 |
|
|
|
 |

|
|
| |
1954-1963 |
|
| |
1964-1973 |
|
| |
1974-1983 |
|
| |
1984-1993 |
|
| |
1994-2003 |
|
| |
2004-2009 |
|
| |
|
|
| |
|
|
| |
1954-1963
Ricardo Serna nació
el 28 de octubre de 1954, a las ocho y media de la mañana,
en la ciudad de Zaragoza (España), en la clínica
de los doctores Cerrada y Cabderá, ubicada en el
número diecinueve de la calle Mariano Royo, muy
cerca de la Gran Vía.
Sus padres, Ricardo Serna de Montalvo,
natural de La Puebla de Híjar (Teruel), y María
Galindo Lucia, nacida en Herrera de los Navarros (Zaragoza),
se unieron en matrimonio católico el día
15 de julio de 1952, en el altar mayor de la, entonces
parroquia y hoy basílica, de Santa Engracia. Celebró
la ceremonia nupcial monseñor Lorenzo Bereciartúa,
a la sazón obispo auxiliar de Zaragoza y director
espiritual de la novia.
Ricardo recibió el bautismo en
la mentada parroquia, el 2 de noviembre de su año
natal, 1954.
Sus padres, ella funcionaria y él
comerciante autónomo, trabajaban fuera de casa,
razón por la que el pequeño Ricardo hubo
de quedar por las mañanas al cuidado de su abuelo
Tomás, padre de su madre, hasta alcanzar la edad
escolar.
Ingresó como párvulo en el colegio de las
Franciscanas de la calle Andrés Piquer, un centro
de enseñanza femenino con parvulario mixto, y posteriormente
fue matriculado en el colegio masculino La Salle, junto
a la plaza de San Francisco. En dicho
centro estudiará el muchacho hasta concluir el
tercer curso del bachiller elemental. Fueron años
de inconsciencia y de pequeños y difusos recuerdos
que se diluyen entre la neblina engañosa de la
memoria difícil.
Echando la vista atrás, Serna
dice acordarse vagamente de su gran caballo de cartón
-el catatán gane,
como le llamaba él-, o de las manos quijotescas,
alargadas y enflaquecidas de su abuelo Tomás. Incluso
rememora con cierta facilidad algunos momentos, acontecimientos
o vivencias especiales, como el día que montó
sobre la motocicleta de su primo Jordi, el de Barcelona,
su embeleso con el caballo azabache -esta vez de carne
y hueso- de la carbonería de su calle, Bruno Solano,
la suavidad del abrigo de piel de su tía Rosario,
que tanto acariciaba a la menor oportunidad, o los juegos
a médicos y enfermeras en compañía
de su amiguita María Elena, una vecina de su misma
edad que vivía en el piso de al lado.
Era un niño, y como tal vivía
inmerso en su pequeño universo maleable, tan anchuroso
en fantasía, ajeno sin duda a la realidad social
de una España todavía convaleciente de las
secuelas de posguerra.
Su padre, aquejado de reuma articular
inflamatorio, y persona poco paciente ante el dolor físico,
fomentó sin querer en el pequeño Ricardo
una especie de psicosis de inseguridad que, como el mismo
escritor confiesa, tardó años en superar
del todo.
|
|
| |
|
|
| |
|
|
| |
1964-1973
El cuarto año del bachillerato
lo cursa en el internado de Burbáguena (Teruel),
regentado por los Franciscanos. Alejarse de la casa paterna
le costó al chiquillo una memorable llantina.
En aquel colegio conoció la soledad,
se sintió impresionado por ciertas vivencias de
aprendizaje y descubrió a la vez, no sin el consiguiente
sufrimiento, que la vida es preciso vivirla con pasión
y en armonía con uno mismo. O arriesgarse a malvivirla,
en caso contrario.
Hizo algunas amistades valiosas entre
sus compañeros, pero también entre los frailes
y profesores, de los que recuerda con especial cariño
al cocinero del internado, fray Antonio María Soriano,
un hermano lego natural de Valencia, muy joven entonces,
con el que Serna simpatizó desde el primer momento.
El internado turolense dejó en
el chico una huella imperecedera, tanto que son varias
las obras narrativas donde Serna nos describe a posteriori,
en distintos grados de transparencia según los
casos, sus experiencias como alumno de aquel centro de
enseñanza. Menos mal que en el pueblo conoció
pronto a Ignacio y Carmen, un matrimonio sin hijos que
lo apadrinó y le dio apoyo y cariño en aquellas
adversas circunstancias.
Coincidiendo con su estancia en ese
colegio, una hepatitis le obligó a guardar cama
durante tres largos meses por prescripción facultativa,
razón por la que no pudo superar con normalidad
los exámenes y se vio en la necesidad de repetir
el curso entero.
En Burbáguena, sus profesores
descubrieron enseguida sus evidentes dotes literarias,
y lo instaron a presentarse a un certamen escolar de redacción
que patrocinaba todos los años una popular firma
comercial de refrescos, internacionalmente conocida. Fue
así como obtuvo un premio provincial, en representación
de Teruel, en la décima edición del Concurso
Nacional de Redacción. Su trabajo se titulaba La
electricidad. Sería el primer reconocimiento
público de su valía como escritor en ciernes.
Corría el año de 1971
cuando Ricardo dejó atrás el internado y
regresó a la casa paterna, a fin de seguir estudiando
en Zaragoza como alumno libre del instituto Goya. En este
prestigioso liceo superó la reválida y buena
parte de su bachiller superior.
A la vez, sus padres lo matricularon
en la academia Kühnel para que aprendiese contabilidad
y mecanografía, conocimiento -este último-
que siempre agradeció después a la hora
de ponerse ante un teclado alfabético.
Durante el periodo de formación
al que hacemos referencia, Ricardo leyó sin descanso,
sobre todo por las noches. A veces ha dicho que escritores
como Kafka, Nabokov o Torrente, por ejemplo, fueron para
él descubrimientos magníficos de insospechados
horizontes.
Escribía relatos y poemas que
constituyen el primer fruto tangible de su labor creativa.
La lectura -según ha declarado en alguna entrevista-
le supuso el hallazgo de mundos paralelos, a veces subterráneos
y secretos, que habitan en el interior de ciertos seres
humanos, quizá sólo de los más sensibles
y predispuestos.
|
|
| |
|
|
| |
|
|
| |
1974-1983 En
1974, Ricardo Serna es ya un joven esperanzado, lleno
de fuerza y de proyectos, capaz de enfrentarse a retos
de mayor envergadura.
Ese año, a la vez que se dispone
a concluir su bachillerato superior como alumno nocturno
del instituto Ramón de Pignatelli -actual sede
de la Diputación General de Aragón-, ingresa
como soldado voluntario en el cuerpo de aviación
del ejército. Aunque atropellado por sus múltiples
ocupaciones, hace el servicio militar, termina el curso
de orientación universitaria y supera satisfactoriamente
las pruebas de acceso a la universidad, matriculándose
luego en la facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza.
En 1975, a raíz del fallecimiento
del general Francisco Franco, se abre en la sociedad española
un periodo nuevo de convivencia pacífica. El escritor
vivirá de cerca esos primeros avatares de la democracia
naciente.
Los cinco años de carrera fueron
para el escritor fecundos y positivos. No dejó
de crear ni un solo día; y sus lecturas, aun siendo
algo más reposadas y selectivas que en la adolescencia,
seguían haciendo de él un pozo fecundo de
experiencia intelectual.
Desde los dieciocho años, el
joven autor mantiene relaciones afectivas con Laura, una
estudiante poco más joven que él a la que
conoció en un centro de actividades juveniles.
Ella trabajaba y estudiaba al mismo tiempo. Ambos lo ignoraban
entonces, pero sus destinos se iban a cruzar de manera
formal en junio de 1983, cuando contrajeran matrimonio.
El veintisiete de diciembre de 1977,
la Comisión de Festejos del Excmo. Ayuntamiento
de Zaragoza otorga el Primer Premio de Cuentos navideños
a su relato Juan Arcilla, integrado luego,
en 1990, en su libro La noche de
papel.
Durante este periodo, nuestro escritor
no cesa de realizar cursos, participar en congresos y
ampliar saberes.
En 1981 obtiene el Certificado de Aptitud
Pedagógica, que le faculta para acceder oficialmente
a puestos de docencia.
Ese mismo año, bajo la dirección
de Leonardo Romero, catedrático de Literatura de
la facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza,
se integra en un curso de técnicas de investigación
literaria en el que manifiesta un interés y aprovechamiento
verdaderamente encomiables. El curso tuvo lugar en el
Instituto Museo Camón Aznar.
En marzo funda, al lado de varios compañeros
y profesores de la facultad de Letras, el grupo literario
Juan de Moncayo, cuya actividad más señalada
fue la realización de una tertulia, de grata memoria
para él, que se reunía semanalmente en los
bajos del antiguo café Florida -ahora café
Moderno-, sito en el número dos de la zaragozana
calle de Eduardo Dato.
En abril del mismo año, 1981,
se concede el premio "Villa de Ejea" a un cuento
suyo titulado Epístola para Triunfo,
galardón que obtiene de nuevo en 1982 con su relato
El santero que vino de la niebla.
A lo largo del curso académico
1982-83, Serna imparte clases de Lengua y Literatura Española
y de Historia de España en Guadalajara, capital
alcarreña de la que guarda un recuerdo entrañable
y en la que residió un año largo. Reflejo
literario de sus vivencias alcarreñas es su cuento
La fonda caracense,
publicado en el libro Caballeros
de la luz.
Vuelve a su ciudad natal y sigue ampliando
conocimientos en campos tan dispares como la bioantropometría
y la biblioteconomía.
Tras un dilatado noviazgo, el 29 de
junio de 1983 contrae matrimonio católico con la,
también zaragozana, Laura Suso Ruiz. La ceremonia
tiene lugar en el altar mayor de la iglesia parroquial
de la Virgen del Perpetuo Socorro, en la avenida de Goya.
|
|
| |
|
|
| |
|
|
| |
1984-1993
En 1984, vemos a Ricardo
Serna inmerso de nuevo en
la docencia y la escritura. Ejerce como profesor de Lengua
y de Literatura Española, actividad que mantendrá
hasta 1993, aunque con un obligado paréntesis en
1987, forzado -como veremos- por motivos de salud.
En abril de 1984, recibe el premio "Ciudad
de Palencia" de narrativa por su libro Relatos
del insomnio, galardón que llevaba el nombre
de Tomás Salvador en homenaje al ilustre escritor
palentino, personaje al que Serna conoció en el
acto de entrega de la distinción. A su vez, y también
en Palencia, su obra Poemas de la
ortodoxia resultó finalista del premio nacional
"Marciano Zurita" de poesía.
En el verano de 1984, Serna se mueve
lo suyo. Lo vemos primero en un curso de arte contemporáneo
en la Institución Fernando el Católico,
de la Excma. Diputación de Zaragoza.
Asiste a dos citas culturales más:
unas jornadas de archivística celebradas en Huesca,
y un curso de verano de la Universidad del País
Vasco, en San Sebastián, acerca del proceso de
romanización de Hispania.
Mediado el mes de diciembre del mismo
año, 1984, fallece Vicente Aleixandre, premio Nobel
de Literatura en 1977. Y al día siguiente, Serna
publica un sentido poema en su memoria en las páginas
del periódico diario Heraldo de Aragón.
Titula el poema Se marcha la vida. Estos
versos, de urgencia entonces, serán levemente reformados
años más tarde.
En 1985, el escritor parece hallarse
interesado por la heráldica y la genealogía,
participando activamente en un seminario que patrocinó
en su día la cátedra Zurita, de la mentada
Institución Fernando el Católico.
A comienzos del mes de julio, la librería
El Buscón, de Madrid, otorga una mención
de honor al escritor por haber resultado finalista en
el premio "Nicaragua" de cuento. El relato premiado
llevaba por título Ankak ariñak
eta (o el regreso de Begoña Larramendi).
En las postrimerías de julio,
nuestro autor viaja a Segovia, donde asiste a un curso
de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo
acerca de las complicidades de la literatura. El curso
le dio la oportunidad de conocer al insigne escritor José
Jiménez Lozano, al que Serna admiraba desde tiempo
atrás. A su regreso a tierras de Aragón,
aún participó además en un par de
cursos de perfeccionamiento para el profesorado convocados,
en exclusiva para personal docente, por el Instituto de
Ciencias de la Educación de la Universidad aragonesa.
A mediados de agosto obtuvo un accésit en el certamen
de poesía "Ciudad de Benicarló",
convocado por el Ayuntamiento de dicha localidad. La obra
presentada a concurso se titulaba
Trilogía de Thánatos.
El 15 de diciembre de 1985, Serna recibe
notificación de la concesión del premio
"Ciudad de Barbastro" de narrativa. El premio,
que había sido convocado por la Delegación
de Cultura de dicho ayuntamiento oscense bajo el apelativo
de Saturnino López Novoa, en homenaje al decimonónico
e ilustre erudito y obispo de Huesca, se le otorgó
al escritor por su relato Que no cuenten conmigo.
En 1986, Ricardo Serna disfrutó
lo suyo en la Universidad de Salamanca, donde coincidió
con el profesor Bustos en un curso superior de filología
que giró en torno a las bases lingüísticas
del español americano.
En agosto se desplaza hasta Santander,
donde participa en otro seminario acerca de la figura
del ínclito escritor Ramón María
del Valle-Inclán. Allí se pone en contacto
con un grupo de escritores jóvenes de Cantabria
que asisten a las sesiones.
Y concluye el verano, por fin, con un
encuentro académico de profesores de Lengua y Literatura,
acaecido en el campus pamplonés de la Universidad
de Navarra.
La febril actividad cultural de Ricardo
Serna duró hasta que, en enero de 1987, una grave
enfermedad estuvo a punto de costarle la vida. La manifestación
de un carcinoma epidermoide obliga a someterlo con urgencia
a una peligrosa intervención quirúrgica
-una hemiglosectomía- que le iba a dejar secuelas
irreversibles en su integridad física. Recibe tratamiento
posterior en la Clínica Universitaria de Navarra,
en Pamplona, y consigue eludir así el embate de
la parca. Ese año sería, según sus
manifestaciones, el más amargo y terrible de los
que le habían tocado en suerte hasta la fecha.
Tras un periodo de severa rehabilitación,
rechaza la comodidad de una golosa jubilación anticipada
que se le pone en bandeja y prefiere volver a las aulas
con sus alumnos.
Esta experiencia de la enfermedad granó,
al cabo de los años, en su primera novela publicada,
Los días amargos, donde
se narra con absoluto verismo, y sin la menor concesión
sentimental, la peripecia vivida por el autor a raíz
de conocer el diagnóstico de su dolencia.
Ricardo Serna se reincorpora a las aulas,
no sin un considerable esfuerzo, al comienzo del nuevo
curso académico 1987-88, y procura leer y escribir
como lo hacía antes de su enfermedad. Pero su descenso
de actividad se hace patente.
En febrero de 1990 recibe el premio de poesía "Valle
de Oja", convocado en la localidad riojana de Santo
Domingo de la Calzada.
Y en la primavera de 1990, prepara la
edición de su libro de relatos La
noche de papel, de cuya publicación se hicieron
eco en su día los medios. La obra, con sesenta
y seis cuentos breves nada menos, fue bien recibida por
la crítica y el público en general, lo que
animó sin duda al escritor a persistir en el empeño.
Autores e intelectuales de prestigio
como Miguel Delibes, Raúl Guerra Garrido, Carmen
Kurtz, Alonso Zamora Vicente, Soledad Puértolas,
Alberto Gil Novales, Manuel Alvar, Dolores Medio o Pedro
Antonio Urbina, entre otros, contactaron con Serna para
darle su positiva opinión de la obra y de su estilo
literario. Con buena parte de ellos, el escritor aragonés
ha seguido manteniendo contactos epistolares o personales
más o menos frecuentes, en especial con el académico
Zamora Vicente, a quien Serna admira desde que leyera
alguno de sus libros durante su etapa preuniversitaria,
y con la narradora zaragozana Soledad Puértolas,
de la que también es un fidelísimo lector.
Ricardo entró a formar parte,
a finales del año noventa, del equipo de colaboradores
literarios de Rayuela, suplemento de El Periódico
de Aragón, donde compartió espacios
con algunos intelectuales de categoría. Escribió
de libros, dio su opinión sincera acerca de ciertas
novedades editoriales de la época y publicó
trabajos referidos, entre otros autores, a Gonzalo Torrente
Ballester, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez,
Eduardo Alonso, Riera de Leyva, Javier Tomeo, Gregorio
Morales, Lourdes Ortiz o Antonio Colinas, por citar sólo
unos pocos. En Rayuela escribirá hasta
el año 1992.
En la estación estival de 1991,
Ricardo Serna viaja a San Lorenzo de El Escorial a fin
de participar en un curso sobre Francmasonería,
organizado por la Universidad Complutense de Madrid. Allí
conoce más de cerca al historiador oscense José
Antonio Ferrer Benimeli, a la sazón profesor titular
de Historia Moderna y Contemporánea en la Universidad
de Zaragoza. Será a partir de dicho encuentro,
cuando la amistad surja entre ambos y se empiece a consolidar.
Rayuela
se agota como suplemento de El Periódico,
y surge en su lugar La Cultura, donde Serna sigue
firmando artículos hasta diciembre del año
1994.
En julio del año 1992, regresó
de nuevo a El Escorial, pero esta vez para coincidir,
en la sede de la Complutense, con Pedro Laín Entralgo
y Pedro Schwartz, en un interesante encuentro en torno
a la figura de Gregorio Marañón.
Es solicitado como miembro de jurados
en algunos certámenes literarios. Así ocurre,
por ejemplo, en junio de 1993, en el XII Premio de relatos
"Ciudad de Zaragoza", convocado por el Departamento
de Cultura del Excmo. Ayuntamiento. Vivirá también
experiencias similares en años posteriores.
Interviene igualmente por las mismas
fechas en el VI Symposium Internacional de Historia de
la Masonería Española, convocado en su ciudad
natal por el Centro de Estudios Históricos de la
Masonería Española, que dirige el doctor
Ferrer Benimeli. A partir de esta cita, nuestro escritor
acudirá sin falta a todos los simposios organizados
por el Centro de Estudios que dirige el prestigioso historiador
oscense. Por eso lo vemos en Toledo en el verano de 1995,
en Barcelona en diciembre de 1997, en la histórica
Segovia en octubre de 2000, en Leganés (Madrid)
en septiembre de 2003, y en Logroño a principios
de julio de 2006. La recreación histórica
y el ensayo literario pasan a formar parte de sus escritos
habituales.
|
|
| |
|
|
| |
|
|
| |
1994-2003
A
finales de noviembre de 1994, el Área de Acción
Cultural del Ayuntamiento de Zaragoza seleccionó
un relato suyo titulado Jazz como obra
finalista del Premio de Cuentos "Ciudad de Zaragoza".
Dicha narración fue publicada poco después
en un volumen colectivo, Relatos
1994, y recogida posteriormente
en su libro Caballeros de
la luz, de 2004.
Durante el curso académico 1994-95,
el escritor es solicitado en dos centros de enseñanza
de la capital aragonesa dentro del programa "Invitación
a la lectura", coordinado en Zaragoza por el profesor
y escritor Ramón Acín. Dicha actividad la
mantiene Ricardo Serna en años sucesivos en algunos
institutos de enseñanzas medias, sobre todo en
Zaragoza. Papel esencial en estas actividades de fomento
de la lectura y de encuentro del escritor con los jóvenes
estudiantes, juega el filólogo y profesor aragonés
Joaquín Abadía, con el que le une una estrecha
amistad desde hace años.
En 1995, la editorial Riquelme y Vargas,
de Jaén, publica Los
Escritores, otro libro de cuentos
que no hace sino certificar la soltura y maestría
literaria alcanzada por el escritor, que ya empieza a
ser reconocido de manera incuestionable en los principales
círculos literarios y demás ámbitos
culturales.
Se edita uno de sus cuentos, El
hombre desencantado, en Invitación
a la lectura (1985-1995), coordinado
por Ramón Acín. Dicho relato pertenece a
su libro Los escritores,
al que acabamos de hacer referencia.
Como ya hemos adelantado, en abril Serna
presenta una ponencia en el VII Symposium Internacional
de Historia de la Masonería Española, que
se celebró en Toledo, y que estuvo auspiciado por
la Universidad de Castilla-La Mancha y el Centro de Estudios
Históricos de la Masonería Española.
En julio, el escritor se integra en
el curso que, sobre Masonería y religión,
tiene lugar en la sede escurialense de la Universidad
Complutense de Madrid.
Asiste luego, en San Sebastián,
a otro encuentro de la Universidad del País Vasco
que aborda una cuestión similar. Los misterios
masónicos parecen atraerle con fuerza de un tiempo
a esta parte, y muestra un abierto interés por
adentrarse en los vericuetos de la investigación
literaria relacionada con el asunto.
Por esas fechas, el profesor Ferrer
Benimeli le ofrece la posibilidad de integrarse en el
Centro de Estudios Históricos de la Masonería
Española, institución tutelada por la Universidad
de Zaragoza y que él mismo presidía como
miembro fundador. Serna ve dicha oportunidad como un privilegio,
y aunque se lo piensa por no considerarse merecedor de
semejante honor, acepta encantado la propuesta.
La Dirección Provincial del Ministerio
de Educación y Ciencia en Zaragoza, en colaboración
con el Centro de las Letras Españolas, del Ministerio
de Cultura, edita en abril de 1996 Palabra
revelada, coordinado por el
escritor oscense Ramón Acín. En él
aparece Olga, otro cuento de Ricardo
Serna.
En 1997 se publica un poema suyo, titulado
La construcción de la rosa,
en el libro colectivo Poesía.
Cien poetas, una experiencia
popularista coordinada por el editor Rafael Egido.
El 21 de noviembre de 1998, se presenta
en el Palacio de los Condes de Sástago, en el Coso
zaragozano, su libro de ensayo Masonería
y literatura. La Masonería en la novela emblemática
de Luis Coloma, editado por
la Fundación Universitaria Española, de
Madrid. El libro lo prologa su amigo José Antonio
Ferrer, quien diserta en el acto acerca de los contenidos
del volumen. Interviene primero la profesora Milagros
Gallego, glosando con sumo afecto la figura del escritor.
En el mes de diciembre, asiste al Congreso
Internacional sobre el Conde de Aranda y su tiempo, que
se desarrolla en su ciudad de residencia.
Con ocasión de la feria del libro
de Zaragoza, se presentaron en 1999 dos poemarios suyos,
Es de piedra el poeta
y La construcción de
la rosa. Ambos aparecen editados
en un solo volumen, bajo el sello prestigioso de la zaragozana
Institución Fernando el Católico.
El jurado calificador del premio de
poesía "Santa Isabel Reina de Portugal", otorga
una mención honorífica a su obra
www.anónimo.es y recomienda
su publicación al Área de Cultura de la
Excma. Diputación de Zaragoza.
El 6 de octubre de 1999, fallece la
madre del escritor a los 87 años de edad. Hacía
casi una década que se hallaba seriamente enferma,
tras haber sufrido varios episodios sucesivos de infarto
cerebral. Fue inhumada al día siguiente en el cementerio
de Torrero. Son fechas tristes para el escritor, quien
siempre tuvo en su madre un punto de cariño incondicional.
En el 2000, la editorial Combra publica
su novela Los días
amargos, de la que será
necesario hacer una segunda edición al año
siguiente como consecuencia de la buena acogida dispensada
por los lectores. La obra recibió críticas
estupendas y el público hizo suya la entrega de
buena gana.
Entre los años 1999 y 2001, Serna
realiza los cursos del doctorado en la Universidad de
Zaragoza, acogiéndose a los programas docentes
que a tal efecto había estructurado en su día
el Departamento de Literatura Española. Durante
dos cursos enteros, Ricardo Serna profundizó con
interés en la novela española de posguerra,
estudió con hondura la obra y personalidad de las
escritoras españolas del siglo XIX, se metió
de lleno en el análisis de la obra poética
del mítico vate aragonés Miguel Labordeta,
indagó en el tema de los medios de comunicación
y en su problemática dentro de la sociedad actual,
y desarrolló estudios literarios de altura que
le llevarían a conseguir, en octubre de 2001, su
diplomatura en Estudios Avanzados de Literatura Española,
con la calificación media global de sobresaliente.
El 22 de junio de 2001 se presentó
un nuevo libro suyo en el zaragozano Palacio de Sástago.
Nos referimos a www.anónimo.es,
un poemario impetuoso y febril escrito en homenaje a la
poesía del mitificado y extinto Miguel Labordeta.
En el acto participaron como mantenedores Miguel Ángel
Gargallo, Presidente de la Comisión de Cultura
de la Diputación de Zaragoza, y Antonio Pérez
Lasheras, profesor universitario de Literatura Española
y prologuista de la obra. En la misma sesión fue
presentado a la vez el libro Caminos
de regreso, del periodista
y poeta Luciano Varea, con el que Ricardo Serna tuvo mucho
placer en coincidir.
También este año, la muy
acreditada revista Cuadernos de Aragón,
de la Institución Fernando el Católico,
publica en su número veintisiete Estética
literaria de Pequeñeces, novela del padre
Coloma. Un preclaro antecedente de la narrativa conservadora
del siglo XX. De este ensayo de Serna se edita
igualmente una separata.
A petición de su amigo
el profesor Eloy Fernández Clemente, a la sazón
director de la GEA (Gran Enciclopedia de Aragón),
Serna confecciona la entrada "Masonería"
para el Apéndice IV de la magna obra colectiva,
actualizando con dicho trabajo la antigua entrada de la
Enciclopedia, escrita en su día por el doctor Ferrer
Benimeli.
En 2002, la revista cultural Rolde
le publica, en su número cien, el trabajo titulado
Vosotros. La segunda persona
del plural en los poemas emblemáticos de Miguel
Labordeta,
ensayo académico muy concienzudo y no por ello
menos ameno e interesante.
El 13 de Abril de 2003, se inauguró en La
Muela, provincia de Zaragoza, el Museo del Aceite, único
en el mundo por su idiosincrasia y actividades. La iniciativa
fue de la entonces alcaldesa de la localidad, doña
Mª Victoria Pinilla, y la dirección técnica
corrió a cargo de don Valentín Valiente,
alma mater del proyecto y persona empeñada en
sacar adelante tan singular idea. Pues bien, en la entrada,
junto a la puerta del museo, se colocó una placa
conmemorativa que tiene impresos unos versos de Ricardo
Serna, concretamente una estrofa de uno de sus sonetos. Él
siempre se ha sentido muy orgulloso por ello.
|
|
| |
|
|
| |
|
|
| |
2004-2009
El
sello editorial Arbalea saca de las prensas, en noviembre
de 2004, un nuevo libro de cuentos del escritor aragonés.
Lleva por título Caballeros
de la luz, volumen de dieciocho
relatos escritos, en su mayor parte, durante la década
de los noventa. El libro recibió críticas sumamente
elogiosas.
Al cumplirse un año, a mediados
de diciembre de 2005, la misma editorial Arbalea lanza
al mercado con ilusión una nueva novela de Serna, titulada
El laberinto de los goliardos,
en la que el autor quiere aproximarse de manera directa,
pero a la vez amena, a su obsesión literaria por el tema
del tiempo y su alarmante pasar a través de la vida humana.
Los meses de abril y mayo de 2006 resultan
movidos para nuestro escritor. A finales de abril, y por
iniciativa de la Asociación Aragonesa de Escritores,
Ricardo Serna participa en la I Jornada de Creatividad
Literaria, actividad previa a la celebración cultural
del Día del Libro. En dicha sesión lee un
relato –escrito ese mismo día- titulado El
daño de Lisa. En esta experiencia colaboran
otros escritores: Míchel Suñén, José
Luis Galar, el dramaturgo Alfonso Plou, María Teresa
Ezquerra, Roberto Malo, Silvestre Hernández, Carmen
Santos, Miguel Ángel Yusta y María Dolores
Tolosa, así como Ramón Ruipérez,
a la sazón Secretario de la Asociación Aragonesa
de Escritores.
En el mes de mayo, el día 19
para ser exactos, da una conferencia en Calamocha (Teruel)
por iniciativa de la Asociación Aragonesa de Escritores
y la Diputación General de Aragón, dentro
del programa “Primavera literaria” que titula
Literatura aragonesa. O algo, y que es
seguida con interés por asistentes y medios de
comunicación.
Prologa un libro de la doctora María
José Lacalzada, historiadora y profesora, titulado
Mujeres en Masonería. Y en colaboración
con el editor de la obra, Ginés Morillos, y en
compañía de Nieves Bayo y de la autora,
presenta el libro de manera oficial en la Fnac de Zaragoza
el día 22 de dicho mes.
Colabora también en algunas tertulias
y programas radiofónicos donde es requerida su
presencia. Así, el domingo 28 de mayo lo vemos
en la emisora de frecuencia modulada RCL Radio, hablando
de filosofía y sistemas filosóficos a lo
largo de la historia, bien acompañado de Pilar
Baquero y Jesús Jaime.
Y el día primero de junio acude
a la Tertulia “El jardín de las palabras” en el Café
Odeón, junto a José Luis Corral, para disertar
acerca de El compromiso del intelectual. Un discurso
falaz.
Tres librerías de su ciudad natal
piden su comparecencia para firmar ejemplares de sus obras
en la edición 2006 de la Feria del Libro de Zaragoza,
en la que participa muy activamente. El sábado
12 de agosto firma también sus obras en la Feria
del Libro de Jaca, ciudad pirenaica a la que el escritor
acude con frecuencia como un turista más.
El 22 de enero de 2007, dicta una interesante
conferencia titulada La literatura como espejo.
Biografía y experiencia en la obra literaria,
acto que tiene lugar en la Sala Ámbito Cultural
de El Corte Inglés, en Zaragoza, dentro de las
actividades patrocinadas por la Asociación Aragonesa
de Escritores en colaboración con dicha entidad
comercial. Dado que Serna se prodiga poco en actos públicos
de este tipo, la expectación fue grande y la afluencia
de público resultó ciertamente inusual por
lo numerosa e interesada.
Pocos días después, el
7 de febrero, fallece su padre en Zaragoza a la edad de
ochenta y nueve años. El propio autor ordena escribir
en la esquela de prensa su visión del padre muerto:
“Fue un hombre amable y bueno”, opinión
generalizada entre quienes le conocieron.
Al caer la tarde del miércoles
21 de febrero, en la sala de actos de la Biblioteca de
Aragón, presentó un libro del escritor vallisoletano
Ignacio Merino, titulado Elogio de la amistad,
un ensayo que aborda el tema de la amistad repasando su
sentido y significado desde la antigüedad hasta llegar
al momento presente.
Serna, sabedor de que la Casa de Galicia
en Madrid, en estrecha colaboración con la Cátedra
de Filología Románica de la Universidad
Complutense, organizaba un homenaje a la figura del que
fuera insigne filólogo, académico de la
lengua, gran humanista y meritorio escritor Alonso Zamora
Vicente, no quiere dejar pasar la ocasión de expresar
su adhesión personal a dicho homenaje, pues don
Alonso no sólo fue en vida un erudito e intelectual
de primera línea, sino también –y
lo que todavía es más importante si cabe
para nuestro escritor, y por supuesto más valioso-
un hombre de extraordinaria humanidad que por añadidura
fue amigo epistolar y maestro suyo, merecedor con creces
de este reconocimiento y de cien más que se le
rindieran. Por ello, no dudó en enviar enseguida
por escrito su adhesión al susodicho homenaje,
que tuvo lugar el 14 de marzo en la capital del reino.
El final del texto de adhesión, constituía
en realidad un rendido reconocimiento a la figura del
fallecido académico. Concluía Serna su comunicado
de esta guisa: “Como ya escribí en el diario
Heraldo de Aragón tras conocer su fallecimiento,
siempre llevaré su recuerdo en el corazón.
Por amigo sobre todo, y porque echo en falta sus cartas
repletas de una infinita capacidad comunicativa. Es evidente
que nadie muere del todo si un solo ser humano lo recuerda.
Y por fortuna ¨y por justicia también-, somos
muchos los que recordamos el genio y la humanidad del
maestro que se marchó un mal día al otro
lado de las horas¨
El jueves 27 de
marzo de 2008, en el salón de actos de la Biblioteca
de Aragón, de Zaragoza, el escritor presenta y
modera una sesión literaria en la que se habla
y debate sobre la novela Madrugada, del
escritor zaragozano Julio Cristellys. La sesión
resulta muy animada e interesante, tanto por el concienzudo
análisis que realiza Serna de la obra, como por
el interés de los asistentes en la mentada y peculiar
novela.
Y al cabo de pocos días, el
7 de abril del mismo año, e igualmente en Zaragoza,
Ricardo Serna presentó la entrega poética
Casi me mata la vida, de la galardonada
escritora argentina Lidia Beatriz Biery, afincada desde
hace unos años en la capital del Ebro. El acto
tuvo lugar en la sala Ámbito Cultural de El Corte
Inglés.
Al tiempo que modera encuentros y eventos
literarios, presenta libros ajenos y prepara los propios,
Serna sigue colaborando de manera discontinua en la prensa
regional aragonesa y en revistas de historia y de creación.
Es un trabajador constante, pletórico de tesón,
y creemos que en esa virtud reside uno de los varios secretos
de su éxito.
La mañana del domingo 15 de junio, Ricardo Serna firma ejemplares de sus tres últimas obras en la Feria del Libro de Zaragoza, en la caseta de la Asociación Aragonesa de Escritores.
Dos días más tarde, el 17 de junio, a las ocho y media de la tarde, en la carpa de actividades de la Feria del Libro de Zaragoza, la escritora Magdalena Lasala presenta oficialmente, en su calidad de directora de la revista, el número 8 de Criaturas Saturnianas. En dicho número aparece publicado un artículo de Serna titulado Novela y ensayo en España en las postrimerías del franquismo (1968-1975), artículo donde repasa el quehacer de los escritores e intelectuales más renombrados durante aquellos conflictivos años finales del régimen.
En el escenario de la Exposición Internacional de Zaragoza, la Asociación Aragonesa de Escritores celebra su V Congreso anual. A él asisten numerosos autores españoles, entre ellos Antonio Gala, que habla públicamente de sus difíciles comienzos literarios como creador. Serna asiste a las sesiones del Congreso y participa con algunos de sus colegas en varias actividades del mismo, que se desarrolla en el pabellón denominado Tribuna del Agua entre los días 20 y 22 del mes de junio.
El domingo 22, precisamente, y recién clausurado el Congreso de escritores, acude a la emisora RCL Zaragoza, al programa “La llave”, donde es entrevistado por Pilar Baquero y Jesús Jaime. Ricardo Serna anuncia en las ondas la próxima salida de su nuevo libro de ensayos, y habla también como primicia de una novela en ejecución que, probablemente, pueda aparecer en las librerías durante los primeros meses del año 2009.
El prestigiado grupo dramático Teatro del Temple pide a varios escritores aragoneses textos literarios con los que realizar un montaje escénico especial. Serna aporta un fragmento de su relato Mi primera escuela, publicado años atrás. Dicho texto se lleva a las tablas el 19 de agosto, en el incomparable marco de la Expo-2008, concretamente en el escenario del pabellón de Zaragoza. Es la primera vez que se produce un espectáculo teatral con un texto literario de nuestro escritor, y lo cierto es que la experiencia resulta de gran interés para todos, incluido el propio autor. La asistencia de público fue nutrida.
El 17 de septiembre, Serna presentó un nuevo libro de ensayos en Zaragoza. Esta vez se trataba del titulado Estudios masónicos. Cinco ensayos en torno a la Francmasonería. La obra viene avalada por el prestigio de Ediciones Idea. La presentación corrió a cargo del doctor José Antonio Ferrer Benimeli, historiador especialista en Masonería, profesor universitario emérito, presidente del Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española y amigo del escritor. El acto tuvo lugar en la sala Ámbito Cultural de El Corte Inglés, donde se dio cita un gran número de personas interesadas en recibir con calor la nueva publicación. El éxito de la convocatoria fue más que notable.
El 21 de noviembre de este año 2008, el autor es invitado de nuevo a participar como ponente en una sesión de la Tertulia “El jardín de las palabras”, que se ubica en una sala del conocido café Odeón, en la capital zaragozana. La velada tiene por objetivo elucidar si La Filosofía se puede aplicar en la vida cotidiana, o es sólo un reducto para eruditos y universitarios. Interviene también, junto a Ricardo Serna, el sociólogo Manuel López Gascón.
También es protagonista, el día 7 de diciembre, de un programa radiofónico en la emisora RCL Zaragoza, donde ya viene siendo, de un tiempo a esta parte, un asiduo colaborador. En esta ocasión es entrevistado para conocer su opinión sobre el proceso creativo del escritor y todo el universo que engloba el hecho de hacer literatura.
El 21 de diciembre de este mismo año 2008, empieza a colaborar con el periódico digital El Librepensador, fundado hace poco por el escritor Raúl Tristán, quien le ofreció a Serna en su día formar parte del equipo de redactores del diario.
Ricardo Serna ha
sido, durante muchos años, miembro de la Asociación
Colegial de Escritores de España, con sede en Madrid.
Ahora lo es de la Asociación Aragonesa de Escritores,
más próxima en lo físico a la ciudad
donde desarrolla su vocación creativa.
En la estrategia de este escritor de
culto, como algunos lo han calificado sin ambages, cuentan
poco las horas de trabajo. Sólo se busca un buen
resultado en efectos y en estilo. Una personalísima
estética, bien limitada primero en la mente creativa
del autor, se plasma luego en las páginas de sus
libros a través de argumentos originales que esconden,
a su vez, tramoyas y andamiajes de una sólida y
atinada manera de concebir y de hacer literatura.
En Serna se observa la fusión
de dos mundos, el de la creación y el de la realidad
circundante; dos universos confluyentes que se hacen uno
en su persona para solaz de los que nos consideramos lectores
atentos de sus libros.
|
|
| |
|
|
| |
|
|
| |
|
|
|
|
|