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Relatos del insomnio,
Palencia, Colección "Premios Ciudad de
Palencia", Dpto. de Cultura del Excmo. Ayuntamiento,
1984.
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La noche de papel.
Relatos completos, 1968-1987, Zaragoza, Colección
Compás Narrativa, con Prólogo de Guillermo
Fatás, 1990.
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Los escritores, Jaén,
Riquelme y Vargas Ediciones, Col. Libro Amigo, con
Prólogo de Juan Manuel Matés Barco,
1995.
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Masonería y Literatura. La Masonería
en la novela emblemática de Luis Coloma,
Madrid, F.U.E. (Fundación Universitaria Española),
Serie Monografías nº 71, con Prólogo
de José Antonio Ferrer Benimeli, 1998.
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Es de piedra el poeta.
La construcción de la rosa, Zaragoza,
Institución Fernando el Católico y Área
de Cultura de la Excma. Diputación, Colección
San Jorge, vol. 75, con Prólogo de Laura Suso
Ruiz, 1999.
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Los días amargos,
Zaragoza, Editorial Combra, 2000.
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www.anónimo.es,
Zaragoza, Área de Cultura de la Excma. Diputación
Provincial, Col. Veruela nº 5, con Prólogo
de Antonio Pérez Lasheras, 2001.
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Caballeros de la luz, Zaragoza,
Ediciones Arbalea, 2004.
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El laberinto de los goliardos,
Zaragoza, Ediciones Arbalea, 2005.
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Relatos del insomnio,
Palencia, Colección "Premios Ciudad de Palencia",
Dpto. de Cultura del Excmo. Ayuntamiento, 1984
En este primer libro
de Ricardo Serna, publicado en Palencia como consecuencia
directa de un galardón literario, se editan diecisiete
cuentos del autor aragonés, quien escoge una serie
de ficciones en las que argumentos y personajes mantienen
el interés del lector en todo momento. A veces,
lo importante de estas narraciones no es lo que hacen
los protagonistas de lo narrado, sino el lenguaje mismo
con que se describen sus movimientos. Otras, en cambio,
las acciones tienen prioridad frente a la forma literaria,
de tal modo que los personajes se convierten en el alma
de los argumentos y mantienen por sí mismos la
necesaria tensión de la estructura narrativa.
Una parte de estos cuentos, aunque no
todos ni mucho menos, pertenecen a la etapa de aprendizaje
del escritor, en la que Ricardo Serna no ahorra esfuerzos
a la hora de reinventar y experimentar con el lenguaje.
Habría que destacar, de la entrega,
relatos tan conseguidos, redondos y emblemáticos
como El santero que
vino de la niebla, La terraza o el sorprendente
Cataclás, Nada y la estepa de los
muertos, piezas que sin duda dejan huella imperecedera
en la mente de cualquier lector atento.
En la parte final del mismo volumen,
se editó igualmente un relato del escritor palentino
Ángel Blanco Escalona, titulado ¿Me
oyes ahora? Esta edición acoge a los dos
autores ganadores del premio de narrativa "Ciudad
de Palencia" en su edición de 1984.
Los relatos que aparecen en este libro
fueron incorporados años más tarde, en 1990,
a La noche de papel, entrega
que tuvo, sin duda, un eco literario y una difusión
mucho mayores.
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La noche de papel. Relatos completos, 1968-1987,
Zaragoza, Colección Compás Narrativa, con
Prólogo de Guillermo Fatás, 1990.
Con
la edición de los cuentos completos hasta esa fecha
de Ricardo Serna, se logra llevar al gran público
una obra minuciosa, bien hecha y poco difundida aún,
en la que cada pieza es, por sí misma, un ejemplo
de escritura.
La brevedad de los relatos -sesenta
y seis en total-, así como la intrínseca
amenidad genérica de los mismos, hacen de ellos
herramientas útiles para la evasión reflexiva
del lector, quien saldrá -de ese modo- doblemente
beneficiado con la lectura.
A través de un lenguaje cuidado,
escogido, pero no por ello menos natural y espontáneo,
Serna nos incorpora a sus mundos irreales donde nada es
cierto y todo es verdad. En ocasiones, la historia se
convierte en mera excusa literaria, siendo la palabra
protagonista indiscutible del discurso.
"En su colección de cuentos
-escribió Gonzalo Ortega Aragón- hay algunos
antológicos. Domina diversas técnicas y
fórmulas en la narrativa breve y su manejo del
idioma es meticuloso, perfecto".
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Los escritores, Jaén,
Riquelme y Vargas Ediciones, Col. Libro Amigo, con Prólogo
de Juan Manuel Matés Barco, 1995.
Quien
haya seguido con fidelidad la trayectoria de Ricardo Serna
y conozca de antemano sus minuciosas maneras literarias,
no se sorprenderá demasiado ante esta docena cabal
de relatos intensos y de buena factura, escritos con precisión,
lirismo y buen sentido narrativo. Su libro anterior, La
noche de papel, ya obtuvo un
eco sonado. Sus cuentos fueron muy bien acogidos por lectores
y crítica especializada.
"Serna utiliza un lenguaje llano
pero selecto, con una rica adjetivación. Construye
frases de hondo lirismo, cuajadas de imágenes poéticas"
(Mariano García, Heraldo de Aragón).
Se nota un mimo especial en las ambientaciones,
y no duda el escritor en situar a sus personajes en lejanos
y misteriosos escenarios, como Rusia o Albania por ejemplo,
territorios imaginados más que recorridos, lugares
y situaciones que resuelve el zaragozano con finales fascinantes.
Como escribió Romeo, los personajes
de Ricardo Serna son "criaturas normales que reflexionan
como única solución para salvar su soledad"
(Félix Romeo Pescador,
Diario 16 de Aragón).
Resulta interesante por demás
la utilización del lenguaje, muy atinado en sus
diversas variantes expresivas, capaz de adaptarse a la
entidad de los personajes, alcanzando cotas líricas
a veces o descendiendo a caminos prosaicos por los que
llegar, incluso, a indagar con acierto en el difícil
y escabroso territorio de lo confesional.
Escritores tan admirados en el ámbito
literario nacional como Dolores Medio, Soledad Puértolas,
Alonso Zamora Vicente o el mismo Miguel Delibes, entre
otros, han corroborado luego los juicios positivos de
la crítica con sus propias opiniones.
En esta ocasión, Serna incorpora
doce argumentos distintos, unidos por el común
lazo de algunos personajes, casi siempre protagonistas,
ocupados en el noble y antiguo oficio de escribir. Doce
nuevos relatos que no dejarán de asombrarnos por
la visión que nos brindan de algunas facetas ocultas
y humanas del escritor vocacional.
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Masonería y Literatura. La
Masonería en la novela emblemática de Luis
Coloma, Madrid, F.U.E.
(Fundación Universitaria Española), Serie
Monografías nº 71, con Prólogo de José
Antonio Ferrer Benimeli, 1998.
El escritor
estudia en profundidad la Masonería y lo masónico
en la famosa novela Pequeñeces,
publicada en 1890, debida a la pluma del escritor jerezano
Luis Coloma (1851-1911).
Serna profundiza en el argumento de
la novela de Coloma y estudia el valor de los personajes
y demás elementos masónicos que el jesuita
nos presenta en su libro.
Estamos ante un impecable ensayo, escrito
con claridad y una lengua escogida, aunque no por ello
menos grata. Es más original si cabe por el hecho
de que Pequeñeces se
fue convirtiendo con el tiempo en una novela mítica
que, a pesar de su fama, pocos han estudiado con hondura.
Por otra parte, el escritor no se conforma
con el análisis lineal de la novela del padre Coloma,
sino que contempla las influencias que la vida de éste
y la sociedad de su tiempo pudieron ejercer en la ejecución
del polémico relato del sacerdote.
Ricardo Serna, desde su doble faceta
de escritor de culto y de profesor, conoce bien los entresijos
de la creación literaria, y sabe calar con hondura
en los lectores.
El libro viene avalado por una cuidada
edición de la prestigiosa Fundación Universitaria
Española [FUE] de Madrid, y prologado por el doctor
Ferrer Benimeli, eminente especialista en Masonería
española y profesor titular de Historia Contemporánea
en la Universidad de Zaragoza. Mejores padrinos, imposible.
Un libro que nace, como el mismo autor admite, con el
digno propósito de enseñar entreteniendo.
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Es de piedra el poeta. La construcción de la rosa,
Zaragoza, Institución Fernando el Católico
y Área de Cultura de la Excma. Diputación,
Colección San Jorge, vol. 75, con Prólogo
de Laura Suso Ruiz, 1999.
Este
volumen contiene dos poemarios. El primero, titulado
Es de piedra el poeta, no es
sino un homenaje al pasado, encarnado en la figura real
de Consolación Cuesta, una amiga del escritor que
murió en plena juventud, y cuya desaparición
repentina provocó en el autor un auténtica
conmoción interna. Consta el libro de doce poemas
breves que resumen el dolor de la pérdida y el
sabor acre de la muerte que pasa callada.
El segundo libro,
La construcción de la rosa,
recrea, a través de la metáfora, el difícil
y lento proceso de conversión del ser humano en
hombre social y en ser consciente de sí mismo.
Es una senda de pasos perdidos en la que se entremezclan,
como sucede en toda obra humana, amores y consuelos, sonrisas
y pesares, luchas continuas y extrañas contradicciones.
La rosa no es tal rosa, sino la imagen metafórica
del hombre intemporal hecho a costa de esfuerzo, cincelado
pétalo a pétalo con la exquisita paciencia
de quienes, engañados a sabiendas, se piensan grandes
y eternos.
Entre los poemas que conforman la sugerente
y gratísima entrega, vemos algunos caligramas y
un poema acróstico. Son estas las piezas más
llamativas y curiosas del volumen desde el punto de vista
del juego poético, de la poesía contemplada
como estructura y mecano.
Este libro, de cuidada estética
y primorosos textos, indaga en lo más hondo del
sentimiento humano, destapa recuerdos, abre puertas a
la imaginación y a la remembranza, y sobre todo
nos descubre a un escritor que se muestra cercano y testimonial,
sincero y comprometido con su esencia más íntima.
Todo un complejo y sutil universo al alcance de nuestras
manos.
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Los días amargos,
Zaragoza, Editorial Combra, 2000.
Eduardo
Gros, protagonista y narrador omniscio de esta historia,
nos cuenta en primera persona uno de los capítulos
más duros de su peripecia existencial. Se trata,
en definitiva, de una novela autobiográfica en
la que el personaje central relata paso a paso el impensado
y rápido proceso que le lleva, partiendo de la
normalidad cotidiana más rotunda, hasta los crueles
abismos de la enfermedad y los umbrales de la muerte.
El autor se pone al servicio de Eduardo,
personaje central del libro, convirtiéndose éste
en su alter ego. De ese modo, a pesar de que la experiencia
narrada es verídica, el escritor consigue el alejamiento
indispensable para confeccionar un relato literario fluido
y correcto, donde la pasión y crudeza de los argumentos
se matizan con naturalidad gracias al tamiz sutil de la
mejor y más cuidada expresión narrativa.
Eduardo Gros, el protagonista de la
novela, pasa de ser un joven ciudadano normal y corriente,
con su trabajo, proyectos e ilusiones, a sentirse condenado
sin aparente remisión por un cáncer que
le trunca la vida. No logra asumir bien la situación
ni entender los porqués de la misma. Se interroga
inútilmente acerca del sentido de su existencia
y termina por aceptar, a duras penas, que el destino le
ha jugado una mala pasada. Es el combate entre la realidad
y la esperanza, la lucha humana contra las propias limitaciones.
Un relato emocionante y cálido
que nos plantea, sin falsos dramatismos, una situación
límite en la que, mañana mismo, cualquiera
de nosotros podría verse inmerso. Un viaje apasionante
hasta el sentir más hondo del ser humano, un testimonio
valiente enfrentado a la adversidad y un sincero y rotundo
mensaje de esperanza.
Los días
amargos es una novela cruda y amable, tierna y
serena, grave, lírica, llena de emociones, que
no nos dejará nunca indiferentes.
[Este libro es lectura
recomendada por la "Asociación Humanismo y
Progreso" y por la "Asociación Española
contra el Cáncer", por considerar ambas que
los contenidos argumentales del libro son de gran interés
humano y social].
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www.anónimo.es,
Zaragoza,Área
de Cultura de la Excma. Diputación Provincial, Col.
Veruela nº 5, con Prólogo de Antonio Pérez
Lasheras, 2001.
El
título de este peculiar poemario podría
parecernos un mero ejercicio de oportunismo, ya que vivimos
sumidos en plena era expansiva de la informática.
Pero, muy al contrario, semejante epígrafe tiene
su motivación y su razón de ser. No hay
más que comenzar a leer los poemas del libro para
comprenderlo bien.
Contemplamos una obra lírica
que nos traspasa el alma enseguida con su franqueza refrescante.
La palabra del poeta se vuelve nube de tormenta, paloma
veloz o verbo roto, según los momentos expresivos
en que nos situemos. El adjetivo justo, la ruptura de
las normas clásicas de puntuación y el mensaje
explícito de los versos, nos golpea con rotundidad
el intelecto para guiarnos hacia la poesía drástica
de Miguel Labordeta, un mito más que un vate, una
leyenda más que un escritor de carne y hueso. A
Miguel Labordeta homenajea Ricardo Serna a lo largo de
su poemario, un libro de catorce piezas -la última
un soneto redondo- que nos acerca a un periodo muy particular
del trayecto poético del poeta fallecido en agosto
de 1969.
Los textos podremos entenderlos mejor
cuanto más hondamente conozcamos de antemano la
obra labordetiana; pero aun desconociéndola por
completo, los versos de Serna nos trasladarán a
una España del pasado donde palpitaba el dolor
y el sentimiento. Serna quiere hacerse uno con el bardo
de los años grises de posguerra, y huir luego por
el túnel del tiempo hacia esa otra Zaragoza en
la que la monotonía de la vida sólo eran
capaces de romperla los sueños de los orates o
las palabras acres de los poetas nuevos y sensibles. Y
en aquella antigua Zaragoza a la que Ricardo Serna nos
remonta con sus versos, nos encontramos en la primera
esquina con ese Miguel grande y calvo de las tertulias
del café Niké, un hombre niño, un
profesor de ensueños y de espumas.
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Caballeros de la luz,
Zaragoza, Ediciones Arbalea, 2004.
Tenemos entre manos un
libro con dieciocho historias diferentes. Cada una constituye
un particular universo, pero todas ellas en conjunto -al
margen de asuntos y extensiones- se vertebran en torno
a un estilo literario original de trazas clásicas,
con toques ligeros de ironía y humor que agradan
siempre y alivian el peso de ciertos mensajes.
Los argumentos no carecen en ningún
caso de originalidad e interés. Hasta en los cuentos
más breves, o en aquellos en los que lo descriptivo
se apodera relativamente de lo inventado, el asunto aparece
como elemento de soporte estructural.
Se nos cuentan historias verdaderamente
sugerentes y originales, como la del protagonista de Nadie
lleva zapatos en el cielo,
un difunto que nos relata, en clave de humor sardónico,
su muerte y posteriores decepciones familiares. O esa
otra curiosa y bien documentada historia que nos adentra
en la ceremonia de iniciación de un profano en
una logia masónica, pieza impresionante por su
presunto verismo y que, además, da título
al volumen, Caballeros de la luz, donde
el protagonista nos guía en primera persona por
la senda de sus experiencias rituales.
Algunos de los relatos aquí reunidos
contienen un hábil entreverado de hechos y personajes
reales, existentes, veraces, con otros que no lo son en
absoluto. El juego literario y los gozos de la creación
laberíntica, cobran en esta nueva entrega de Ricardo
Serna un especial protagonismo. De esta manera, verdad
y ficción, vida e imaginación, se hacen
objeto literario indivisible y sujeto activo de los cuentos.
Este libro, como tantos otros, se ha
escrito para ser leído sin prisa, saboreando cada
frase, disfrutando morosamente de los mundos arcanos que
el escritor esconde entre líneas, bajo el perfil
inquietante y oscuro de los párrafos que conforman
sus atractivos relatos.
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El laberinto de los goliardos,
Zaragoza, Ediciones Arbalea, 2005.
El laberinto de los goliardos
es, ante todo, una inquietante y deleitosa novela en la
que Ricardo Serna nos presenta un personaje narrador,
Jaime Iturbe, que se fija y dibuja enseguida en la mente
de los lectores como el factótum esencial del relato.
De su mano entraremos con orden en el planteamiento del
asunto.
Iturbe, profesor de enseñanza
secundaria y escritor aficionado al jazz, nos cuenta en
primera persona, a la vez con llaneza y auténtica
pasión de aventurero, una impagable vivencia que
ha cambiado su manera de contemplar la vida y la forma
de ver su propia realidad como ser ubicado en el tiempo.
Un buen día, cansado de la rutina
urbana, Jaime Iturbe decide comprarse una vieja casona
de piedra en Sopeira, singular población pirenaica
en cuyas proximidades se halla el célebre monasterio
románico de Alaón con sus turbadores misterios.
Los conceptos de tiempo y espacio van
a ser los goznes sobre los que gire la tesis de la novela.
El tiempo como irrealidad, la sucesión de los siglos
como simple artificio de la inteligencia.
En un inextricable laberinto de subterráneos y
enigmáticos pasadizos secretos, Jaime Iturbe descubrirá
con asombro que los conceptos que utilizamos para definir
y ordenar el tiempo material – pasado, presente
y futuro- no son en verdad sino meras ilusiones de la
razón práctica.
Al misterio de los argumentos vertebrales
hay que unir el interés de las varias historias
paralelas que se suceden y entrelazan, como por ejemplo
el erotismo que irradia un lance amoroso entre Iturbe
y Susana Alconchel, la joven maestra del pueblo, así
como la belleza formal de las descripciones que pueblan
la novela y la naturalidad de los diálogos, que
se cuelgan con ligereza, elegancia y oportunidad de los
diferentes capítulos.
En definitiva, El laberinto
de los goliardos es una sugestiva narración
que nos inundará los ojos y el cerebro de la magia
inherente a la pluma del autor.
Hallaremos la gratificación
en el argumento, en la historia, pero también -y
desde la primera línea- en la misma lectura de
los textos.
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