PABLO CAMPOS PELLEJERO (1900-1998)
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Por Ricardo Serna


   Cuando un buen día del mes de marzo del año 90 hojeaba yo las páginas de sociedad del periódico aragonés Heraldo de Aragón, me sorprendí ante una curiosa entrevista2 en la que Pablo Campos, un masón nacido con el siglo, relataba ante el periodista su complicada huida de Zaragoza en 1936.
   La vida de este hombre, fallecido el 20 de septiembre de 1998, resulta de interés. Fue el segundo hijo -único varón- de una familia modesta que se componía del matrimonio y seis hijos. El padre de Pablo trabajaba en un pequeño taller de zapatería. Poco sabemos de su niñez y adolescencia. Sólo que trabajó, siendo un mozalbete, en una fábrica de curtidos como cortador de piel. En 1920 fue movilizado por el ejército y destinado al regimiento de artillería de Huesca. Con el servicio militar cumplido, intentó recuperar su puesto de trabajo, mas no lo consiguió, optando entonces por emigrar a Francia. En 1930 regresó a Zaragoza con unos ahorros, compró unos terrenos en el barrio de Las Fuentes y se hizo construir una pequeña fábrica de calzado. Al poco tiempo llegó la República.
   Almolda fue quien primero le habló de la Masonería y de la logia Constancia, donde se inició como francmasón con el nombre simbólico de Hermes.
   Al producirse el levantamiento militar en julio de 1936, Vera Coronel era el Gobernador Civil de Zaragoza. El ambiente se enrareció con rapidez y Felipe Pablo Campos se escondió en la torre de unos amigos, enclavada en la orilla derecha del río Huerva.
   A pesar de los malos tiempos que corrían, Campos fue encargado de la custodia de la documentación de su logia. Sin embargo, cuando Campos quiso hacerse con ella, la policía ya la tenía en su poder. Detuvieron a Viana, Secretario de la logia Constancia, que fue fusilado a los pocos días. En vista de la situación, y al objeto de despistar en lo posible, nuestro personaje se dejó el bigote y cambió de peinado, trasladándose unos días a casa de un sindicalista de la U.G.T. amigo suyo, de donde hubo de salir por piernas perseguido de cerca por una patrulla que seguía su pista. Muchos fueron los francmasones aragoneses que perecieron en el transcurso de aquellos tristes aconteceres. El mismo padre de Campos fue detenido, interrogado y puesto luego en libertad. Enterado Pablo de los hechos, se marchó al domicilio de una de sus hermanas, donde vivió escondido varios meses.
   Por mediación de Gregorio Ramos, amigo donostiarra y a su vez fabricante de calzado, Pablo Campos salió de Zaragoza y llegó, en ferrocarril y pasando por Pamplona, a San Sebastián, donde estuvo trabajando en la fábrica de su amigo vasco. De ahí se desplazó hasta un caserío de Astigarraga, en donde, a cambio de dinero, lo ocultaron en el estrecho hueco de una escalera de madera. Allí permaneció cuatro meses.
   Descubierto de nuevo y perseguido siempre por su filiación masónica y sus tendencias cenetistas, dejó el caserío y llegó a Hernani en compañía de un cartero al que buscaban también por sus actividades políticas de izquierdas. El 3 de febrero de 1938, un joven vasco accedió a guiarlo hacia la frontera con Francia a cambio de siete mil pesetas. En el transcurso del viaje conoció a Tomás Elizalde, quien también buscaba la salida francesa en compañía de su propio guía.
   Al final, tras incontables peripecias, llegaron los cuatro -ellos dos y los respectivos guías- hasta Sara, un pueblecito ubicado en territorio francés. Desde allí, en compañía de Elizalde, tomó un autobús con destino a Biarritz. Una vez allí, libre por fin del agobiante acoso policial, tomó un tren a París, su ciudad de la libertad.
   Desde París viajó luego a México, país donde se casó, echó raíces y vivió la friolera de cincuenta largos años. Pero eso ya es otra historia. Una biografía, la de Pablo Campos Pellejero que, de no ser tan real como la misma vida, sería digna de la mejor obra literaria de ficción.

 

1 Publicado en la revista La Acacia, Nueva época, Núm. 4, Zaragoza, marzo 1999, p. 8.
2 García, Mariano, "El último testigo de las logias zaragozanas del 36", Heraldo de Aragón, Zaragoza, 7-3-1990.