PRÁXEDES MATEO SAGASTA (1825-1903)
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Por Ricardo Serna


   Aunque el nombre de este personaje a casi todos nos resulta familiar, su biografía, andanzas y logros no son tan conocidos del gran público como cabría esperar. Lo mismo sucede con la mayoría de los personajes célebres que, igual que Sagasta, tienen calle dedicada en algunas ciudades españolas.
   Sagasta vio la luz en Torrecilla en 1825. A los dieciocho años se matriculó en la Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid, centro del que sería profesor más adelante. Liberal de convicción y político vocacional, pronto consiguió ocupar varios cargos de relativa categoría, entre ellos el de jefe de Obras Públicas en Zamora, ciudad donde se enamoró de la hija de un absolutista. La política dio al traste con esos amores tras un sonado escándalo.
   En 1854 es elegido diputado a las Cortes constituyentes. Por las mismas fechas, y en compañía de otros correligionarios y amigos, funda La Iberia, un periódico de carácter progresista que pasó a dirigir Calvo Asensio.
   Cuando en el año 56 termina el bienio progresista, Sagasta será de los primeros políticos en encabezar el movimiento de resistencia. Al año siguiente, en 1857, perdió el escaño, que recuperó en el 58, siendo entonces de los pocos progresistas que salieron elegidos.
   Su actividad política fue siempre febril. Como parlamentario destacaba por su violencia verbal y su buena oratoria. Al morir Calvo Asensio, pasó a dirigir La Iberia y a luchar con la pluma, desde sus páginas, por la España que había soñado desde su primera juventud.
   Participó en la intentona revolucionaria del cuartel de San Gil en 1866, como consecuencia de lo cual fue detenido, juzgado y condenado a muerte. Así que huyó a Francia. Enseguida contactó con el grupo de conspiradores liderado por Prim, quien le encomendó la misión de ir a Londres para negociar con Cabrera y los carlistas.
   Una vez formado el primer gobierno provisional, en octubre de 1868, Sagasta recibió la cartera de Gobernación, cargo que ostentaba en el momento de producirse el asesinato de Prim.
   Integrado luego en el Partido Radical, formó parte del gobierno con Amadeo I, y en diciembre del 71 presidió por primera vez el gobierno. Más adelante, al producirse la restauración de los Borbones, Sagasta se resignó y optó por organizar un partido liberal que fue conocido por el nombre de fusionista. Por estas fechas, tras su elección como Gran Maestre del Gran Oriente de España, intentó reestructurar y reorganizar la Masonería, labor nada sencilla si tenemos en cuenta la peculiar situación de la Orden por aquellas fechas, las intrigas que alteraban con frecuencia el interior de las logias y la multiplicidad de intereses políticos que mediaban en el asunto. Hay que tener en cuenta que la Masonería finisecular del XIX estuvo inmersa en el conflictivo proceso de cambios políticos que tanto afectaron a la nación y que terminó por cambiar sus horizontes.
   En 1881, Sagasta ocupó la presidencia del Gobierno durante dos años largos. Parecía el único político español capaz de hacer frente al tirón de Cánovas del Castillo y su concepto del Estado. El asesinato de éste volvió a llevarle al poder en octubre de 1897, en unos momentos delicados para España por los graves conflictos coloniales con Cuba y Puerto Rico. Tras la derrota española en la guerra con los Estados Unidos y la independencia de los territorios coloniales, la figura de Sagasta y de su gobierno quedó muy quebrantada, y en febrero de 1899 presentó la dimisión, aunque todavía volvió una vez más a la presidencia del Consejo de ministros en marzo de 1901. Falleció en Madrid en 1903. La actividad política envolvió en todo momento la vida y el pensamiento de este insigne liberal que ostentó, como norma de carácter, una sagaz inteligencia digna del mejor estadista.

 

1 Publicado en la revista La Acacia, Nueva época, Nº 5, Zaragoza, junio 1999, p. 8.