Albert: « La Maçonnerie et la
guerre civile en Espagne», en Les Documents Maçonniques
nº 4, enero 1943, pp. 121-122.
44 El artículo se ilustra con un retrato de Louis
Doignon, Gran Maestre de la Gran Logia de Francia.
45 El autor precisa la ubicación en el número
8 de la rue Puteaux.
46 Resulta chocante la alusión que se hace de Ramón
Franco, pues al tiempo que se admite con claridad su adscripción
a la Masonería, enseguida añade Vigneau
que "no se adapta nunca a ese ambiente, se sentía
incluso desplazado" con sus hermanos, entre los que
-dice- había numerosos judíos. Se refiere
a ellos, por cierto, en tono despectivo, y aparecen alusiones
racistas evidentes que no precisan de mayor comentario.
47 Pierre Cot (Grenoble, 1895-Saboya, 1977) ocupó
la presidencia de la Juventud Católica de su ciudad
natal. Dedicado a la política desde joven, fue
diputado del partido Radical Socialista (1923-40) y Ministro
del Aire (1933-38). Parece demostrado que, al iniciarse
la guerra civil española, se declaró decidido
y firme partidario de prestar el máximo apoyo al
gobierno de la República. De ahí que Vigneau
le tache de colaborar con las logias en contra del ejército
sublevado. Cot fue miembro de la Asamblea consultiva de
Argel en 1943, y posteriormente -la última vez
por París, en 1967- diputado del grupo progresista,
muy ligado al Partido Comunista francés.
48 Al francmasón Cahusac se le cita como mediador
activo y eficaz en la susodicha entrevista.
49 Conviene ver, a este respecto, el trabajo de Ferrer
Benimeli, J. A: Franco contra la Masonería,
en Revista Historia 16, Núm.15, Madrid, julio 1977,
pp. 37-51.
50 Martín de la Guardia, Ricardo Manuel: Falange
y Masonería durante la segunda República:
Hacia la configuración del modelo de contubernio,
en Ferrer Benimeli, José A. (coordinador), Masonería,
revolución y reacción. IV Symposium
Internacional de Historia de la Masonería Española.
Vol. I, Zaragoza 1990, p. 497.
51 Ferrer Benimeli, J. A: La Masonería.
Editorial Eudema, Madrid 1994, p. 78.
52 Ibidem.
Para una buena y sucinta información
acerca de la relación entre Franco y la Masonería,
ver Ferrer Benimeli, J. A: El contubernio judeo-masónico-comunista.
Del Satanismo al escándalo de la P- 2. Ediciones
Istmo. Col. Fundamentos, Madrid, 1982, pp. 273-333.
PTambién se puede consultar si
se quiere, a modo de curiosidad, la peculiar edición
de Figueras i Vallès, Miquel: Por qué Franco
no fue masón. Editorial Anael, Barcelona 1992.
En las pp. 75-76, el autor concluye que Franco no fue
masón por la simple y reiterada oposición
de la Orden. "Durante su estancia en Marruecos -escribe
Figueras- intentó afiliarse y fue rechazado.
Augusto Atalaya, jefe de la Falange de Tetuán,
el cual en 1936 incautó toda la documentación
masónica del protectorado, asegura que entre los
aspirantes figuraba el general Franco.
PPor su parte, el teniente coronel Joaquín
Morlanes, iniciado en la Masonería el 4 de agosto
de 1925 y que alcanzó el grado 33 como miembro
de la Gran Logia Española" se expresó
en el mismo sentido, diciendo que los militares le rechazaron
por aceptar el ascenso a teniente coronel cuando la guarnición
de Marruecos se había comprometido a no aceptarlos
simplemente por méritos de guerra. Según
parece, en 1932 también solicitó la iniciación
en una logia de Madrid e igualmente fue rechazado por
el veto de masones militares.
53 Sánchez, J. Francisco:
Miguel Delibes, periodista. Editorial Destino,
Barcelona, 1989, p. 25.
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