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y de avance social. Oyó decir a
sus amigos y allegados, que la Francmasonería era
una asociación universal y filantrópica
que procuraba inculcar en sus adeptos el amor a la verdad,
el estudio de la moral, de las ciencias y las artes, y
desarrollar en el corazón humano los sentimientos
de caridad, tolerancia y defensa del progreso. Escuchó
que la Masonería pretendía extinguir del
planeta los odios racistas y los antagonismos nacionales,
confundiendo a los hombres en una atmósfera de
solidaridad y armonía. ¿Acaso el futuro
Nobel, con un pensamiento tan racionalista y equilibrado
como el suyo, y con un ideario tan hondamente humanista,
podía quedarse fuera de una corriente de semejante
calado? Quizá por esto mismamente, pensó
que la Masonería podía ofrecerle un camino
por el que avanzar en dos sentidos: en la construcción
de sí mismo como persona, por un lado, y en la
consecución progresiva de un futuro mejor para
el país, por el otro. La decisión de pedir
la admisión en la Orden la tomó en 1877,
una vez hubo conocido a ilustres y admirados caballeros
que ya eran entonces masones declarados, y cuyo ejemplo
fue decisivo a la hora de reafirmase en su deseo2.
En la España posterior a la revolución
de 1868, dos obediencias aglutinaron buena parte de las
logias masónicas peninsulares: el Grande Oriente
de España y el Grande Oriente Nacional de España.
En septiembre de 1870, Manuel Ruiz Zorrilla, a la sazón
Presidente del Gobierno, fue instalado como Gran Maestre
de la Gran Logia Simbólica de España. A
este hecho siguió un movimiento de expansión
de las logias por todo el país. Corrían
buenos tiempos para la Orden en cuestión de afiliaciones.
La situación política volvió a cambiar
al poco tiempo. La abdicación de Amadeo de Saboya
el 11 de febrero de 1873 -quien, dicho sea de paso, y
como afirmo en uno de mis libros, nunca perteneció
a la Masonería3- y la llegada
de la República, forzaron la dimisión y
expatriación de Ruiz Zorrilla, que dimitió
de sus cargos masónicos el primer día de
1874. Hubo un ínterin en el que reinaron la confusión
y la decadencia en la Orden, hasta que se fusionaron el
Grande Oriente Ibérico con el Grande Oriente de
España. Y el día 7 de abril de 1876, una
vez consolidada la restauración borbónica
en la persona de Alfonso XIII, Práxedes Mateo Sagasta
fue nombrado Gran Maestre del Grande Oriente de España,
obediencia que llegó a contar con 380 logias repartidas
por el país4. Los talleres
volvieron a conocer, otra vez, una desmesurada y rápida
expansión.
Fue en este momento cuando Santiago
Ramón y Cajal, que contaba con la juvenil edad
de veinte y pocos años5,
solicitó su entrada en la logia Caballeros de
la Noche núm. 68, de Zaragoza. Esta logia estuvo
activa desde 1869 hasta 1892, aunque tuvo dos etapas distintas:
entre 1869 y 1886 trabajó bajo la jurisdicción
del Gran Oriente Lusitano Unido. Luego, entre 1886 y 1892,
el taller quedará integrado en la Gran Logia Simbólica
Independiente Española.
Echando cuentas, se puede afirmar que
la ceremonia de iniciación debió tener lugar
entre mediado enero y el 20 de marzo de 1877, pues el
día 22 de dicho mes ya figura inscrito como aprendiz
en un legajo conservado en el Archivo Histórico
salmantino. Nos inclinamos a pensar que pudo ser iniciado
en la primera semana de febrero, ya que en abril Caballeros
de la Noche volvió a iniciar a tres profanos
más, entre ellos a otro médico, don Francisco
Blas Urzola Marcén. Santiago Ramón y Cajal
tomó el nombre simbólico de Averroes,
y fue anotado en el libro de registro con el número
96 de orden6. Esta documentación
a la que aludo se halla en buen estado de conservación
y puede ser consultada en el Archivo de la Guerra Civil
Española de Salamanca.
Poco sabemos con certeza de la actividad
masónica del que, a no tardar mucho, sería
catedrático de Anatomía General y Descriptiva.
El único dato constatable es que, a fecha de julio
de 1878 -es decir, año y medio después de
su iniciación en su logia madre-, Cajal había
sido promovido al grado de compañero, y como tal
figura en un listado que transcribe Vera Sempere en una
obra sobre la biografía del ínclito aragonés7.
De aquí en adelante, nada sabemos de Cajal como
francmasón. En años sucesivos al de su iniciación,
1877, no aparece su nombre en listas de cargos de la logia
ni en documentación alguna relacionada con los
trabajos y actividades de Caballeros de la Noche,
razón por la que hay que pensar que, a lo peor,
el mucho quehacer profesional, unido quizá a cierta
desilusión personal por no hallar en la práctica
lo que se predicaba en teoría, hizo de Cajal un
masón durmiente o cesante.
Se guarda una carta de Cajal, dirigida
a Carlos María Cortezo, fechada el 8 de agosto
de 1922, en la que -hablando de Luis Simarro, ya fallecido-
escribe lo siguiente: "...en España había
algo más urgente y digno de su gran talento que
presidir logias masónicas, defender anarquías
y afiliarse a un muriente y desacreditado partido republicano..."
Por el tono que impregna la mentada epístola, el
desencanto por la Orden y su línea de apoyo partidista,
parece evidente en el Cajal del año veintidós.
Aún así, estoy seguro de que, activo o durmiente,
el estigma de la mejor y más elevada filosofía
masónica nunca se borró del espíritu
generoso de don Santiago.
1 Publicado en la revista Tiempo de
Historia, Internet, martes 17.IV.2007.
2 A Luis Simarro, político y destacado francmasón,
lo conocería Cajal años más tarde,
en 1887, fecha en la que Cajal reside en Valencia como
catedrático de Anatomía. Había transcurrido
ya una década desde que Cajal fuera iniciado francmasón.
3 Véase SERNA, Ricardo, Masonería y literatura.
La Masonería en la novela emblemática de
Luis Coloma, Madrid, Fundación Universitaria
Española, 1998, p. 132.
4 Se cuenta en FERRER BENIMELI, J. Antonio, Masonería
española contemporánea. [2 Vol]. Vol.
2, Madrid, Siglo XXI Ediciones, 1980, pp. 8-9.
5Era nacido en Petilla de Aragón, en mayo del año
1852.
6 Esto denota que Santiago Ramón y Cajal fue el
hermano número 96 de los admitidos en dicho taller
desde su establecimiento legal como logia reconocida.
7 VERA SEMPERE, Francisco J., Santiago Ramón
y Cajal en Valencia (1884-1887), Valencia, Editorial
Denes, 2001, p. 79. Las primeras y básicas noticias
sobre Cajal y sus actividades en la logia Caballeros
de la Noche núm. 68 ya se encuentran en FERRER
BENIMELI, José A., La Masonería en Aragón
[3 vol], Zaragoza, Librería General, 1979,
Vol. I, p. 138.
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