1954-1963  
  1964-1973  
  1974-1983  
  1984-1993  
  1994-2003  
  2004-2008  
     
 
 
 

1954-1963

   Ricardo Serna nació el 28 de octubre de 1954, a las ocho y media de la mañana, en la ciudad de Zaragoza (España), en la clínica de los doctores Cerrada y Cabderá, ubicada en el número diecinueve de la calle Mariano Royo, muy cerca de la Gran Vía.
   Sus padres, Ricardo Serna de Montalvo, natural de La Puebla de Híjar (Teruel), y María Galindo Lucia, nacida en Herrera de los Navarros (Zaragoza), se unieron en matrimonio católico el día 15 de julio de 1952, en el altar mayor de la, entonces parroquia y hoy basílica, de Santa Engracia. Celebró la ceremonia nupcial monseñor Lorenzo Bereciartúa, a la sazón obispo auxiliar de Zaragoza y director espiritual de la novia.
   Ricardo recibió el bautismo en la mentada parroquia, el 2 de noviembre de su año natal, 1954.
   Sus padres, ella funcionaria y él comerciante autónomo, trabajaban fuera de casa, razón por la que el pequeño Ricardo hubo de quedar por las mañanas al cuidado de su abuelo Tomás, padre de su madre, hasta alcanzar la edad escolar.
Ingresó como párvulo en el colegio de las Franciscanas de la calle Andrés Piquer, un centro de enseñanza femenino con parvulario mixto, y posteriormente fue matriculado en el colegio masculino La Salle, junto a la plaza de San Francisco. En dicho centro estudiará el muchacho hasta concluir el tercer curso del bachiller elemental. Fueron años de inconsciencia y de pequeños y difusos recuerdos que se diluyen entre la neblina engañosa de la memoria difícil.
   Echando la vista atrás, Serna dice acordarse vagamente de su gran caballo de cartón -el catatán gane, como le llamaba él-, o de las manos quijotescas, alargadas y enflaquecidas de su abuelo Tomás. Incluso rememora con cierta facilidad algunos momentos, acontecimientos o vivencias especiales, como el día que montó sobre la motocicleta de su primo Jordi, el de Barcelona, su embeleso con el caballo azabache -esta vez de carne y hueso- de la carbonería de su calle, Bruno Solano, la suavidad del abrigo de piel de su tía Rosario, que tanto acariciaba a la menor oportunidad, o los juegos a médicos y enfermeras en compañía de su amiguita María Elena, una vecina de su misma edad que vivía en el piso de al lado.
   Era un niño, y como tal vivía inmerso en su pequeño universo maleable, tan anchuroso en fantasía, ajeno sin duda a la realidad social de una España todavía convaleciente de las secuelas de posguerra.
   Su padre, aquejado de reuma articular inflamatorio, y persona poco paciente ante el dolor físico, fomentó sin querer en el pequeño Ricardo una especie de psicosis de inseguridad que, como el mismo escritor confiesa, tardó años en superar del todo.

 

 
   
 
 
 


1964-1973

   El cuarto año del bachillerato lo cursa en el internado de Burbáguena (Teruel), regentado por los Franciscanos. Alejarse de la casa paterna le costó al chiquillo una memorable llantina.
   En aquel colegio conoció la soledad, se sintió impresionado por ciertas vivencias de aprendizaje y descubrió a la vez, no sin el consiguiente sufrimiento, que la vida es preciso vivirla con pasión y en armonía con uno mismo. O arriesgarse a malvivirla, en caso contrario.
   Hizo algunas amistades valiosas entre sus compañeros, pero también entre los frailes y profesores, de los que recuerda con especial cariño al cocinero del internado, fray Antonio María Soriano, un hermano lego natural de Valencia, muy joven entonces, con el que Serna simpatizó desde el primer momento.
   El internado turolense dejó en el chico una huella imperecedera, tanto que son varias las obras narrativas donde Serna nos describe a posteriori, en distintos grados de transparencia según los casos, sus experiencias como alumno de aquel centro de enseñanza. Menos mal que en el pueblo conoció pronto a Ignacio y Carmen, un matrimonio sin hijos que lo apadrinó y le dio apoyo y cariño en aquellas adversas circunstancias.
   Coincidiendo con su estancia en ese colegio, una hepatitis le obligó a guardar cama durante tres largos meses por prescripción facultativa, razón por la que no pudo superar con normalidad los exámenes y se vio en la necesidad de repetir el curso entero.
   En Burbáguena, sus profesores descubrieron enseguida sus evidentes dotes literarias, y lo instaron a presentarse a un certamen escolar de redacción que patrocinaba todos los años una popular firma comercial de refrescos, internacionalmente conocida. Fue así como obtuvo un premio provincial, en representación de Teruel, en la décima edición del Concurso Nacional de Redacción. Su trabajo se titulaba La electricidad. Sería el primer reconocimiento público de su valía como escritor en ciernes.
   Corría el año de 1971 cuando Ricardo dejó atrás el internado y regresó a la casa paterna, a fin de seguir estudiando en Zaragoza como alumno libre del instituto Goya. En este prestigioso liceo superó la reválida y buena parte de su bachiller superior.
   A la vez, sus padres lo matricularon en la academia Kühnel para que aprendiese contabilidad y mecanografía, conocimiento -este último- que siempre agradeció después a la hora de ponerse ante un teclado alfabético.
   Durante el periodo de formación al que hacemos referencia, Ricardo leyó sin descanso, sobre todo por las noches. A veces ha dicho que escritores como Kafka, Nabokov o Torrente, por ejemplo, fueron para él descubrimientos magníficos de insospechados horizontes.
   Escribía relatos y poemas que constituyen el primer fruto tangible de su labor creativa. La lectura -según ha declarado en alguna entrevista- le supuso el hallazgo de mundos paralelos, a veces subterráneos y secretos, que habitan en el interior de ciertos seres humanos, quizá sólo de los más sensibles y predispuestos.

 
   
 
 
 
1974-1983

   En 1974, Ricardo Serna es ya un joven esperanzado, lleno de fuerza y de proyectos, capaz de enfrentarse a retos de mayor envergadura.
   Ese año, a la vez que se dispone a concluir su bachillerato superior como alumno nocturno del instituto Ramón de Pignatelli -actual sede de la Diputación General de Aragón-, ingresa como soldado voluntario en el cuerpo de aviación del ejército. Aunque atropellado por sus múltiples ocupaciones, hace el servicio militar, termina el curso de orientación universitaria y supera satisfactoriamente las pruebas de acceso a la universidad, matriculándose luego en la facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza.
   En 1975, a raíz del fallecimiento del general Francisco Franco, se abre en la sociedad española un periodo nuevo de convivencia pacífica. El escritor vivirá de cerca esos primeros avatares de la democracia naciente.
   Los cinco años de carrera fueron para el escritor fecundos y positivos. No dejó de crear ni un solo día; y sus lecturas, aun siendo algo más reposadas y selectivas que en la adolescencia, seguían haciendo de él un pozo fecundo de experiencia intelectual.
   Desde los dieciocho años, el joven autor mantiene relaciones afectivas con Laura, una estudiante poco más joven que él a la que conoció en un centro de actividades juveniles. Ella trabajaba y estudiaba al mismo tiempo. Ambos lo ignoraban entonces, pero sus destinos se iban a cruzar de manera formal en junio de 1983, cuando contrajeran matrimonio.
   El veintisiete de diciembre de 1977, la Comisión de Festejos del Excmo. Ayuntamiento de Zaragoza otorga el Primer Premio de Cuentos navideños a su relato Juan Arcilla, integrado luego, en 1990, en su libro La noche de papel.
   Durante este periodo, nuestro escritor no cesa de realizar cursos, participar en congresos y ampliar saberes.
   En 1981 obtiene el Certificado de Aptitud Pedagógica, que le faculta para acceder oficialmente a puestos de docencia.
   Ese mismo año, bajo la dirección de Leonardo Romero, catedrático de Literatura de la facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza, se integra en un curso de técnicas de investigación literaria en el que manifiesta un interés y aprovechamiento verdaderamente encomiables. El curso tuvo lugar en el Instituto Museo Camón Aznar.
   En marzo funda, al lado de varios compañeros y profesores de la facultad de Letras, el grupo literario Juan de Moncayo, cuya actividad más señalada fue la realización de una tertulia, de grata memoria para él, que se reunía semanalmente en los bajos del antiguo café Florida -ahora café Moderno-, sito en el número dos de la zaragozana calle de Eduardo Dato.
   En abril del mismo año, 1981, se concede el premio "Villa de Ejea" a un cuento suyo titulado Epístola para Triunfo, galardón que obtiene de nuevo en 1982 con su relato El santero que vino de la niebla.
   A lo largo del curso académico 1982-83, Serna imparte clases de Lengua y Literatura Española y de Historia de España en Guadalajara, capital alcarreña de la que guarda un recuerdo entrañable y en la que residió un año largo. Reflejo literario de sus vivencias alcarreñas es su cuento La fonda caracense, publicado en el libro Caballeros de la luz.
   Vuelve a su ciudad natal y sigue ampliando conocimientos en campos tan dispares como la bioantropometría y la biblioteconomía.
   Tras un dilatado noviazgo, el 29 de junio de 1983 contrae matrimonio católico con la, también zaragozana, Laura Suso Ruiz. La ceremonia tiene lugar en el altar mayor de la iglesia parroquial de la Virgen del Perpetuo Socorro, en la avenida de Goya.

 

 
   
 
 
 
1984-1993

   En 1984, vemos a Ricardo Serna inmerso de nuevo en la docencia y la escritura. Ejerce como profesor de Lengua y de Literatura Española, actividad que mantendrá hasta 1993, aunque con un obligado paréntesis en 1987, forzado -como veremos- por motivos de salud.
   En abril de 1984, recibe el premio "Ciudad de Palencia" de narrativa por su libro Relatos del insomnio, galardón que llevaba el nombre de Tomás Salvador en homenaje al ilustre escritor palentino, personaje al que Serna conoció en el acto de entrega de la distinción. A su vez, y también en Palencia, su obra Poemas de la ortodoxia resultó finalista del premio nacional "Marciano Zurita" de poesía.
   En el verano de 1984, Serna se mueve lo suyo. Lo vemos primero en un curso de arte contemporáneo en la Institución Fernando el Católico, de la Excma. Diputación de Zaragoza.
   Asiste a dos citas culturales más: unas jornadas de archivística celebradas en Huesca, y un curso de verano de la Universidad del País Vasco, en San Sebastián, acerca del proceso de romanización de Hispania.
   Mediado el mes de diciembre del mismo año, 1984, fallece Vicente Aleixandre, premio Nobel de Literatura en 1977. Y al día siguiente, Serna publica un sentido poema en su memoria en las páginas del periódico diario Heraldo de Aragón. Titula el poema Se marcha la vida. Estos versos, de urgencia entonces, serán levemente reformados años más tarde.
   En 1985, el escritor parece hallarse interesado por la heráldica y la genealogía, participando activamente en un seminario que patrocinó en su día la cátedra Zurita, de la mentada Institución Fernando el Católico.
   A comienzos del mes de julio, la librería El Buscón, de Madrid, otorga una mención de honor al escritor por haber resultado finalista en el premio "Nicaragua" de cuento. El relato premiado llevaba por título Ankak ariñak eta (o el regreso de Begoña Larramendi).
   En las postrimerías de julio, nuestro autor viaja a Segovia, donde asiste a un curso de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo acerca de las complicidades de la literatura. El curso le dio la oportunidad de conocer al insigne escritor José Jiménez Lozano, al que Serna admiraba desde tiempo atrás. A su regreso a tierras de Aragón, aún participó además en un par de cursos de perfeccionamiento para el profesorado convocados, en exclusiva para personal docente, por el Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad aragonesa.
A mediados de agosto obtuvo un accésit en el certamen de poesía "Ciudad de Benicarló", convocado por el Ayuntamiento de dicha localidad. La obra presentada a concurso se titulaba Trilogía de Thánatos.
   El 15 de diciembre de 1985, Serna recibe notificación de la concesión del premio "Ciudad de Barbastro" de narrativa. El premio, que había sido convocado por la Delegación de Cultura de dicho ayuntamiento oscense bajo el apelativo de Saturnino López Novoa, en homenaje al decimonónico e ilustre erudito y obispo de Huesca, se le otorgó al escritor por su relato Que no cuenten conmigo.
   En 1986, Ricardo Serna disfrutó lo suyo en la Universidad de Salamanca, donde coincidió con el profesor Bustos en un curso superior de filología que giró en torno a las bases lingüísticas del español americano.
   En agosto se desplaza hasta Santander, donde participa en otro seminario acerca de la figura del ínclito escritor Ramón María del Valle-Inclán. Allí se pone en contacto con un grupo de escritores jóvenes de Cantabria que asisten a las sesiones.
   Y concluye el verano, por fin, con un encuentro académico de profesores de Lengua y Literatura, acaecido en el campus pamplonés de la Universidad de Navarra.
   La febril actividad cultural de Ricardo Serna duró hasta que, en enero de 1987, una grave enfermedad estuvo a punto de costarle la vida. La manifestación de un carcinoma epidermoide obliga a someterlo con urgencia a una peligrosa intervención quirúrgica -una hemiglosectomía- que le iba a dejar secuelas irreversibles en su integridad física. Recibe tratamiento posterior en la Clínica Universitaria de Navarra, en Pamplona, y consigue eludir así el embate de la parca. Ese año sería, según sus manifestaciones, el más amargo y terrible de los que le habían tocado en suerte hasta la fecha.
   Tras un periodo de severa rehabilitación, rechaza la comodidad de una golosa jubilación anticipada que se le pone en bandeja y prefiere volver a las aulas con sus alumnos.
   Esta experiencia de la enfermedad granó, al cabo de los años, en su primera novela publicada, Los días amargos, donde se narra con absoluto verismo, y sin la menor concesión sentimental, la peripecia vivida por el autor a raíz de conocer el diagnóstico de su dolencia.
   Ricardo Serna se reincorpora a las aulas, no sin un considerable esfuerzo, al comienzo del nuevo curso académico 1987-88, y procura leer y escribir como lo hacía antes de su enfermedad. Pero su descenso de actividad se hace patente.
En febrero de 1990 recibe el premio de poesía "Valle de Oja", convocado en la localidad riojana de Santo Domingo de la Calzada.
   Y en la primavera de 1990, prepara la edición de su libro de relatos La noche de papel, de cuya publicación se hicieron eco en su día los medios. La obra, con sesenta y seis cuentos breves nada menos, fue bien recibida por la crítica y el público en general, lo que animó sin duda al escritor a persistir en el empeño.
   Autores e intelectuales de prestigio como Miguel Delibes, Raúl Guerra Garrido, Carmen Kurtz, Alonso Zamora Vicente, Soledad Puértolas, Alberto Gil Novales, Manuel Alvar, Dolores Medio o Pedro Antonio Urbina, entre otros, contactaron con Serna para darle su positiva opinión de la obra y de su estilo literario. Con buena parte de ellos, el escritor aragonés ha seguido manteniendo contactos epistolares o personales más o menos frecuentes, en especial con el académico Zamora Vicente, a quien Serna admira desde que leyera alguno de sus libros durante su etapa preuniversitaria, y con la narradora zaragozana Soledad Puértolas, de la que también es un fidelísimo lector.
   Ricardo entró a formar parte, a finales del año noventa, del equipo de colaboradores literarios de Rayuela, suplemento de El Periódico de Aragón, donde compartió espacios con algunos intelectuales de categoría. Escribió de libros, dio su opinión sincera acerca de ciertas novedades editoriales de la época y publicó trabajos referidos, entre otros autores, a Gonzalo Torrente Ballester, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Eduardo Alonso, Riera de Leyva, Javier Tomeo, Gregorio Morales, Lourdes Ortiz o Antonio Colinas, por citar sólo unos pocos. En Rayuela escribirá hasta el año 1992.
   En la estación estival de 1991, Ricardo Serna viaja a San Lorenzo de El Escorial a fin de participar en un curso sobre Francmasonería, organizado por la Universidad Complutense de Madrid. Allí conoce más de cerca al historiador oscense José Antonio Ferrer Benimeli, a la sazón profesor titular de Historia Moderna y Contemporánea en la Universidad de Zaragoza. Será a partir de dicho encuentro, cuando la amistad surja entre ambos y se empiece a consolidar.
   Rayuela se agota como suplemento de El Periódico, y surge en su lugar La Cultura, donde Serna sigue firmando artículos hasta diciembre del año 1994.
   En julio del año 1992, regresó de nuevo a El Escorial, pero esta vez para coincidir, en la sede de la Complutense, con Pedro Laín Entralgo y Pedro Schwartz, en un interesante encuentro en torno a la figura de Gregorio Marañón.
   Es solicitado como miembro de jurados en algunos certámenes literarios. Así ocurre, por ejemplo, en junio de 1993, en el XII Premio de relatos "Ciudad de Zaragoza", convocado por el Departamento de Cultura del Excmo. Ayuntamiento. Vivirá también experiencias similares en años posteriores.
   Interviene igualmente por las mismas fechas en el VI Symposium Internacional de Historia de la Masonería Española, convocado en su ciudad natal por el Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española, que dirige el doctor Ferrer Benimeli. A partir de esta cita, nuestro escritor acudirá sin falta a todos los simposios organizados por el Centro de Estudios que dirige el prestigioso historiador oscense. Por eso lo vemos en Toledo en el verano de 1995, en Barcelona en diciembre de 1997, en la histórica Segovia en octubre de 2000, en Leganés (Madrid) en septiembre de 2003, y en Logroño a principios de julio de 2006. La recreación histórica y el ensayo literario pasan a formar parte de sus escritos habituales.

 
   
 
 
 

1994-2003

   A finales de noviembre de 1994, el Área de Acción Cultural del Ayuntamiento de Zaragoza seleccionó un relato suyo titulado Jazz como obra finalista del Premio de Cuentos "Ciudad de Zaragoza". Dicha narración fue publicada poco después en un volumen colectivo, Relatos 1994, y recogida posteriormente en su libro Caballeros de la luz, de 2004.
   Durante el curso académico 1994-95, el escritor es solicitado en dos centros de enseñanza de la capital aragonesa dentro del programa "Invitación a la lectura", coordinado en Zaragoza por el profesor y escritor Ramón Acín. Dicha actividad la mantiene Ricardo Serna en años sucesivos en algunos institutos de enseñanzas medias, sobre todo en Zaragoza. Papel esencial en estas actividades de fomento de la lectura y de encuentro del escritor con los jóvenes estudiantes, juega el filólogo y profesor aragonés Joaquín Abadía, con el que le une una estrecha amistad desde hace años.
   En 1995, la editorial Riquelme y Vargas, de Jaén, publica
Los Escritores, otro libro de cuentos que no hace sino certificar la soltura y maestría literaria alcanzada por el escritor, que ya empieza a ser reconocido de manera incuestionable en los principales círculos literarios y demás ámbitos culturales.
   Se edita uno de sus cuentos, El hombre desencantado, en
Invitación a la lectura (1985-1995), coordinado por Ramón Acín. Dicho relato pertenece a su libro Los escritores, al que acabamos de hacer referencia.
   Como ya hemos adelantado, en abril Serna presenta una ponencia en el VII Symposium Internacional de Historia de la Masonería Española, que se celebró en Toledo, y que estuvo auspiciado por la Universidad de Castilla-La Mancha y el Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española.
   En julio, el escritor se integra en el curso que, sobre Masonería y religión, tiene lugar en la sede escurialense de la Universidad Complutense de Madrid.
   Asiste luego, en San Sebastián, a otro encuentro de la Universidad del País Vasco que aborda una cuestión similar. Los misterios masónicos parecen atraerle con fuerza de un tiempo a esta parte, y muestra un abierto interés por adentrarse en los vericuetos de la investigación literaria relacionada con el asunto.
   Por esas fechas, el profesor Ferrer Benimeli le ofrece la posibilidad de integrarse en el Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española, institución tutelada por la Universidad de Zaragoza y que él mismo presidía como miembro fundador. Serna ve dicha oportunidad como un privilegio, y aunque se lo piensa por no considerarse merecedor de semejante honor, acepta encantado la propuesta.
   La Dirección Provincial del Ministerio de Educación y Ciencia en Zaragoza, en colaboración con el Centro de las Letras Españolas, del Ministerio de Cultura, edita en abril de 1996
Palabra revelada, coordinado por el escritor oscense Ramón Acín. En él aparece Olga, otro cuento de Ricardo Serna.
   En 1997 se publica un poema suyo, titulado La construcción de la rosa
, en el libro colectivo Poesía. Cien poetas, una experiencia popularista coordinada por el editor Rafael Egido.
   El 21 de noviembre de 1998, se presenta en el Palacio de los Condes de Sástago, en el Coso zaragozano, su libro de ensayo
Masonería y literatura. La Masonería en la novela emblemática de Luis Coloma, editado por la Fundación Universitaria Española, de Madrid. El libro lo prologa su amigo José Antonio Ferrer, quien diserta en el acto acerca de los contenidos del volumen. Interviene primero la profesora Milagros Gallego, glosando con sumo afecto la figura del escritor.
   En el mes de diciembre, asiste al Congreso Internacional sobre el Conde de Aranda y su tiempo, que se desarrolla en su ciudad de residencia.
   Con ocasión de la feria del libro de Zaragoza, se presentaron en 1999 dos poemarios suyos,
Es de piedra el poeta y La construcción de la rosa. Ambos aparecen editados en un solo volumen, bajo el sello prestigioso de la zaragozana Institución Fernando el Católico.
   El jurado calificador del premio de poesía "Santa Isabel Reina de Portugal", otorga una mención honorífica a su obra
www.anónimo.es y recomienda su publicación al Área de Cultura de la Excma. Diputación de Zaragoza.
   El 6 de octubre de 1999, fallece la madre del escritor a los 87 años de edad. Hacía casi una década que se hallaba seriamente enferma, tras haber sufrido varios episodios sucesivos de infarto cerebral. Fue inhumada al día siguiente en el cementerio de Torrero. Son fechas tristes para el escritor, quien siempre tuvo en su madre un punto de cariño incondicional.
   En el 2000, la editorial Combra publica su novela
Los días amargos, de la que será necesario hacer una segunda edición al año siguiente como consecuencia de la buena acogida dispensada por los lectores. La obra recibió críticas estupendas y el público hizo suya la entrega de buena gana.
   Entre los años 1999 y 2001, Serna realiza los cursos del doctorado en la Universidad de Zaragoza, acogiéndose a los programas docentes que a tal efecto había estructurado en su día el Departamento de Literatura Española. Durante dos cursos enteros, Ricardo Serna profundizó con interés en la novela española de posguerra, estudió con hondura la obra y personalidad de las escritoras españolas del siglo XIX, se metió de lleno en el análisis de la obra poética del mítico vate aragonés Miguel Labordeta, indagó en el tema de los medios de comunicación y en su problemática dentro de la sociedad actual, y desarrolló estudios literarios de altura que le llevarían a conseguir, en octubre de 2001, su diplomatura en Estudios Avanzados de Literatura Española, con la calificación media global de sobresaliente.
   El 22 de junio de 2001 se presentó un nuevo libro suyo en el zaragozano Palacio de Sástago. Nos referimos a
www.anónimo.es, un poemario impetuoso y febril escrito en homenaje a la poesía del mitificado y extinto Miguel Labordeta. En el acto participaron como mantenedores Miguel Ángel Gargallo, Presidente de la Comisión de Cultura de la Diputación de Zaragoza, y Antonio Pérez Lasheras, profesor universitario de Literatura Española y prologuista de la obra. En la misma sesión fue presentado a la vez el libro Caminos de regreso, del periodista y poeta Luciano Varea, con el que Ricardo Serna tuvo mucho placer en coincidir.
   También este año, la muy acreditada revista Cuadernos de Aragón, de la Institución Fernando el Católico, publica en su número veintisiete Estética literaria de Pequeñeces, novela del padre Coloma. Un preclaro antecedente de la narrativa conservadora del siglo XX. De este ensayo de Serna se edita igualmente una separata.
   A petición de su amigo el profesor Eloy Fernández Clemente, a la sazón director de la GEA (Gran Enciclopedia de Aragón), Serna confecciona la entrada "Masonería" para el Apéndice IV de la magna obra colectiva, actualizando con dicho trabajo la antigua entrada de la Enciclopedia, escrita en su día por el doctor Ferrer Benimeli.
   En 2002, la revista cultural Rolde le publica, en su número cien, el trabajo titulado Vosotros. La segunda persona del plural en los poemas emblemáticos de Miguel Labordeta
, ensayo académico muy concienzudo y no por ello menos ameno e interesante.
   El 13 de Abril de 2003, se inauguró en La Muela, provincia de Zaragoza, el Museo del Aceite, único en el mundo por su idiosincrasia y actividades. La iniciativa fue de la entonces alcaldesa de la localidad, doña Mª Victoria Pinilla, y la dirección técnica corrió a cargo de don Valentín Valiente, alma mater del proyecto y persona empeñada en sacar adelante tan singular idea. Pues bien, en la entrada, junto a la puerta del museo, se colocó una placa conmemorativa que tiene impresos unos versos de Ricardo Serna, concretamente una estrofa de uno de sus sonetos. Él siempre se ha sentido muy orgulloso por ello.

 

 
   
 
 
 

2004-2008

   El sello editorial Arbalea saca de las prensas, en noviembre de 2004, un nuevo libro de cuentos del escritor aragonés. Lleva por título Caballeros de la luz, volumen de dieciocho relatos escritos, en su mayor parte, durante la década de los noventa. El libro recibió críticas sumamente elogiosas.
   Al cumplirse un año, a mediados de diciembre de 2005, la misma editorial Arbalea lanza al mercado con ilusión una nueva novela de Serna, titulada El laberinto de los goliardos, en la que el autor quiere aproximarse de manera directa, pero a la vez amena, a su obsesión literaria por el tema del tiempo y su alarmante pasar a través de la vida humana.
   Los meses de abril y mayo de 2006 resultan movidos para nuestro escritor. A finales de abril, y por iniciativa de la Asociación Aragonesa de Escritores, Ricardo Serna participa en la I Jornada de Creatividad Literaria, actividad previa a la celebración cultural del Día del Libro. En dicha sesión lee un relato –escrito ese mismo día- titulado El daño de Lisa. En esta experiencia colaboran otros escritores: Míchel Suñén, José Luis Galar, el dramaturgo Alfonso Plou, María Teresa Ezquerra, Roberto Malo, Silvestre Hernández, Carmen Santos, Miguel Ángel Yusta y María Dolores Tolosa, así como Ramón Ruipérez, a la sazón Secretario de la Asociación Aragonesa de Escritores.
   En el mes de mayo, el día 19 para ser exactos, da una conferencia en Calamocha (Teruel) por iniciativa de la Asociación Aragonesa de Escritores y la Diputación General de Aragón, dentro del programa “Primavera literaria” que titula Literatura aragonesa. O algo, y que es seguida con interés por asistentes y medios de comunicación.
   Prologa un libro de la doctora María José Lacalzada, historiadora y profesora, titulado Mujeres en Masonería. Y en colaboración con el editor de la obra, Ginés Morillos, y en compañía de Nieves Bayo y de la autora, presenta el libro de manera oficial en la Fnac de Zaragoza el día 22 de dicho mes.
   Colabora también en algunas tertulias y programas radiofónicos donde es requerida su presencia. Así, el domingo 28 de mayo lo vemos en la emisora de frecuencia modulada RCL Radio, hablando de filosofía y sistemas filosóficos a lo largo de la historia, bien acompañado de Pilar Baquero y Jesús Jaime.
   Y el día primero de junio acude a la Tertulia “El jardín de las palabras” del Café Odeón, junto a José Luis Corral, para disertar acerca de El compromiso del intelectual. Un discurso falaz.
   Tres librerías de su ciudad natal piden su comparecencia para firmar ejemplares de sus obras en la edición 2006 de la Feria del Libro de Zaragoza, en la que participa muy activamente. El sábado 12 de agosto firma también sus obras en la Feria del Libro de Jaca, ciudad pirenaica a la que el escritor acude con frecuencia como un turista más.
   El 22 de enero de 2007, dicta una interesante conferencia titulada La literatura como espejo. Biografía y experiencia en la obra literaria, acto que tiene lugar en la Sala Ámbito Cultural de El Corte Inglés, en Zaragoza, dentro de las actividades patrocinadas por la Asociación Aragonesa de Escritores en colaboración con dicha entidad comercial. Dado que Serna se prodiga poco en actos públicos de este tipo, la expectación fue grande y la afluencia de público resultó ciertamente inusual por lo numerosa e interesada.
   Pocos días después, el 7 de febrero, fallece su padre en Zaragoza a la edad de ochenta y nueve años. El propio autor ordena escribir en la esquela de prensa su visión del padre muerto: “Fue un hombre amable y bueno”, opinión generalizada entre quienes le conocieron.
   Al caer la tarde del miércoles 21 de febrero, en la sala de actos de la Biblioteca de Aragón, presentó un libro del escritor vallisoletano Ignacio Merino, titulado Elogio de la amistad, un ensayo que aborda el tema de la amistad repasando su sentido y significado desde la antigüedad hasta llegar al momento presente.
    Serna, sabedor de que la Casa de Galicia en Madrid, en estrecha colaboración con la Cátedra de Filología Románica de la Universidad Complutense, organizaba un homenaje a la figura del que fuera insigne filólogo, académico de la lengua, gran humanista y meritorio escritor Alonso Zamora Vicente, no quiere dejar pasar la ocasión de expresar su adhesión personal a dicho homenaje, pues don Alonso no sólo fue en vida un erudito e intelectual de primera línea, sino también –y lo que todavía es más importante si cabe para nuestro escritor, y por supuesto más valioso- un hombre de extraordinaria humanidad que por añadidura fue amigo epistolar y maestro suyo, merecedor con creces de este reconocimiento y de cien más que se le rindieran. Por ello, no dudó en enviar enseguida por escrito su adhesión al susodicho homenaje, que tuvo lugar el 14 de marzo en la capital del reino. El final del texto de adhesión, constituía en realidad un rendido reconocimiento a la figura del fallecido académico. Concluía Serna su comunicado de esta guisa: “Como ya escribí en el diario Heraldo de Aragón tras conocer su fallecimiento, siempre llevaré su recuerdo en el corazón. Por amigo sobre todo, y porque echo en falta sus cartas repletas de una infinita capacidad comunicativa. Es evidente que nadie muere del todo si un solo ser humano lo recuerda. Y por fortuna ¨y por justicia también-, somos muchos los que recordamos el genio y la humanidad del maestro que se marchó un mal día al otro lado de las horas¨

    El jueves 27 de marzo de 2008, en el salón de actos de la Biblioteca de Aragón, de Zaragoza, el escritor presenta y modera una sesión literaria en la que se habla y debate sobre la novela Madrugada, del escritor zaragozano Julio Cristellys. La sesión resulta muy animada e interesante, tanto por el concienzudo análisis que realiza Serna de la obra, como por el interés de los asistentes en la mentada y peculiar novela.
    Y al cabo de pocos días, el 7 de abril del mismo año, e igualmente en Zaragoza, Ricardo Serna presentó la entrega poética Casi me mata la vida, de la galardonada escritora argentina Lidia Beatriz Biery, afincada desde hace unos años en la capital del Ebro. El acto tuvo lugar en la sala Ámbito Cultural de El Corte Inglés.
    Al tiempo que modera encuentros y eventos literarios, presenta libros ajenos y prepara los propios, Serna sigue colaborando de manera discontinua en la prensa regional aragonesa y en revistas de historia y de creación. Es un trabajador constante, pletórico de tesón, y creemos que en esa virtud reside uno de los varios secretos de su éxito.
    La mañana del domingo 15 de junio, Ricardo Serna firma ejemplares de sus tres últimas obras en la Feria del Libro de Zaragoza, en la caseta de la Asociación Aragonesa de Escritores.
    Dos días más tarde, el 17 de junio, a las ocho y media de la tarde, en la carpa de actividades de la Feria del Libro de Zaragoza, la escritora Magdalena Lasala presenta oficialmente, en su calidad de directora de la revista, el número 8 de Criaturas Saturnianas. En dicho número aparece publicado un artículo de Serna titulado Novela y ensayo en España en las postrimerías del franquismo (1968-1975), artículo donde repasa el quehacer de los escritores e intelectuales más renombrados durante aquellos conflictivos años finales del régimen.
    El prestigiado grupo dramático Teatro del Temple pide a varios escritores aragoneses textos literarios con los que poder realizar un montaje escénico especial. Serna aporta un fragmento de su relato Mi primera escuela, publicado años atrás. Dicho texto se llevará a escena, seguramente, el 19 de agosto, en el incomparable marco de la Expo-2008. Es la primera vez que se produce un espectáculo teatral con un texto literario de nuestro escritor, y lo cierto es que la experiencia puede resultar de gran interés para todos, incluido el propio autor.
    En el mismo escenario de la Exposición Internacional de Zaragoza, la Asociación Aragonesa de Escritores celebra su V Congreso anual. A él asisten numerosos autores españoles, entre ellos Antonio Gala, que habla públicamente de sus difíciles comienzos literarios como creador. Serna asiste a las sesiones del Congreso y participa con algunos de sus colegas en varias actividades del mismo, que se desarrolla en el pabellón denominado Tribuna del Agua entre los días 20 y 22 del mes de junio.
   El domingo 22, precisamente, y recién clausurado el Congreso de escritores, acude a la emisora RCL Zaragoza, al programa “La llave”, donde es entrevistado por Pilar Baquero y Jesús Jaime. Ricardo Serna anuncia en las ondas la próxima salida de su nuevo libro de ensayos, y habla también como primicia de una novela en ejecución que, probablemente, pueda aparecer en las librerías durante los primeros meses del año 2009.
   Ricardo Serna ha sido, durante muchos años, miembro de la Asociación Colegial de Escritores de España, con sede en Madrid. Ahora lo es de la Asociación Aragonesa de Escritores, más próxima en lo físico a la ciudad donde desarrolla su vocación creativa.
   En la estrategia de este escritor de culto, como algunos lo han calificado sin ambages, cuentan poco las horas de trabajo. Sólo se busca un buen resultado en efectos y en estilo. Una personalísima estética, bien limitada primero en la mente creativa del autor, se plasma luego en las páginas de sus libros a través de argumentos originales que esconden, a su vez, tramoyas y andamiajes de una sólida y atinada manera de concebir y de hacer literatura.
   En Serna se observa la fusión de dos mundos, el de la creación y el de la realidad circundante; dos universos confluyentes que se hacen uno en su persona para solaz de los que nos consideramos lectores atentos de sus libros.