| |
REFLEJOS EN LA HISTORIA1
Por Ricardo Serna
De todos es sabido que
la Masonería, como institución, ha despertado
mucho interés entre los historiadores españoles
de un tiempo a esta parte. Desde que, en 1963, las Prensas
Universitarias de Francia sacaran a la luz, en la popularísima
colección Que sais-je?, la primera edición
del libro La Franc-maçonnerie, del doctor
Paul Naudon, muchas han sido las obras que se han aproximado
al asunto de un modo u otro.
En nuestro país, el interés
se despertó de un modo especial a raíz de
la edición, en 1976, de la obra Masonería,
Iglesia e Ilustración, del profesor aragonés
Ferrer Benimeli, publicada en Madrid por la Fundación
Universitaria Española. El núcleo esencial
de esta obra había sido defendido en 1972 como
tesis doctoral en la Universidad de Zaragoza. No obstante,
en 1968 ya se había publicado en Barcelona otro
libro del profesor Ferrer titulado La Masonería
después del Concilio, auténtico acicate
en su momento para la renovación conceptual en
la investigación sobre masonería. Resalto
las fechas porque, aunque el antiguo régimen ya
estaba ciertamente debilitado a finales de los años
sesenta y principios de los setenta, el tema era todavía
lo suficientemente provocador como para que los estudiosos
de la Orden de la escuadra y el compás no se andasen
con excesivas audacias.
La Masonería, sus pilares filosóficos
y su peculiar manera de estar y actuar dentro del tejido
social, han despertado -y siguen despertando hoy por hoy-
auténticas pasiones que han tenido su reflejo en
multitud de artículos y libros. El historiador
imparcial procura mantenerse en todo momento al margen
de filias y fobias, y ha de saber hallar la verdad de
las cosas investigadas y expresar luego sus conclusiones
científicas con total honestidad en la redacción
final de sus trabajos. En enero de 1994, el profesor Ferrer
Benimeli editó La Masonería, sucinto
compendio de carácter divulgativo del que ya tuve
el gusto de ocuparme en su momento en la prensa aragonesa.
Resulta curioso comprobar cómo,
de quince años a esta parte, los investigadores
de la masonería han ido sacando a la luz estudios
parciales que abordan la problemática historia
de la Orden desde una óptica de carácter
local o regional. Así, por ejemplo, se han venido
publicando obras como La Masonería en Huelva
y provincia en el último tercio del siglo XIX,
de Eduardo Enríquez del Árbol, patrocinada
por la Universidad de Granada y el Centro de Estudios
Históricos de la Masonería Española,
con sede en Zaragoza (1994), o también, por citar
otros ejemplos, La masonería en Navarra (1870-1945),
de Víctor Manuel Arbeloa (1976), obra ya tradicional
y algo más veterana, La masonería en
Córdoba, de Francisco Moreno y Juan Ortiz (1985),
La masonería en la región de Murcia,
del profesor José Antonio Ayala (1986), La masonería
en Extremadura, de Pedro Víctor Fernández,
editada bajo el auspicio de la Diputación Provincial
de Badajoz (1989), La masonería en La Rioja,
de Abilio Jorge Torres, editada por el Instituto de Estudios
Riojanos (1992), La masonería gaditana desde
sus orígenes hasta 1833, de José María
García León (1993), La masonería
en Alcoy, de Claudio Llopis (1996), Canarias: La
masonería, de Manuel de Paz y Emilia Carmona
(1996), Aproximación a un mito: masonería
y política en la Sevilla del siglo XX, de Leandro
Álvarez (1996), etc. Tampoco faltan estudios recientes
acerca de la masonería española en relación
con las antiguas colonias decimonónicas o con países
de nuestro entorno geográfico. Baste citar como
muestra La masonería de obediencia española
en Puerto Rico en el siglo XX, del profesor José
Antonio Ayala, estudio editado por la Universidad de Murcia
(1993), La masonería española en Cuba,
de José Manuel Castellano Gil (1996) o el reciente
libro Las relaciones masónicas entre España
y Portugal, 1866-1932, de Ignacio Chato Gonzalo, edición
patrocinada por la Junta de Extremadura (1997).
La Masonería se ha estudiado
desde los departamentos universitarios con verdadera fiebre
de saber. Era, hasta no hace mucho, un rico filón
para los jóvenes que aspiraban a la realización
de una tesis doctoral o de licenciatura relativamente
original, una veta virgen para algunos investigadores
que se han volcado en hemerotecas y archivos, como el
de Salamanca, a fin de enriquecer la historia con nuevos
datos reales y comprobables sobre la Orden, su desarrollo,
vida interna de las logias y repercusión social
y política de sus actividades. Suelen ser todas
estas obras estudios de envergadura que abordan, con mucha
seriedad y una profesionalidad incuestionable, la historia
decimonónica de la Masonería española
o su desarrollo en la primera mitad del siglo XX.
Debemos felicitarnos todos, masones
y no masones, por ver al fin en los libros de historia
apreciables fragmentos del largo devenir de una asociación
tan profundamente desconocida.
1 Publicado en la revista La Acacia,
Nueva época, Nº 5, Zaragoza, junio 1999,
p. 5.
|
|