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MASONERÍA Y FRANCMASONES EN EUSKAL HERRIA1
Por Ricardo Serna
La tradición
masónica en tierras de Euskal Herria es antigua,
y las actividades de las logias del país vascongado,
diversas e interesantes.
Conviene decir, antes de nada, que la
Masonería no es un fenómeno reciente en
Euskadi, sino que dejó sus huellas en el país
tempranamente. Considerando los límites geográficos
de Euskal Herria, denominación histórica
con la que se identifica al País Vasco y que se
documenta por primera vez en el siglo XVI, podemos afirmar
que la primera logia de la que tenemos constancia es La
Saint Jean, de Bayona, fundada en 1743. Las logias
bayonesas fomentaron más las relaciones con la
Masonería española en general que con las
logias propiamente vascas y navarras, de menor vitalidad
y con tendencia al enquistamiento territorial.
En el concepto de Euskal Herria se comprenden
los territorios de Álava, Vizcaya, Guipúzcoa,
Alta y Baja Navarra, Lapurdi (Labourd) y Zuberoa (Soule).
La logia Les Pyrenées, con taller en Bagnères
de Bigorre desde julio de 1787, fue de las pioneras en
el trabajo masónico dentro de Euskal Herria. Según
reza la documentación, su Venerable maestro Catrere,
en el discurso de inauguración del taller, habló
contra la intolerancia de la Inquisición española
(institución que no desaparece definitivamente
hasta 1820), y dijo que la Masonería estaba prohibida
"por las leyes inspiradas en la superstición
y la barbarie. El fanatismo, hijo de la ignorancia -añadió-,
se desliza entre ellas bajo capa de religión y
sirve de pretexto sagrado para perseguir a nuestros hermanos"2.
Casualmente, el francmasón Soubres, tío
del secretario de la logia, había sufrido prisión
inquisitorial por haber dado su nombre a la Orden, según
consta en nota unida al susodicho discurso.
Las logias de Bayona fueron buen refugio
de masones españoles. El 20 de noviembre de 1790
se reunieron los francmasones de Bayona en Les Amis
de la Constitution, sociedad que tuvo desde el principio
el beneplácito del masón Dubrocq, a la sazón
alcalde de la ciudad. A dicha sociedad acudió,
el 16 de abril de 1792, el sacerdote José Marchena,
sevillano de cuna e iniciado en la Masonería gaditana
en 1789, quien había sido heraldo español
en la revolución francesa. Desde Bayona, y con
el apoyo de los masones de la comarca, Marchena confeccionó
su célebre proclama A la nación española,
discurso contra la Inquisición y en pro de las
libertades, muy difundido luego por la península.
La Real Sociedad Bascongada de Amigos
del País, a través de algunos de sus
miembros, jugó un importante papel en el germen
de lo que sería la Masonería vasca propiamente
dicha. Ciertos destacados hermanos del taller parisino
Les neuf soeurs pertenecieron a la Sociedad Bascongada,
como Lalande, Antonio de Munibe y Agustín de Vicuña.
El Grande Oriente de Francia, en agosto
de 1809, concede la carta de constitución a la
logia Los Hermanos Unidos de San Sebastián.
Sus quince fundadores fueron de nacionalidad francesa,
y sólo dos tenían su residencia en la ciudad.
Cinco eran jefes y oficiales del ejército. Se trata
de una Masonería bonapartista de tinte político,
muy distinta a la otra reflexiva e intimista que predomina
entonces en otros países.
En marzo de 1810 surge en Vitoria la
logia Los Amigos de San José, formada por
diecinueve miembros, todos franceses. El más joven,
Jean Baptiste Plasqui, tenía veintitrés
años y el grado de compañero, aunque la
media de edad del cuadro lógico estaba en torno
a los cuarenta y siete. Según la documentación
del Gran Oriente de Francia, François Julien Moullin,
director de correos del ejército, fue su Venerable
en la tenida del 24 de marzo de 1810. A finales de 1811,
esta logia contaba con setenta y siete miembros de número
y cuatro más honorarios. Sólo una minoría
eran españoles. En razón del conocido desenlace
de la invasión napoleónica, las logias bonapartistas
se trasladaron allende nuestras fronteras. En julio de
1814, esta logia de Vitoria se reúne en Toulouse,
aunque su composición ya no es la misma.
El 2 de enero de 1815 se prohibía
de nuevo en España la Masonería a través
de un edicto de Francisco Xavier Mier y Campillo, Inquisidor
General. Se actuó reproduciendo el edicto romano
firmado por Consalvi, secretario de Estado de Pío
VII. "Así pues, con Fernando VII el antifaz
de la represión se encorsetaba de nuevo sobre la
vida de los españoles"3.
Desde la reposición del absolutismo
en la España de 1823 y la agitación de los
carlistas en vascongadas, muchos liberales optaron por
el exilio voluntario en Bayona. La mayor parte de los
francmasones instalados en logias vascas eran profundamente
anticarlistas, pero los hubo igualmente carlistas militantes.
Se sabe que el 9 de junio de 1834, los hermanos Detroyat,
miembros de La Zelée, en colaboración
con Da Cruz, Cónsul de Portugal y masón
de La Parfaite reunion, organizaron el paso clandestino,
hacia Elizondo, de don Carlos María Isidro de Borbón,
hermano del rey Fernando.
En 1839, levanta columnas en Bilbao
la logia La Vigilancia, adscrita al Gran Oriente
Nacional de España, creado en 1838 bajo la gran
maestría de Pedro de Lázaro. En 1841 nace
en Vitoria una segunda logia, Les Vengeurs d'Hiram.
Tuvieron una actividad escasa, pero colaboraron a mantener
vivo el emblemático lema de la Orden.
En noviembre de 1872 se erige en Vitoria
la logia Luz de Vitoria nº 85, que tuvo gran
influjo en la vida profana de la ciudad. Y el 14 de diciembre
de 1879 nace, en la misma localidad, la logia Victoria.
En su cuadro lógico del 21 de abril de 1881, figura
como Venerable Fermín Herranz, publicista de profesión.
Constaba entonces de veintiséis hermanos, casi
todos jóvenes y dedicados en gran parte a la milicia
o a profesiones liberales. Precisamente en esta logia
se hallaba Manuel Iradier, quien por esas fechas de abril
de 1881 ejercía de Secretario y tenía domicilio
en el número seis de la calle vitoriana de la Constitución,
según consta en los documentos del taller.
En relación con Navarra, sabemos
que la logia iruñesa El Faro del Norte se
reconstituyó en marzo de 1882, contando con ocho
hermanos, de los que siete vivían en Pamplona.
Según investigaciones de Arbeloa, esta logia levantó
columnas en la misma fecha de 1870. Más nervio
tendría, no obstante, la Resolución
de Sangüesa, surgida en 1886 con cinco hermanos fundadores,
que se convertirían en veinte al año siguiente.
El 4 de abril de 1888, Miguel Morayta
convocó un conciliábulo masónico
para intentar unificar a los francmasones españoles
en una sola entidad. La meta era poco menos que imposible,
en especial teniendo en cuenta la dolencia crónica
de mortales y solapados personalismos que infectan desde
antiguo a la Orden en España. Este ha sido, y sigue
siendo, su peor enemigo: los sectarismos y las discusiones
bizantinas. Si los gerifaltes de la Francmasonería
española -de la denominada regular y de la mal
llamada irregular- tomasen en serio de una vez por todas
la necesidad y el anhelo que existe en las bases por lograr
una progresiva unión que liquidase las divisiones
intestinas, la Orden tendría resuelto el mayor
de sus problemas.
Pero volvamos a la historia. En Tudela
se funda, en junio de 1888, la logia Vega del César.
Y en Tafalla, desde septiembre de 1890, la Justicia
desarrolla igualmente labores que no es momento de analizar
aquí 4.
En Vizcaya, La Caridad nº 200
levantó sus columnas en septiembre de 1885,
y se consolidó en breve como gozne para todo el
territorio vizcaíno. En tierras guipuzcoanas alzó
columnas la Providencia nº 270 en los valles
de San Sebastián, allá por 1890. Y en Irún
venía trabajando la Luz de la Frontera desde
1893. Los francmasones iruneses advierten, como señala
Rodríguez de Coro, acerca del "peligro del
jesuitismo de levita", enfrentado al progreso de
las libertades. El signo de los tiempos hizo que las logias
de finales del XIX tuviesen un marcado tinte anticlerical
y político; más político, quizá,
de lo que hubiese sido deseable.
De los 458 diputados del Congreso en
1931, 183 eran masones, cifra que nos advierte la desmedida
politización de las logias en los años previos
a la guerra civil. El 17 de mayo de 1932 se constituía
en San Sebastián la logia Altuna. Este taller,
igual que la Goethe, de Bilbao, mantuvo contactos
ágiles con logias de Bayona, sobre todo con La
Zelée y L'etoile du Labourd.
La guerra de 1936 supone, para la Masonería
vasca, un desbarajuste. Tras la contienda, el régimen
invicto se propone desmantelarla, y desencadena contra
ella una injustificable persecución cuyas secuelas
se dejan notar todavía en las actividades de las
logias cara a la sociedad5.
De 1975 para acá ha llovido lo
suyo. España se alinea con la democracia y la defensa
de las libertades. En eso se ha empeñado también
el pueblo de Euskadi. Si esto se confirma, el papel de
la Masonería deberá ser notorio en adelante,
sobre todo como nexo de armonización de las estructuras
sociales y vía de mejoramiento individual6.
La Masonería ha mantenido en
Euskal Erria una estrategia de combate frente a los impulsos
reaccionarios de quienes no terminan de entender que las
sociedades han de regirse por leyes igualitarias que ayuden
a mantener bien alta la bandera universal de la libertad
y de la paz. Esa bandera la enarbolan hoy, entre otras,
las logias Manuel Iradier nº 26, que trabaja
en los valles de Vitoria desde 1993, y la Altuna nº
52, que comenzó a laborar en San Sebastián
en 2002. Ambas se hallan bajo la tutela de la Gran Logia
Simbólica Española, obediencia cuyo pasado
Gran Maestre es Javier Otaola, abogado bilbaíno,
ensayista y colaborador de prensa, buen conocedor del
momento actual por el que pasa la Francmasonería
euskaldúna.
1 Publicado en la revista La Acacia,
Nueva época nº 14, junio 2002, pp. 12-13.
2 Cita tomada de RODRÍGUEZ DE CORO, Francisco,
Los masones, 1728-1945, Vitoria-Gasteiz, Fundación
Sancho el Sabio, 1992, pp. 39-40.
3 RODRÍGUEZ DE CORO, Francisco, "La Masonería
vasca entre Napoleón y Fernando VII", en AA.VV.,
La Masonería por Euskal Herria, 1728-1939.
Exposición, Gasteiz, Araba eta Gasteizko Aurrezki
Kutxa, 1990-1991, p. 93.
4 Véase ARBELOA, Víctor Manuel, La Masonería
en Navarra, 1870-1945, Pamplona, Aranzadi, 1976.
5 Véase MORALES RUIZ, Juan José, La publicación
de la ley de represión de la Masonería en
la prensa de la España de postguerra (1940),
Zaragoza, Institución Fernando el Católico,
1992.
6 Véase FERRER BENIMELI, J. A., Masonería
española contemporánea, 2 vol., Madrid,
Siglo XXI Editores, 1980.
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